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Algo
menos de treinta y seis años tenía
Heredia al morir. En ese corto espacio, en que muchos
hombres apenas si han comenzado la vida, fue "abogado,
soldado, viajero, profesor de lenguas, diplomático,
periodista, magistrado, historiador, y poeta",
además de conspirador, tribuno, diputado,
tipógrafo, y escribió, numerosas poesías,
obras de teatro, de historia, informes jurídicos,
redactó periódicos, y por sobre todo
eso sirvió siempre con dignidad y con sacrificio.
Heredia nació en Santiago de Cuba el 31 de
diciembre de 1803, de donde salió a los dos
años con su familia hacia Penzacola, por
haber sido nombrado su padre Asesor de la Intendencia
de la Florida Occidental, que era aún posesión
de España. En Panzacola fue iniciado en las
primeras letras por su padre y aprendió con
tal interés que a los tres años sabía
leer y escribir. A los siete ya era "apto para
estudiar facultades mayores". El padre, doctor
en ambos derechos, hombre ilustrado, latinista profundo,
le había enseñado con sus lecciones
y con su ejemplo a ser honrado y a vivir con austeridad.
El hogar fue su única escuela, de costumbres
y de saber.
Nombrado el padre Oidor (magistrado) de la Audiencia
de Caracas estuvo el niño seis meses en La
Habana y dos años en Santo Domingo hasta
que la familia pudo reunirse toda en Venezuela.
Fue en los años de 1812 a 1817, de los más
terribles de la guerra de independencia americana.
Pasaron, en derrotas y triunfos, Francisco de Miranda
y Simón Bolívar, y entre los realistas,
Boves, Miyares, Morillo, Monteverde.
Las luchas de Caracas lanzaron al Oidor Heredia
hasta México en cuya Audiencia ocupó
el cargo de Alcalde del Crimen (juez de instrucción).
Por intrigas y delaciones de sus enemigos, que eran
los sanguinarios militares de la reconquista, sufrió
ese descenso en su carrera judicial, que al fin
lo llevó a la muerte joven y en plena producción
literaria. Dejó inéditas la "Historia
del descubrimiento y conquista de la América"
en cuatro tomos, "Del gobierno de la España
ultramarina" en dos tomos, y la "Historia
filosófica de la revolución de Venezuela".
Esta última, publicada mucho después,
a fines del siglo, prueba sin quererlo la justicia
de los rebeldes americanos.
La familia Heredia se trasladó a Cuba, ya
desaparecido el padre. El año 1821 se recibió
de bachiller en leyes y en 1823 fue admitido como
abogado en la Audiencia de Camagüey. Ese mismo
año intervino, como miembro de los Caballeros
Racionales, en la Conspiración de los Soles
y Rayos de Bolívar.
Este es el inicio de su gloria, de su inmortalidad.
Huyó de los servidores del capitán
general Vives y llegó a los Estados Unidos
a disfrutar por primera vez de la democracia y a
contraer la tuberculosis que destruyó su
vida diez y seis años después.
En el exilio escribió la oda al Niágara,
junto a la enorme y rugiente catarata, y allí
supo algún tiempo más tarde que había
sido condenado a destierro, lo que impedía
su regreso a Cuba. Entonces, ya publicada en Nueva
York la primera edición de sus poesías
que le había dado fama continental, aceptó
la oferta del Presidente mexicano Guadalupe Victoria
y volvió a México, para ser allí,
como dijo él, juez, magistrado, periodista,
político, tribuno, guerrero, tipógrafo,
maestro, historiador, jurisperito, y morir en aquella
tierra, después de una corta permanencia
en Cuba al lado de su madre. La tuberculosis lo
venció el 7 de mayo de 1839.
Tomado de
Heredia
Apuntes para un estudio sobre su vida y su obra
(Trabajo leído en el acto público
que organizado por el Departamento de Cultura del
Municipio, se celebro en el Anfiteatro Nacional
en la noche del 12 de mayo de 1939 |
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