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José Zacarías TalletLo pasado

The past, the infinite greatness of
the past!
For, What is the present after all,
but a growth of the past?

(WALT WHITMAN)

Sólo aquellos que durante incontables novilunios han temido a la muerte y experimentan el cansancio de tanta luz, son capaces de vivir exclusivamente de lo pasado, vale decir, no más que de los recuerdos. Para los que aún aman apasionadamente la vida y creen en lo por venir y sienten hondos anhelos de insenescencia, lo presente, que Goethe llamó «potente diosa», prima con fuerza irresistible sobre lo pretérito.

Mas esto no quiere decir que haya de renegarse de lo pasado si estuvo pleno de dulcedumbre, sabiduría y experiencias inolvidables. Antes, al contrario, ese pasado es consubstancial con el propio ser actual, parte integrante e inseparable de una personalidad de cuya formación ha sido factor primordial. Es, como dijo bien Oscar Wilde «la única cosa mediante la cual puede juzgársenos». Es garantía de lo futuro, «el mejor profeta de lo por venir», según John Sherman.

Querer anularlo, pretender que se olvide, es insensatez insigne; es exacerbar su vigencia y convertir su espectro en lo siempre alerta que disputa a lo presente su hegemonía.

La lucha contra lo pasado ajeno es locura, es suscitar un conflicto que a la postre desemboca indefectiblemente en desvío, en aversión, si no en odio irreconciliable al agresor. Es como pretender por la fuerza abolir la tradición de un pueblo, que vale tanto como invitarlo a pagarse de ella hasta el fanatismo. Tener que abominar de un pasado honroso en aras de un presente es renegar de un progenitor, proceso que al cabo termina con la revocación de ese presente y su posible sustitución con otro, pues como «lo pasado pertenece a Dios y sólo es nuestro lo presente» somos un poco su dueño, su arquitecto, en tanto no ocurre así con lo pasado que en veces nos domina a nosotros ya que —y estas son palabras que Aristóteles pone en boca de Agathón— «de un solo poder está privado Dios mismo, y es de la facultad de hacer que lo pasado nunca haya ocurrido». Y si el «Todopoderoso» es impotente contra lo pasado, ¿qué ha de valer contra él la voluntad de los humanos?

Sin rabiatarnos a los extremos pronunciamientos de dos poetas cuando afirman respectivamente que «cualquiera tiempo pasado, fue mejor» y «no hay tiempo mejor que el presente», confesamos que sin lo pasado no seríamos lo que somos en la hora de ahora, la cual, en opinión de Samuel Johnson «es lo único nuestro». Es fuerza, pues, respetar y venerar ese pasado como hace un pueblo con su historia, esto es, su vida misma; máxime resultando de todo punto de vista imposible sustraerse a él, variarlo o pretender que fue otra cosa distinta si, como afirmó un tercer poeta, «los días pasados fueron lo que debieron ser». «Prólogo», lo llamó Shakespeare; prólogo sí, introducción de lo presente, como este, que mañana será pasado, lo es de lo futuro.

Aunque hay quienes quieren que no se pierda el corto tiempo presente en recordar lo pasado, es preciso admitir que las palabras recuerdo, recordar, poseen una atracción, un prestigio enormes, por las implicaciones de placer y pesar que contienen; porque si «nada hay más triste que el recuerdo del placer en la desgracia», esa tristeza subyuga y no queremos las más de las veces trocarla por el olvido, aunque en momentos de desesperación, cuando el dolor es lancinante, busquemos en dondequiera su clave. Mas, si lo presente nos proporciona una dicha, una satisfacción igual que la perdida, sustitutiva y no suplantadora de ella y de ella respetuosa, su imperativo incontrolable irá con su fuerza esfumando lo pasado hasta trocarlo de historia en leyenda y formando con ésta nuestra personalidad futura. Empecinarse en otra cosa es mantener lo pasado en carne viva y esterilizar todas las posibilidades de lo presente.

Carpe diem, digamos con Horacio, «gocemos de lo presente», pero repitiendo las palabras de Walt Whitman que encabezan estas líneas deslavazadas:

¡El pasado, la grandeza infinita del pasado!
Porque, después de todo, ¿qué es el presente
sino retoño del pasado?


Redacción Editorial: José Antonio Michelena Corrección editorial: Nora Lelyen Diseño Web: Alejandro Jiménez Créditos...