BIBLIOGRAFIA
 

Teatro

 

La hija de las flores o Todos están locos

Comedia original en tres actos y en verso
(fragmentos)

Personajes

  • Flora
  • Doña Inés
  • Tomasa, jardinera
  • Beatriz, nodriza de Doña Inés
  • El Conde
  • El Barón, padre de Doña Inés
  • Don Luis
  • Juan, marido de Tomasa
  • Criado 1º
  • Criado 2º
  • criados que no hablan

La escena pasa en una casa de campo de las inmediaciones de Valencia, y a corta distancia del mar. Época para los trajes, siglo presente (XIX), allá por los años 10 al 20.

 

ACTO PRIMERO

Jardín espacioso, con grupos de frondosos rosales y otros arbustos floridos. A la derecha del actor, fachada y puerta de una casa de campo; al fondo, una verja con puerta que da entrada al jardín; detrás de la verja, el campo; delante de la verja, casi en el centro, un poco hacia la izquierda, pero también en el foro, una pequeña glorieta o cenador, cubierto de verdura. Dos bancos de piedra a derecha e izquierda del proscenio, alguna sillas rústicas. Al levantase el telón comienzan a aparecer los albores matinales.

 

ESCENA PRIMERA

Tomasa.. - Juan, saliendo ambos de la casa por la derecha del actor.

Tomasa.. ¡Jesús! si amanece apenas.
¿A qué privarme del sueño
a tales horas?

Juan. ¡Eh, calla;
que es un potro de tormento
la cama con calor tanto.

Tomasa. Para mí no; sin objeto,
Sin motivo madrugar…

Juan. Mujer, según reza el pliego
Recebido ayer, ¿no vienen
De aquesta finca los dueños,
Hoy veintisiete de junio?

Tomasa. ¿Y qué?

Juan. ¡Qué!… seis aposentos
mandan preparar; ¡es nada!
Y hay que tenerles almuerzo
Prevenido y muy temprano.

Tomasa. !Ya! si te tomas a pecho
Lo que no es de tu encumbencia…
Somos aquí jardineros
Nada más.

Juan. Yo no digo
Que no, pero el amo mesmo,
Desque murió el tío Robles
(Que Dios lo tenga en su reino),
De su propio puño y letra
Me escribió en estos conceutos:
"Juan, en tanto que decido
Quién ha de ocupar su puesto
Tú harás en todo y por todo
Las veces del pobre muerto."
De lo dicho acá, dos meses
Van corridos, y de nuevo
Nada ocurrió; con que, ansí,
Soy Mayordomo de hecho.

Tomasa. ¡Pues! ¡oficio sin salario!
Le place al amo, lo creo.
Como te ven un Juan Lanas,
Abusan.

Juan. Que agusen, bueno;
El caso es que yo hablo gordo
Y gozo todo el respeuto
De mayordomo ¡No has visto
Que a mí mismo, a Juan Catueso,
Vuelve a escrebirle nuestro amo
Y con letrones tan gruesos? (Saca un papel)

Tomasa. Dame acá. Con mi jaqueca
De ayer casi no recuerdo
Lo que dice la tal carta.

Juan. Lee y verás.

Tomasa. Sí que leo. (Leyendo)
"Buen Juan, tu antigüedad en mi servicio, y las
otras circunstancias que te recomiendan, merecen
la preferencia que hago de ti, para anunciarte que
mi hija y yo hemos determinado pasar algunas semanas
en esa casa de campo, donde almorzaremos, si Dios quiere,
mañana veintisiete de junio".-

Juan. ¿Ves?

Tomasa. ¡Qué antojo repentino!

Juan. ¡Qué hemos de hacer!… lo tuvieron.

Tomasa. (Que continúa leyendo)
-"Acaso antes que nosotros, llegarán mis amigos
el conde de Mondragón y su sobrino Don Luis…
Con que, ¿también convidados? (Representando).
Pues, señor, yo me divierto.
¡Tanta gente que atender,
Sin más criada que el trastuelo
de Blasa, que es tan inútil,
tan holgazana!…

Juan. Paciencia.
El amo…

Tomasa. El amo es un viejo
Insufrible, estrafalario.
Ha seis años por Adviento,
Que pisó aquellos umbrales
La vez postrera.

Juan. Es muy cierto;
Un día estuvo y no más.

Tomasa. Como es la corte su anhelo,
Allá se fue desde entonces
Hasta hace poco, que ha vuelto
A Valencia, y -según dicen-
Más maniático y más terco
Que nunca.

Juan. Vamos, Tomasa,
Recuerda que el pan comemos
En su casa y no te pongas
A murmurar sus defeutos.
Cada uno cual Dios lo hizo.

Tomasa. De lo que más me sorprendo
Es de que venga la hija.

Juan. Por conocerla me huelgo.

Tomasa. Yo de moza tuve entrada
En aquel semiconvento
De su tía.

Juan. En paz descanse.

Tomasa. Como hay algún parentesco
Entre Beatriz, su nodriza,
Y mi padre, el privilegio
de visitarla alcanzaba.
Y en verdad que era un portento
de hermosura por entonces
Doña Inés; no sé si luego…

Juan. ¡Bah! De aquel tiempo al presente,
Veinte años hay de por medio.

Tomasa. Dime, ¿y vendrá la Beatriz
Con Doña Inés?

Juan. Volveremos a ver la carta. (La saca.)

Tomasa. No, hombre.
Si Beatriz viene, me alegro
Del antojo del barón;
Llegue en buena hora.

Juan. Tu afeuto
Por ella es justo. No hay cosa
Más natural.

Tomasa.(Con ironía). ¡Por supuesto!
¡Como se porta tan bien!…
Ya ves, no rompe el silencio
Que guarda, va para un año;
Y aún hace más no merezco
Que, de memoria en señal,
Me haya mandado un pañuelo,
una cinta, un alfiler…
¡Venga! ¡Venga! Yo prometo
que me ha de hallar una cara,
Que, quiera o no, le de miedo,

Juan. Mujer, pues no haces justicia;
Que a la Beatriz le debemos
El estar doce años hace
En posesión del empleo
Que nos da el pan.

Tomasa. Me parece
Que no estábamos hambrientos
allá en casa del marqués,
Cuidando su hermoso huerto,
Cuando el barón nos llamó
-De la nodriza al empeño-
Para darte plaza igual
A la que dejabas.

Juan. Niego
La igualdá, que gano aquí
El doble, y a más campeo
Por mi respeuto en la casa.

Tomasa. Y a no ser por mis aumentos
¿Hubiera yo a Castellón
Dejado? No, ni por pienso,
El marqués era un buen amo
¡Y qué jardines aquellos!…

Juan. Allá, Tomasa, hizo Dios
Un milagro en favor nuestro;
Pues -a falta de hijos propios-
Nos dio el ángel a quien quiero
Más que a mi alma.

Tomasa. Le hace daño
De ese cariño el exceso.

Juan. ¿Daño?

Tomasa. No poco: tu primo
Que hoy logra ser nada menos
que capitán de un buen buque
Mercante, con más dinero
Que un judío y con más años
Que…

Juan. De eso no hablemos.
¡Mujer! Me tiemblen las carnes,
¡Qué digo carnes? Los guesos,
Al recordar que has querido
Entregarle mi embeleso
A un extraño.

Tomasa. A un viejo rico
Solterón sin heredero,
Y pariente tuyo.

Juan. ¡Calla!

Tomasa. Quiere tener el consuelo
De prohijar a una joven
Honrada…

Juan. Yo no me meto
En lo que él quiera.

Tomasa. ¡Egoísta!
¿No ve tu cariño ciego
Lo mucho que gana Flora
Si, según promete hacerlo,
Tu anciano primo la adopta,
Y cuando muera…

Juan. Acabemos.
¿Quisieras tú que la niña,
Revuelta con marineros,
Corriese por esos mundos,
Siempre al capricho del viento?

Tomasa. A México va Beltrán,
Y ese es su viaje postrero.
Bien sabes piensa fijarse
En aquel tan rico suelo,
Donde ya tiene una casa,
y tierras, y…

Juan. Buen provecho.

Tomasa. Si adopta por hija a Flora
Como anhela…

Juan. No consiento.

Tomasa. Pues le impides su ventura.

Juan. ¡Llevársela allá tan lejos!
¡No quiero, no! ¡Voto a cribas!

Tomasa. Conque ¿no cedes?

Juan. No cedo.

Tomasa. ¿No me das gusto?

Juan. No doy.

Tomasa. ¿Te rebelas?

Juan. Me rebelo.

Tomasa. Saldrá del puerto mañana
La Tisbe.

Juan. ¿Sí? Le deseo
Feliz viaje.

Tomasa. Y por ser tú
Tan obstinado y tan necio,
Pierde la niña un buen padre
Que la deparaba el cielo.

Juan. Sin padres vino a este mundo,
Y se pasará sin ellos.

Tomasa. Corriente, ¡pero cuidado
con la lengua!… Te lo advierto.
No hay que hablar con los señores
De Flora, ni del misterio
De su origen.

Juan. ¿Por qué causa?

Tomasa. Primero, porque lo ordeno.

Juan. ¡Ya!

Tomasa. Segunda, porque a nadie
Le interesa aquel secreto;
Y tercera, porque basta
para callar un suceso,
saber que aunque lo oigan muchos
ninguno habrá de creerlo.

Juan. ¡Eso sí! Que es tan extraña
La cosa…, ¿Pero qué debo
Responder si ven a Flora
y me preguntan?

Tomasa. ¡Mostrenco!
Respondes que es hija tuya,
Y hasta aquí se acaba el cuento.
Además, pueden no verla;
Bien sabes cuál es su genio
y cómo huye de las gentes.

Juan. Las flores son su universo.

Tomasa. Desde que viste aquel traje
Tan rico y tan pintoresco,
Que hace que al verla se rían
Pescadores y labriegos,
Le agrada más andar sola,
Y yo misma apenas puedo
Echarla la vista encima.
¡Oh! ¡no sabes lo que peno
Con la tal niña! Es muy mona
Tiene donaire, despejo,
Buen corazón; más carácter
Tan caprichoso y travieso,
No vi jamás.

Juan. ¡Vida mía!
Me tiene embobado, lelo
¡Es tan relinda!

Tomasa. ¡Y tú eres
Tan padrote!

Juan. Lo confieso.

Tomasa. Me la pierdes con tus mimos,
Y te gastas el dinero
Por adornarla a su antojo.
En fin, pues huéspedes tengo,
Despertaré a los criados.
Lo que es ella, ten por cierto
Que ya no estará en la cama.
Por más que grito y pateo,
No consigo que la aurora
La halle jamás bajo techo.

Juan. Bueno es que madrugue.

Tomasa. En cambio,
Aún estará como un leño
La posma de Blasa.

Juan. Escucha…
Debe haber alguien dispierto;
Me parece que oigo ruido.

Tomasa. Sí que lo hay, mas no es adentro.
¡Juan! Galope de caballos…

Juan. (Acercándose a la verja).
Serán el conde y su deudo…

Tomasa. ¡Ay Dios! ¡tan de madrugada
Se nos vienen!…

Juan. Dicho y hecho.
Se paran ante la verja…
Echan pie a tierra…

Tomasa. Abre presto.

Juan. (Abriendo).
¡Qué guapo mozo es el uno!

Tomasa. El otro tampoco es feo.
Aquí están.

 

FIN DE LA ESCENA I DEL PRIMER ACTO.
…………………..

ACTO TERCERO, ESCENA XII

Conde. - Barón.

Conde. (¡Una flor de lis!)

Barón. ¡Ay, conde!
¡Estoy muerto! ¡Soy perdido!

Conde. Amigo, ¿qué ha sucedido?

Barón. Por mí este duelo responde.
Usted la razón tenía,
Usted dijo la verdad…
¡Que horrenda fatalidad!
¡Qué negra estrella la mía!

Conde. Inés…

Barón. ¡Ay! ¡No queda duda!
¡Ya ha entregado la patente!

Conde. ¿Conque…

Barón. ¡Demente!… ¡demente¡

Conde. ¡Padre infeliz!…

Barón. No está muda
Por desgracia… ¡habló sobrado!

Conde. Y ¿mostró claro…

Barón. ¡A de mí!
¡Si aquello ya es frenesí!
Trémulo salgo, espantado.
Grita que siempre delante
Tiene aquella infausta flor
De lis, que brotó en mal hora..

Conde. ¿De lis?…

Barón. Y se agita y llora.
Mostrando acerbo dolor.

Conde. ¿La flor de lis?… ¡Siempre ella!
¡Siempre esa misma!… Y yo aquí
(Golpeando la frente con su mano)
La tengo también… ¡sí! ¡sí!…
¡La veo encarnada y bella!…
(El barón mira al conde espantado)
¿Cuándo?… ¿dónde?… ¡no lo sé!…
Guardo un recuerdo confuso..
Esa flor… ¿Quién me la puso
Aquí?… Porque está… ¡sí a fé!
(Golpeándose la frente de nuevo)

Barón. (Retrocediendo).
(¡Qué es esto!…)

Conde. ¡Tantos han sido
De aquella edad borrascosa
Los recuerdos!… pero es cosa
Que no ha tragado el olvido
Completamente. -Aunque vaga,
Oscura, aquí la hallo impresa…
Y es esa flor… ¡esa! ¡esa!

Barón. (¡Jesús divino! ¡qué plaga
Nos cae! ¡El conde también!)

Conde. (Cada vez más preocupado).
¿En qué ha jugado esa flor?

Barón. (¡Sólo falto yo, Señor!
¡Piedad de mí! ¡piedad ten!)

Conde. (Acercándose al barón, que huye medroso)

Barón, oiga usted…

Barón. Sí… vuelvo…
(Este debe ser furioso).

Conde. ¡Qué recuerdo tenebroso!

Barón. (Huir de esta casa resuelvo
Sin demora; el maleficio
Ya es patente. ¡Cielos santos!
¡Que yo a menos, entre tantos,
Logre escaparme con juicio!) (Se va corriendo)

ESCENA XIII

Conde. - Luego Inés. - Beatriz.

Conde. Esa flor hizo un papel
En mi vida de mancebo…
Y casi a decir me atrevo
Que debe haber mucha hiel
En esa historia…

Inés. (Dentro). ¡Beatriz,
Déjame!…

Conde. ¡Inés!…

Beatriz. ¡Tente!

Inés. ¡No!
Con Don Luis he de hablar yo.
(Sale Inés a la escena, desmelenada, el rostro desencajado y desordenado e vestido),

Beatriz. ¡Qué vas a hacer, infeliz!

Conde. (Llegándose a Inés)
Señora…

Inés. ¡Ah, conde!… ¿es usted?
Yo buscaba a su sobrino…
Porque decir determino
A él y a todos…

Beatriz. (A Inés en tono suplicante). ¡Por merced!

Inés. No puedo sufrir ya más;
¡Harto he callado por ti!…
El cielo ordena que aquí
Rompa el silencio…

Beatriz. (Bajo a Inés). ¡Jamás!

Conde. (Acercándole una silla).
Sosiéguese usted; yo anhelo
Complacerla en cuanto mande;
Pero su emoción es grande
En este momento.

Inés. (Sentándose toda trémula). ¡Oh, cielo!
¡Si es tan amarga, tan triste
La historia que a contar voy!

Beatriz. (Al conde, bajo).
No está en su acuerdo.

Inés. (Que la oye). Sí estoy.
(Con tono solemne, poniéndose una mano en el pecho).
¡Conde! Aquí un secreto existe.
Cuando la mano otorgué
Al que cual padre le mira,
Puedo decir -sin mentira-
Que lo hice porque no hallé
En mi vida dolorosa
Falta que la desluciera,
Y que a mis ojos me hiciera
Indigna de ser su esposa.
Si no le amaba, ni amor
A él tampoco le pedía,
De su aprecio me creía
Merecedora en mi error

Beatriz. Inés…

Conde. (Desviando a Beatriz).
¡Aparta! -Prosiga
Usted, señora con calma. (Se sienta a su lado).

Inés. Llevaba siempre en el alma
Una memoria enemiga
De mi reposo.

Beatriz. (¡Qué empeño¡)

Inés. (Con agitación creciente).
Y recatarla pensaba
De quien mi padre me daba
Por compañero, por dueño.
De mi inocencia segura,
Un delito no creía
Aquella reserva mía;
Pero Dios, desde su altura,
Lo juzgó de otra manera,
Y aquí dispuso que Luis
¡Dos veces la flor de lis
Ante mi vista ofreciera!

Conde. (Con interés muy vivo)
¡La flor de Lis?…

Inés. En su pecho
La ostentaba esta mañana;
Y esta tarde…

Beatriz. ¡Cesa, insana!

Inés. Esta tarde a mi despecho
Me la presentó el impío,
Como fatídica ofrenda…
¡Oh! La impresión fue tremenda,
Mas comprendí el deber mío

Conde. (Vivamente).
Aquella flor…

Inés. Su atención
Présteme, conde, un momento.

Conde. Hable usted; la escucho atento.
(¿Por qué tiemblas corazón?)

Inés. Desde muy niña vivía
Siempre en retiro profundo,
Y muy ajena del mundo,
En Castellón con mi tía.

Conde. ¿En Castellón?…

Inés. Allá era
Donde el invierno pasaba
Y en donde me fastidiaba
De una vida triste, austera;
Mas en la bella estación
Se calmaban mis pesares.
A cien pasos del Mijares
Una hermosa posesión
Conservó siempre mi tía,
Y durante los calores
Allí - a vivir con las flores,
Que eran la delicia mía -
Acostumbraba llevarme,
Y entonces me contemplaba
Tan dichosa que no hallaba
Con qué poder compararme.

Conde. (Con interés y agitación crecientes).
¡Prosiga usted!

Inés. Del jardín
Yo propia quise cuidar,
Y era todo mi anhelar
Que de uno al otro confín
De la tierra, no existiera
Planta peregrina y rara
Que en mi vergel no se hallara,
Y tributo me rindiera,
Por una, empero, ostentaba
Predilección decidida…
Ponzoña horrible guardaba.
Cuando su primer capullo
Abrió la planta funesta,
Fue día en casa de fiesta,
Y yo - con gozo y orgullo -
En mi cabello hice alarde
Del tesoro que obtenía,
Y a ostentar fui mi ufanía
Por el campo aquella tarde.
(El semblante y los gestos del conde revelan los recuerdos que el relato de Inés despierta en su mente).

Conde. ¿Era una tarde?…

Inés. En el río
Me contemplaba serena,
Cuando de pronto resuena
Cercano un tiro.

Conde. (¡Dios mío!)

Inés. Al margen, puesta de hinojos,
Yo en las aguas me miraba
Y a mi flor acariciaba…

Beatriz. ¡Cesa! (Acercándose).

Inés. Y al alzar los ojos
Asustada por el tiro,
Me hallo frente a un cazador…
¡Luego, al bajarlos, mi flor
Envuelta en las ondas miro!

Conde. ¡Ah! ¡sí!…

Inés. La veo impelida
por la impetuosa corriente,
Y, fascinada, demente,
De un vértigo poseída,
Queriendo asirla, me inclino
Con ímpetu, y caigo al agua…
¡Por tan leves medios fragua
Nuestra desdicha el destino!

Conde. ¡Basta!

Beatriz. ¡Inés!

Inés. No sé nadar…
Por la corriente arrastrada
debí de morir ahogada…
¡Mas no me quiso otorgar
Tan grande ventura Dios!
El mismo que causa fue
De mi susto, caer me ve
Y se arroja de mí en pos,
Logrando en breve sacarme
A la orilla; mas ¡ay! Tanto
Aún era, conde, mi espanto,
Que apenas llegué a mirarme
En tierra, y en el momento
En que él gritó: - ¡Salva estás! -
Ya no pude entender más…
Quedé sin conocimiento.

Conde. (Se cubre la cara con las manos).
¡Oh Dios!

Beatriz. (Bajo a Inés). ¡Hija! ¡por tu honor!

Inés. (Sin atender a lo que dice Beatriz, ni al dolor y a la
vergüenza que manifiesta el conde)
.
Cuando el sentido cobré,
Bajo de un árbol me hallé,
¡Sola!… ¡Sola!
(Se levanta con la mirada extraviada. El conde se levanta también).
Mas la flor
Sobre mi seno veía,
Y en ella estaba grabada,
Y patente a mi mirada,
Línea fatal, que decía:
"Consérvala por recuerdo
De mi rápida ventura…"

Conde. (Como si quisiera huir de sí mismo).
(¡Ah!)

Beatriz. ¡No es cierto! ¡Qué locura!

Inés. (Casi delirante).
¡Y nunca de vista pierdo
Desde tan hórrido instante
Aquel recuerdo infernal!
¡Siempre aquel río fatal
Me lo está echando delamte!
(Como si la viera ante sus ojos).
¡Y gira la flor maldita,
Y veo - entre mis congojas -
Que va ostentando en sus hojas
Mi eterna deshonra escrita!

Conde. ¡Inés! ¡Inés!

Beatriz. ¡Desdichada!

Inés. No la disipa la luz,
Ni de la noche el capuz
Logra dejarla eclipsada.
El huir de ella es vano empeño;
Nada durmiendo consigo…
¡La tengo siempre conmigo
En la vigilia y el sueño!
¡Aquí sus hojas se imprimen, (tocando su frente).
Y cual las guarda mi mente
Las tuvo el fruto inocente
De aquel espantoso crimen!

Conde. ¡Cómo!…

Inés. La niña infeliz
Que un solo beso alcanzó
De su madre, y que murió
En los brazos de Beatriz,
Cual signo de desventura
En su cutis blanco y bello
Sacó al nacer aquel sello
Que llevó a la sepultura!

Conde. ¡Te engañaron, Inés!

Inés. ¡Qué!

Conde. ¡Sí! ¡Te engañaron! ¡No ha muerto!

Inés. ¿Mi hija?…

Conde. ¡Vive!

Inés. ¿Vive?

Beatriz. ¡Cierto!
¡Mas perdón! Yo te engañé,
A tu tía obedeciendo,

Inés. ¡Mi hija vive!

Conde. ¡Y está aquí!
¡Bajo este techo!

Inés. ¡Dios mío!

Conde. ¡Él dispone, justo y pío
Que la recibas de mí!
¡La vas al punto a abrazar!

Inés. ¡Ah!
(El conde va a salir precipitado, y suena en el mismo instante el cañonazo).

Beatriz. ¡Ya es tarde, señor conde!

Inés. ¿Tarde?

Conde. ¿Qué has dicho? ¡Responde!

Beatriz. Que ya nos llega a anunciar
Aquel ronco cañonazo…

Inés. (Con ansiedad creciente).
¿Qué?

Conde. ¿Qué?

Beatriz. Por salvar tu honor
Lo dispuse y con dolor
Ahora, Inés, tus pies abrazo.
(Se echa a los pies de Inés).

Inés. ¿Oh! ¡cada acento me mata!…

Conde. ¡Pronto la verdad pronuncia!

Inés. El cañonazo, ¿qué anuncia?…

Beatriz. Que surca el mar la fragata
Que a la que abrazar deseas
Va a lanzar a playa ignota…

Inés. ¡Cielos! Mi cáliz se agota…
¡Yo expiro!…

Conde. ¡Maldita seas!
(Inés se deja caer en la silla que antes ocupó; el conde acude a sostenerla, rechazando a Beatriz, y pronuncia la maldición que termina la escena).

 

ESCENA XIV

Los mismos.- Barón.- Tomasa.

Barón. (Que entra sofocado).
¡Déjame!

Tomasa. Justicia pido.

Barón. ¡Esto más!

Tomasa. ¡Demanda entablo!

Barón. ¡Que no te llevara el diablo!

Tomasa. Mi hija con Don Luis ha huido.
(A estas palabras de Tomasa, el conde presta atención con movimiento muy vivo).
Al Cabañal la llevaba,
Y él al camino salió
Y osado me la robó.

Conde. ¡Oh, Inés! ¡Al eterno alaba!

Inés. ¿Qué?…(Se pone en pie).

 

ESCENA XV

Los mismos. - Luis. - Flora.

Luis. (Dentro todavía).
No temas; nuestros lazos
eternos son desde ahora. (Entra con Flora).

Conde. ¡Luis!

Luis. ¡Conde! ¡mi esposa es Flora!

Conde. (Arrojándola en brazos de Inés).
¡Ve de tu madre a los brazos!

Inés. ¡Ah!

Luis. ¡Su madre!…

Tomasa. (¡Absorta estoy!)

Flora. ¡Mi madre!

Inés. (Que busca y halla la flor de lis, impresa en el hombro de Flora).
¡La veo!… ¡es ella!
¡La flor!.. ¡Mi hija!… ¡mi hija bella!
(La abraza y la besa con alegría delirante).

Conde. (Desde este instante otro soy).

Flora. ¡Oh!… ¡que gozo!

Luis. ¡Fausta noche!

Barón. (Que está algo desviado del grupo que forman los demás).
(¡Señor! ¿no habrá quien los ate?
¡Todos lo están… de remate!

 

ESCENA XVI
Los mismos. - Juan.

Juan. Llegó el vicario en el coche.

Barón. Para completar la fiesta.
Eso faltaba.

Conde. ¡Que entre!

Barón. ¿Para qué? ¡para que encuentre…

Conde. La capilla está dispuesta

Barón. Pero ¿a quién ha de casar?

Conde. Como obtenga su perdón,
Al Conde de Mondragón
Con Doña Inés de Povar
(Se arrodilla delante de Inés).

Inés. (Retrocediendo y mirando al conde con espanto).
¡Dios!

Conde. ¡Si demanda a tus pies
Un criminal tal ventura,
No por él, por su hija pura,
Acoge su ruego, Inés!

Inés. (Abrazando de nuevo a su hija).
¡Ah!

Barón. (¡Ya pasa de locura!)

Luis. ¿No es sueño?

Inés. ¡Oh, hija querida!
(Inés parece vacilar un momento luego dice).
¡Llega a tu padre!
(El conde se levanta y abraza a Flora).
¡Ah!

Juan. (¿Su padre?…)

Flora. (Entre el conde e Inés, que la acarician).
¿Conque, tengo padre y madre?

Conde. ¡Y esposo, luz de mi vida! (Señalando a Luis).

Barón. (Te darán cuanto les cuadre).

Conde. ¡Hija!.. ¡esposa!…

Juan. (Yo estoy tonto).

Inés. ¡Dios mis pesares compensa!

Barón. Si de aquí no escapo pronto,
El contagio… ¡mas lo afronto!

Flora. (Con emoción).
Aunque es mi ventura inmensa
Por tal familia alcanzar,
¡Padre! ¡madre! El corazón,
Como que siente un pesar…
(Movimiento de inquietud del conde y de Inés).
Porque mis flores, ¿qué son?
¿Qué son, caro Luis, mis flores?…
(A estas palabras de Flora, Juan corre y entra en una pieza, de la que sale con una cesta de flores).

Luis. Disipa, mi bien, tu pena,
Que ellas forman la cadena
de nuestros puros amores.

Juan. ¡Aquí hay una cesta llena!
Para adorno del altar
Esta tarde las cogí;
¡Pero te las riego aquí,
Para vértelas pisar!
(Echa las flores a los pies de Flora).

Flora. (Con entusiasmo).
¡Sí, Juan! ¡espárcelas! ¡sí!
Y que esa alfombra se extienda
¡Oh padre! ¡oh madre querida!
Embalsamando la senda
De vuestra apacible vida.

Conde. ¡Flora!

Luis. ¡Amor!

Inés. ¡Mi dulce prenda!
¡Oh padre! La bendición
Dele a su nieta inocente.
(Los tres se acercan al barón, Flora en el medio).

Conde. Y perdone a un delincuente
En un amigo, Barón.

Barón. (Entre conmovido y asustado).
(¡No sé lo que el alma siente!…)
Perdono con mil amores…
Y bendigo, si eso es poco…

Juan. ¡Viva la hija de las flores!

Flora. (Acariciando al barón).
¡Y su abuelito!

Barón. (Que parece luchar en vano contra el ascendiente de
aquella caricia, y que mira a Flora embelesado)
.
¡Ay, señores!…
¡Me declaro también loco!
(Abraza a Flora y cae el telon).


FIN

 

 

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Redacción editorial: Mercedes Melo/ Diseño: Edgar Sánchez/ Edición web: Ruth Lelyen
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