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(…) sus personajes están
muy lejos del promedio, suelen vivir en la frontera de dos mundos,
en una tensión permanente entre lo que fueron, lo que son
y lo que quieren llegar a ser. De ahí esa ambigua, inquietante
sensación de extrañeza que suelen producirnos sus
historias, como si esos curiosos personajes ?reales o ficticios?
fueran una mezcla sutil de gente común y extraterrestres.
En el caso de la crónicas, la razón está clara:
se trata de obreros que escriben poesía, guajiros que esculpen
portentosos zoológicos en las rocas de las montañas
y, sobre todo, inmigrantes, seres desplazados que intentan arraigar
en el nuevo medio sin renunciar a ciertas señas de identidad,
sostenidas por lo poderes del hábito y la memoria, que son
en definitiva las que les dan sustancia y consistencia. Japoneses
en Isla de Pinos, estadounidenses en Omaja, suecos en Bayate, hindúes,
yucatecos…Sarusky reinventó el periodismo antropológico
para contar esas vidas, experiencias de desarraigos, denuedo y sacrificio
en las que se resume la modesta capacidad del ser humano para explotar
nuevos mundos no por codicia ni por espíritu aventurero,
sino por la irrenunciable aspiración de mejorar la propia
suerte y poder de envejecer en paz. En los textos emblemáticos,
cuyas ediciones abarcan un período de más de dos décadas
–Los fantasmas de Omaja es del 86, La aventura de los suecos
en Cuba, del 99…? se ilustra el fenómeno de las transculturaciones
en su fase embrionaria, como práctica cotidiana, lo que nos
permite imaginar cómo fue cocinándose a fuego lento,
en la olla de los siglos, el ajiaco de nuestra cultura.
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Si excéntrico significa
descentrado, fuera de centro, puede decirse que todos los personajes
de Sarusky, reales e imaginarios, son excéntricos, aunque
no todos reaccionen de la misma manera antes los centros respectivos.
Unos se adaptan, otros no. Huelga añadir que donde mejor
pueden observarse ambos extremos es en Rebelión en la Octava
Casa, cuya protagonista, la astróloga Petronila Ferro, es
sin duda el más excéntrico de todos los personajes
de Sarusky, aunque se trata de una excentricidad grotesca: en efecto,
rodeada de mapas siderales e imperiosos horóscopos, Petronila
se cree centro. Oscar y Agustín son los rebeldes, decididos
a luchar para que los Anselmos de ese mundo deforme recuperen sus
derechos de ciudadanía y, en consecuencia, la posibilidad
de realizar sus sueños. Al mostrar el feo rostro del autoritarismo
y la estulticia, esa explosiva mezcla de ignorancia y prepotencia,
Rebelión en la Octava casa viene a ser, en los anales de
nuestra narrativa, un yo acuso a la plaga dogmática que alguna
vez intentó convertir la ideología en teología,
socavando así las bases de la convivencia entre los revolucionarios.
Lo curioso es que aquellos pontífices eran también
a su manera, pobres tipos que se habían equivocado de mundo,
lo que no los exime de culpa.
…
De Un hombre providencial, su tercera novela, inédita aún,
que acaba de ganar el Premio Alejo Carpentier, apenas sabemos que
se desarrolla en un lugar de Centroamérica, en torno a un
personaje imaginario pero inspirado en uno de carne y hueso, el
tristemente célebre William Walter, ese Lope de Aguirre de
pacotilla que los centroamericanos llaman, por antonomasia, el Filibustero.
Como Petronila Ferro, Walter creyó ser el centro del mundo.
No era más que el instrumento de ciertas oligarquías
imperiales, un simple mercenario con delirio de grandeza. En el
conjunto de la obra saruskiana, este simulacro de novela histórica
inaugura una nueva etapa. De ahí que algunos se pregunten:
¿y ahora, qué?
Ambrosio Fornet
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