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No me importa hablar o escribir sobre la
muerte, lo he hecho en varias ocasiones. Como creyente, espero
llegar «sano y salvo» a la otra vida. Y para terminar,
desearía que se me recordara como un hombre «en el
buen sentido de la palabra, bueno», según el verso
de Antonio Machado; y como poeta, si merezco ese nombre, fiel
a mi discreta palabra
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La Hab. 6 de julio 37
Mi querido Eugenio Florit: estos poemas últimos
de usted (las «Canciones»y el «Preludio»)
creo que señalan el oasis a donde veo salir los dos
bellos caminos que usted traía (neoclasicismo y sobrerrealismo
consciente). Es lo lógico.
Para mi, ha encontrado usted su «Reino»(un buen
título para su libro venidero). Ya está usted
consigo mismo: (ahora igual da lo «largo»que
lo «corto» ). Y esto, para mi, es todo
claro poeta.
Juan Ramón Jiménez
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Montevideo, diciembre 1941
A Eugenio Florit, en Cuba
Mi gran poeta: Nunca pude escribirle, hasta ahora. Han sido
casi tres años de muerte para mi. Pero no quiero
que pase esta Navidad sin que usted reciba mi saludo, mi
agradecimiento por el regalo tan precioso de sus libros
magníficos, la seguridad de mi admiración
sin límites, pues lo creo uno (¡y son tan pocos,
quizá no pasen de tres!) de los más grandes
poetas del momento. Dios lo guarde y le agrande su bosque
de laureles. Su fiel amiga muy devota de su poesía.
Juana de lbarbourou
Mi dirección hasta marzo 31 es Comercio, 318. Después,
Rambla Refs. del Perú, núm. 1503, Montevideo.
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Arlington Mass 13 de Julio de 1956
Mi querido Eugenio: Ayer recibí Asonante Final
y esta mañana, muy temprano, me lo leí de
un tirón. ¡Tirón dulcisímo! Tú
también sientes la tentación de la poesía
prosaica: poesía a través de los modos y el
lenguaje más naturales, más espontáneos
hasta cierto punto Y en ese punto está el quid.
Tu libro te retrata, o mejor, te pone ante lector, que se
rinde a tu fantasía, tu gracia, tu sutileza, tu bondad
y tus doctos manejos de poeta veterano. Hay un género
de poesía que me encanta: la poesía deliciosa.
La tuya lo es con otros muchos matices. («El mascarón
de proa...»). Dos «nocturnos»me son particularmente
gratos: «La Noche»y «Radioastronomía».
Pero a veces lo muy corto El «Momento» de «Cuando
no sepas que decir...». Debo saludar también
a «La Compañera». En suma: gracias por
todo. Por ser Eugenio Florit y por escribir la poesía
que expresa a Eugenio Florit.
Dentro de quince días llegaré con mi descendencia
a Middlebury. Se conversará como Dios manda. Un gran
abrazo de
Jorge Guillén
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México, 29-VI-1956
¡Precioso, delicado, estupendo, oro fino y de la
mejor ley! ¡Qué alegría de recibir un
libro como Asonante final, mi queridísimo
Eugenio Florit!
Le felicito con viva emoción. Mi Manuela se une a
mi para manifestarle nuestro buen recuerdo y afecto.
Alfonso Reyes
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Señor Eugenio Florit,
7 Park Ave.
New York 16, USA.
Madrid, 1987
Querido poeta: ¡gran inauguración del otoño!
«Castillo interior» puede ser el título
de toda tu obra. Jules Renard dijo alguna vez: «construí
tan bellos castillos, que con sus ruinas me basta».
Pero el castillo interior teresiano tiene la virtud de no
llegar nunca a ruina, no se gasta ni se disminuye jamás...
Se ve, queda iluminado por ti, el camino a través
de las murallas que alejan al hombre del castillo. Toda
tu obra es una iluminación (en el sentido de la luz
y en el de la página del códice medieval iluminado),
una pelea contra el oscurecimiento y el tenebrismo del Enemigo
del Castillo, que somos nosotros mismos en tanto no hallamos,
no «vemos»la luz. La divisa «lentamente
hacia la luz», «sin descanso hacia el reposo
de la luz», es la cifra, la clave de tu viaje. Habría
que volver de revés el guante de O'Neill, y no decir
«largo viaje de un día hacia la noche»,
sino «largo viaje de una noche hasta alcanzar el Día».
Por algún sitio he citado la gran definición
de Thomas Browne (si, creo recordar que es el autor; ya
mi descomunal memoria de antaño parpadea, lo que
es una bendición, porque no es nada saludable almacenar
vivamente tanto pasado, tanta ceniza), Browne, decia, dijo:
la luz es la sombra de Dios. Leyéndote y releyéndote
se palpa la evidencia.
No me agrada elogiar cara a cara, porque produce al elogiado,
y a mi, una desazón y un sentimiento de incomodidad,
de falsedad, por sincero, que sea el elogio. Pero te digo
simplemente que has hecho muy bien en republicar los «Cuatro
poemas», porque lejos de envejecer, se han remozado,
están intactos. (...)
Tienes razón con la orden imperial y perentoria ¡escribe!
A ti, como a unas pocas personas más, les he hecho
desde siempre grandes cartas mentales, puestas en el correo
de los espiritistas, pero no en el de los carteros. Me pasa
lo que a Nervo: demostró en una conferencia que Colón
era gallego, pero las pruebas que ofrecía eran aportadas
por el espiritismo, y la demostración quedó
en nada; así las cartas mías. Pero jamás
te olvido, como no olvido los cielos, el mar, la luz de
la tierra que sabes, y no he vuelto a verlos, ni creo que
los veré de nuevo jamás. Pero eso no quiere
decir que se les ha dejado de amar y de evocar. A ti no
tengo que explicarte demasiado el viaje del espíritu.
Te va también (y no por venganza a la colombiana
de «si me lees te leo», esa conversación
que publicó Felipe Lázaro, de la nueva generación,
pero de la zona de ella que no nos ve a «los de antes»,
como trastos inservibles, creo. Como diría Martí:
«Hay por ahí tanto jovenzuelo alocado ...»
Te dejo en paz, para que vuelvas a tu casa, al Castillo.
Por generosidad nos entregas las llaves, las claves, para
que entremos de visita si queremos. Es la gentileza de las
gentilezas de Eugenio Florit, hombre de gentileza. ¡Gracias!
gracias, y el cariño personal de tu lector-lector.
Gastón Baquero
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Mi querido Eugenio:
Un abrazo. Hace tres días regresamos de Europa y
encuentro un hermoso regalo: A pesar de todo. Enhorabuena
poeta. No tengo que decirte que he caminado entre tus páginas,
dedicando especial atención a los poemas fechados
después de 1982. Tu palabra ofrece, como toda verdadera
palabra poética y ya conoces mi minuciosidad y poca
o ninguna generosidad crítica, vetas nuevas, acercamientos
distintos.
Vuelves en A pesar de todo, a obligarnos a esa difícil
y en ti conseguida, íntima comunicación: poeta-lector.
Encuentro en general un profundo sentimiento del silencio
y la soledad logrados a través de una delicada sensación
de finitud. Tiempo que pasa, tiempo transcurrido, tiempo.
Idea esta última que tú has trabajado muy
bien (y ya desde hace mucho), concepto en el que hoy dicen
«estrenarse» los mejores poetas jóvenes
de la península. (...)
No quiero dilatar mis líneas pero, no puedo dejar
de subrayar el acierto de «La Poesía»
como broche final del poemario. Tendríamos que vernos
para hablar, como puedes darte cuenta me gusta tu libro.
Una composición ha llamado, de modo muy especial
mi atención: «La noche», logradísima.
Un beso Eugenio, hasta pronto y gracias de nuevo por este
hermoso regalo de primavera. Saludos de Jorge, nuestro afecto
a Conchita, Ricardo y la niña, para ti, como siempre,
lo mejor,
Rosario Hiriart
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