Acerca de su madre,
cubana de origen catalán, anotó Eliseo:
Doña Bertha Fernández-Cuervo Giberga
Mi madre fue de
joven una linda muchacha de «sociedad» que se enamoró de mi padre según
confesó a mi hija «por lo elegante que lucía en su caballo». Desmintió
así mi padre el son popular cubano según el cual:
«El Rey de España
le dijo a Menocal: "Devuélveme mi caballo que tú no lo sabes montar"».
El Rey era por
supuesto Don Alfonso XIII y el General Mario García Menocal. Lo del
regalo del caballo es cierto.
Su padre, Don Sandalio
Fernán-Cuervo y Cuervo Arango, pertenecía a una linajuda familia de
Cangas de Onís. Estudió para sacerdote y sabía el latín como su propia
lengua. Pero ya a punto de terminar sus estudios comprendió que no tenía
verdadera vocación y abandonó sus estudios. Se hizo abogado.
Su familia decidió
entonces casarlo con una condesita a quien ni quería ni podía querer.
Salió de estampida y no paró hasta la «Siempre Fiel Isla de Cuba».
Hombre de ideas
liberales, decidió cambiar lo de «Fernán-Cuervo» por Fernández-Cuervo.
Lo siento, porque me gusta más el Fernán. Me recuerda algo del Cid.
En lo de las ideas
liberales simpatizaba con su suegro, el médico catalán Don Antonio Giberga.
Por su comportamiento heroico durante una epidemia de cólera en Barcelona
supongo que a mediados del siglo XIX la Reina de España
quiso concederle el título de «conde». Su respuesta, no muy cortés,
fue más o menos esta: «Señora, yo me llamo Don Antonio Giberga y no
necesito otro asidero delante de mi nombre que el Don». De modo que,
como el yerno, vino a parar a la «Siempre fiel».
Así obra el azar.
En cambio mi padre,
que como hemos visto se adelantó a las ideas socialistas más avanzadas,
fue siempre un convencido monárquico.