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Salimos antes que
los pájaros
Aquí hubo herbazales
una vez, y flores;
quedan sus miserables, voluntariosas briznas, polvorientos
matojos cubiertos de cemento.
Mis compañeros son mis hermanos ahora y trabajar es
su alegría. Son:
aquel a quien admiro por su intuición de obrero
y ayuda a las deficiencias de mis manos;
el que llaman Simplicio por su ignorante bondad
y es el punching bag en que la vida descargó
su furia;
quien, por cualquier razón o falta de razón, conserva
su pureza: el siempre niño;
el otro aquel que es el más viejo y que para el trabajo
es el más joven; quien simplemente es bueno pues «no
usa su maldad»; y el energúmeno que me hace sufrir,
y los demás.
Hacen su casa
y
construyen una nueva ciudad en donde habrá jardines.
Volvemos
con la silenciosa algarabía de las estrellas.
Ya tendré tiempo de mirar los árboles antes de morir.
(De Haz una casa para
todos, 1986.)
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