Fragmento
de una entrevista de Omar Perdomo y Elena García, 1991.
|
|
|
Su hijo
Sí, en el año 1953 a Fulgencio Batista se le ocurrió
convocar a un congreso de historiadores latinoamericanos por el nacimiento
de Martí. Yo mezclaba a Martí un poco con los llantos de
mi madre -que fue reconcentrada- y con la grandeza del heroísmo
cubano. Mamá me trasmitió su devoción por él.
Por eso, cuando Batista decide convocar al congreso, me sentí indignada,
me di cuenta del ultraje de Batista, que intentaba hablar de la grandeza
de Martí. Entonces decidí que, quizás si yo encontraba
un niño huérfano, absolutamente huérfano, lo adoptaba,
lo criaba, hacía de él un hombre revolucionario y de bien.
Eso me significaba -por lo menos- quince o veinte años de dedicación,
de esfuerzo y de sufrimientos, como es lógico. Y encontré
al niño. Un niño mulato, en la más asqueante de las
creches de La Habana. No necesité papeles ni nada cuando lo encontré.
O sea, que yo pude haber hecho de él un monstruo. Pero de aquella
cosa oscura, de aquellas raíces desconocidas, de aquel mundo poblado
de horrores y de lágrimas que fue su infancia, salió un
hombre bueno.
[1953]
|
|