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Jaime Sarusky (…) ha regalado a la literatura cubana, a la imagen de estos años, algunos personajes tan hermosamente disparatados como Petronila Ferro de Rebelión en la Octava Casa, personaje que amé tanto que lo hice mío y los trasladé a mi primera novela, lo puse a caminar por mis páginas para que recibieran algo de su extraviada poesía.
(…) entre sus acciones reales pero novelescas estaba un personaje de realidad pretérita, aunque retocado, William Walter. Se iba armando desde la mirada de los otros, crecía y se imponía en su desmande interesado, seductor y antipático, en sus pequeñeces y en sus grandezas. Solamente un aspecto delataba al autor junto al personaje: en la vida de William Walker se bebía tanto whisky que uno no sabría distinguir si era la vida de William o la de Johnny. Esta novela, Un hombre providencial, nos entregaba una apasionante versión de la vida de un caballero de fortuna y nos devolvía a otro caballero, el Jaime Sarusky de la “literatura”, la ficción, la sabia mentira del escrito.

Al leer esta novela de Jaime Sarusky, no pude desprenderme de enseñanzas y accidentes de las dos anteriores. Y tuve un panorama zigzagueante: de La búsqueda (1961), donde mostró experiencias propias y generacionales, pasando por Rebelión en la octava casa (1967), donde reunió el fatum y la acción, la toma de conciencia y la tragedia colectiva que no atenúan los vaticinios de los astros, para llegar al desgarramiento de lo histórico actuante —por sus protagonistas o a pesar de ellos— y a la expresión coral, es decir, el panorama y sus gestores vistos desde diferentes ángulos.
En esta novela, donde no falta la suma de historias que toda novela que se respete contiene, está el reflejo de la historia real entretejida a la que Jaime Sarusky ha querido mostrarnos, la suya, su interpretación, su versión de los hechos obliterados por los que, una vez armado de la información, le han venido a la mente. Narra los combates no como quien observa la acción, sino como quien la vive, quien acciona el arma y arriesga el cuerpo. Y por momentos, ensaya el distanciamiento.
Reynaldo Gónzalez