Escribir a lo largo de la vida es una manera más de compartir, de abrirse, de extender hacia los demás la existencia propia. Implica, entre otras cosas, una prolongada interlocución. Nunca he perdido la fiebre de leer que adquirí de niño, y he tenido la dicha de escuchar mucho y de aprender a oír; estas han sido ayudas valiosas contra la pedantería y la soledad, enfermedades profesionales que suelen agobiar al que escribe. Mas mi apoyo principal ha estado en vivir mis ideales y andar siempre con ellos encima, como si fueran las llaves de la casa de mi espíritu. De esa manera, siempre he podido entrar en mí, y gozar de una paz indispensable para poder participar sin cansancio en una guerra tan larga. La sal de la vida no ha estado —no está— sin embargo en escribir; está en haber visto —en ver— que lo que uno sueña es posible, porque ya ha existido —existe— en tantos compañeros y compañeras.

“Una manera de compartir”, en: En el horno de los noventa, 1999