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OBRA  
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LÁGRIMAS

 

Agosto 25/50

Los domingos-ah los domingos! Cómo me regateaba ella hasta los minutos, pues según decía el domingo era suyo y todo no había de ser para el colegio (…)


31

¡Es posible, hija mía, que tú que eras la fuente de tantos bienes para nosotros, seas, con tu muerte, ocasión de tanto mal, tú la inocente, la inmaculada por esencia, cómo es sobre todo, el estado en que se halla tu madre, que parte más el alma en su actual como distracción e indiferencia absoluta-!(…)


Sept. 4/50

¡Cuán abrumado estoy de quehaceres! Bien se conoce en lo poco que te escribo, hijita de mi corazón. Si vieras el de papaíto como ha quedado-yo soy el verdadero huérfano-. (…) Sólo los deberes y el cansancio me estorbarían estar constantemente derramando mi pecho sobre ti. (…)

Sept. 5/50

Nunca como hoy, hija de mis entrañas, me ha sucedido llegar al medio día, sin dedicarte siquiera un suspiro; aunque no cesa de lanzarlos en silencio mi corazón. Tal es el cúmulo de ocupaciones, que me veo obligado a multiplicarme. Tan pronto supliendo una clase por un profesor como acudiendo a la cama de un enfermo: ora trazando un arreglo, ora haciendo apuntes económicos o encargos o mandando hacer una limpia-o vigilando clases-y a los vigilantes, etc. ¡Qué tráfago! (…)

Tu madre, tu madre, hija de mi alma, no se resigna a haberte perdido. Echará antes la culpa hasta a las paredes: pues ya en su dolor sin igual y sin límites le echa a los ausentes -a los relacionados -a los … no hay forma de resignarse. Sólo Dios puede obrar este milagro.


11 a la 1

(…) –Desde las 3 y media de la mañana dedicado al colegio-y hoy con cuatro clases y enfermo, sobre las atenciones ordinarias -y delicado aún José Ma.- ¿cómo había de hallar el momento? Si pudiera escribir- si la vista me lo permitiera a la luz artificial? cuánto espacio no pudiera consagrarte en las insomnes madrugadas que por ti paso, alma de mi vida? Pues mi sueño, ya escaso en tu vida (cuatro horas), con tu muerte, hija mía, cuando más llega a tres y muchas veces no paso de dos-Ahora lanza tu madre un alarido prolongadísimo, que penetra hasta la médula de los huesos, y que ablanda las piedras.


15 a las 12

Hoy a pesar de ser domingo, que te pertenece de derecho, hija cada vez más sentida y amada y extrañada (no puedo consolarme!) no he podido hasta este momento escribirte. La caída de tu madre de la cama, por haber perdido el hábito de levantarse, la visita de tu maestro, mi buen Carbonaj, la ida al colegio (…) todo ello justo me ha ocupado sin querer hasta ahora (…)


26

¡No es posible olvidarte un momento, alma de mis entrañas! Díganlo singularmente las madrugadas y dígalo que en el instante que respiro de las ocupaciones, aunque no me dejen respirar, y aunque me traspasan el alma estos renglones, tomo la pluma para hablar de ti y contigo (…) Ni me consuelo, ni quiero, ni puedo.


29

(…) Te acuerdas, ¡hija de mis entrañas! De todos los nombres que te daba tu padre.- Como que eras todo para él; su mundo-su descanso-su refrigerio-mi chiquitica-la mujercita-mi hijita mi …

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Redacción editorial: Julio Tang     Diseño: Yalier Pérez
Corrección editorial: Ruth Lelyen y Nora Lelyen
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