LA POESÍA EN MÍ

 

 

Yo no sé hasta qué punto tiene validez lo que el poeta pueda decir de su propio verso. El ojo como órgano en actividad, como ejercicio natural, se ignora a sí mismo. Vive sola., mente y es ojo en la medida que cumple su función de instrumento, su destino de darnos la visión de las cosas. y así, ,se cumple en la aprehensión del paisaje, en la captación de la luz y en el contraste de ésta con la sombra. No en vano, en lenguaje castizo, mirar es "catar", beber en luz el mundo circuandante. Como poeta tengo el deber, y el destino de ignorarme. Soy un instrumento, soy caña hueca, que apenas dispone de unos cuantos agujeros para graduar el hálito universal. Dispongo de unos cuantos colores puros o soy un prisma que echa a volar en siete canciones las secretas aves de la luz perfecta. Mi condición de instrumento y mi destino de ignorarme no excluyen la posibilidad de que el espíritu que me rige -para asumir una responsabilidad ante el Cosmos- procure afinar este instrumento hasta lograr darle las más variadas y ricas posibilidades de manifestar en sentido actual. la eternidad de la poesía. Pero esto pertenece ya al. orden de la intención. De facultad y de intención creo que está hecha la poesía.
La poesía en mí no es un oficio ni un beneficio. Es una disciplina humilde, un hecho humano al que no puedo negarme, porque me llama con la más tierna de las voces, con una inconfundible voz suplicante e imperativa a la vez. Como poeta no me siento en modo alguno un ser excepcional y privilegiado. No soy más que un notario de mis propias emociones, y en este sentido hay que redimir esa expresión peyorativa de "notario poeta". Sólo que el poeta que da fe fiel de las emociones de su "yo" es algo más que un notario, es una aguja magnética que se mueve a la menor alteración, que oscila delicadamente para marcar de la manera más precisa y ajustada los más finos y varios matices del sentimiento. Eso quiere decir que ser poeta es vivir en el mundo y en el universo, en el tiempo y en la eternidad. y así el poeta no se queda en esa cosa estrecha y enfática que ha dado hoy en llamarse "ser humano", sino que es además de humano otras muchas cosas que andan por sobre lo humano. O que es humano por añadidura. Más claro aún: el que es capaz de impresionarse ante la fina arquitectura de la rosa ha de serlo de sufrir con más intensidad que otro hombre alguno la injusticia humana o la barbarie de una guerra egoísta. Yo voy' a lo mismo que proclaman )os hombres del énfasis y de la prioridad política, pero por un camino diferente: el camino que me traza mi condición de hombre cristiano y poeta con ansia totalitaria. Creo en Dios como creo en la Poesía, ya los científicos ya los racionalistas les digo que creo en Dios como ellos pueden creer en aquellas cosas que se manifiestan por la prueba, es decir, porque he realizado en mí la experiencia de Dios. Si no viviese sinceramente la catolicidad, creería también en la divinidad de Cristo; porque sé que en cada hombre existe la posibilidad de lo divino.
En nada de lo que he dicho anteriormente existe disquisición ni fuga tangencia!-. Ser poeta comporta una actitud ante las cosas, una responsabilidad en todos los órdenes del vivir y del saber. Ser poeta es tomar antes de escribir una actitud vital. ¿Queréis ahora que precise más mi posición dentro de la poesía? Lo haré en unas pocas" palabras: "No quiero verso que juegue, ni verso que suene; quiero verso sufrido en la propia carne, que ande con pies de corcho, sin excluir los pies de plomo; pero esto último se refiere a la gravidez no a la resonancia."
En poesía la fórmula ideal es el silencio de las raíces; la oscuridad ordenada, tan ordenada que se haga luz a la presencia del tacto. y la inclinada gravidez del fruto maduro. La existencia de estos factores ha de ser primero, deliberada, y luego espontánea, natural.
Domesticar el vocablo hasta que diga aquello que la sensibilidad tiene en la punta de la lengua. Electricidad que ha de escaparse por. las puntas, no tan rápidamente que no pueda aprovecharse en una chispa que sea además la estrella geométrica, un polígono regular trazado matemáticamente.
No fue siempre éste mi sentido de la poesía, ni lo es como cosa definitiva. Existe una marcha que podríamos llamar dialéctica si el vocablo no fuese tan sospechoso de lugar común hegeliano. Es cierto que en mi primer libro Júbilo y fuga hice puros juegos, gráciles arabescos de esos que no tocan al corazón ni tocan de él (véase el "Poema de la ele") .Después de esta etapa de realización jubilosa y de gimnasia intelectual que yo llamaría "los misterios gozosos de mi verso", ha venido una etapa de angustia en la que incluyo los poemas. "De otro modo" y "Elegía sin nombre", etapa que yo conozco íntima- mente por el nombre de "misterios dolorosos de mi poesía". Entre una etapa y otra, posteriormente a Júbilo y fuga y antes de escribir versos de individual angustia humana, hay poemas varios que pueden asimilarse al modo de expresión de Júbilo y fuga; una estación negra de mi poesía, cuyas realizaciones mejores a mi autojuicio son "Elegía de María Belén Chacón" y "Paisaje", incluidos en el Cuaderno de poesía negra. También he escrito poemas infantiles y poemas sociales de servicio. He dicho que el poeta se desconoce a sí mismo y es una aguja que registra y marca la gama de las emociones. De aquí esta variedad y esta aparente contradicción en lo que he producido hasta la fecha. y he hablado del ejercicio humilde de la poesía. Esto quiere decir que en este rosario de mi labor no espero el advenimiento de los "misterios gloriosos". Y basta por hoy, que ya he ofendido bastante al silencio.


 
 
 
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