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Diario del primer viaje a México*
(1 de abril-21 de junio de 1920)
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Julio Antonio Mella


Diario del primer viaje a México*
(1 de abril-21 de junio de 1920)


[5 de abril de 1920]

En la noche de ayer, como ya llegamos a Progreso, me dieron camarote de primera, cual corresponde a mi pasaje. Ya no sufriré el frío de noches pasadas, cuando dormía en incómodo sillón, sobre cubierta.
Sopla el mismo agrio viento norte; el vapor partió en la madrugada, a pequeña velocidad, pues casi es huracán el viento que ruge, el viento con quien yo celebré esa inolvidable conferencia en el castillo de proa. A la mar también arengué.
¡Oh, noche sublime!


[6 y 7 de abril]

Ya se ve el faro de Veracruz. ¡Qué baile infernal trae el vapor! Y yo no me mareo, porque no quiero. ¡Oh, poder grandioso de la voluntad! Llevando el espíritu hacia mis locuras, ni siquiera me puedo dar cuenta de que existe esta enfermedad.
Le he escrito cuatro cartas a Silvia. Se pondrá muy contenta cuando las reciba.
Gané 36 dólares en el vapor. Me vienen bien.
Hoy desembarcamos, pero me hallo más solo y desamparado que el vapor la noche anterior a merced de las olas.
¡Miento! No estoy solo ni desamparado. Soy fuerte de alma y cuerpo, sé lo que valgo y esto vale mucho. Yo triunfaré sin ayuda de nadie. ¡Qué delicioso es esto!


[8 y 9 de abril]

Hoy, a las seis y cuarto de la mañana, tomé el tren para México. Llegué a la ciudad a las nueve y media de la noche.
Un buen viaje por un país montañoso, de panoramas grandiosamente bellos y que me probaron que jamás un invasor podrá dominar este bravo pueblo, al cual pertenezco desde hoy, al pueblo hermano del cubano, con quien lo espero ver estrechamente unido muy pronto.
Primer día en la capital. Es grandiosa, lástima que la envuelva tanta miseria. El ejército no tiene disciplina. Es lástima, mas ya le llegará su hora, y junto con los otros latinos, será el primero del mundo.
Recorrí la ciudad. Vi Chapultepec. Es hermosísimo, grandioso y poético. Vi las principales avenidas y palacios. Es una gran ciudad y puede llegar a ser una inigualable ciudad.


[10 de abril]

Nunca me gustó hacer lo que hoy hice, pero fue por complacer a unos amigos y por correr aventuras.
Mucho dinero botado, cosa esta que no me importa. Mas no me divertí nada. El amor comprado no sé como puede agradar a muchos. A mí me asquea, me da náuseas.
Es verdad que el hombre necesita de la carne para vivir, pues no solamente hay que darle placeres al espíritu, pero ¡Oh hasta en esto interviene algo inmaterial, sublime, cuando es el AMOR el único móvil!
Para quedar contento de mí mismo, hube de leer a Rubén Darío, el poeta de «Carne, ¡Oh, celeste carne de la mujer!»


[11 de abril]

Hoy, domingo, me pasé las horas en mi cuarto escribiendo diez cartas y leyendo los papeles de Silvia.
¡Qué carta más sublime le escribí hoy!
Cayó Estrada Cabrera, se formó el Partido Unionista de Centroamérica. Me felicito. Es un paso más hacia la realización de mi ideal. ¡Viva la Confederación de Colón!

Tarde me levanté. No hice casi nada. Le puse un cable a Silvia. ¡Oh, qué duro es no saber de ella!
Por la tarde estuve remando en Chapultepec.
Triste estuve, pues solo pensaba en lo feliz que sería con ella a mi lado, en esta puesta de sol, cuyos tintes morados me recuerdan sus ojeras grandes y misteriosas.


[12 y 13 de abril]

Hoy visité el Colegio Militar de San Jacinto. Mucho me gustó, pero no es posible que yo entre. Ya veremos esto.
También estuve en la Secretaría de Relaciones Exteriores, y a la noche veré a López Malo. Mañana entrevistaré al Ministro de la Guerra. ¡Mañana se decide si entro al Colegio Militar! El triunfo o la retirada. Nunca la derrota. Tengo fe.

Visité al Ministro de la Guerra. ¡Maldito sea mi destino adverso! El capitán López Malo, que debería presentarme, se encontraba arrestado. Y el Ministro me despachó enseguida, con una negativa muy cortés, pero muy negativa.
No me importa. Yo llegaré a la Gloria, así como el barco que me trajo, rompiendo incesantemente la mar; sin escuchar las protestas de las olas ni los peligros que corría, llegó a puerto. Así llegaré yo.


[14 de abril]

Tengo ya el plan para escribir un drama, cuyo título será «Julio Antonio o La Voluntad». «Los Parias», será el segundo drama que escribiré inspirado en los versos de mi maestro, intitulado así.
Sólo la falta de Fe y Voluntad han impedido que lleve a la acción esas ideas, guardadas en el cofre de mi cerebro. Porque facilidad para escribir no me falta. Conozco claramente que tengo vocación, o mejor dicho, facilidad para la Literatura. Pero muy en breve llevaré la vida que me corresponde. Vida plena de Acción intensísima y sosteniendo el imperio de la Voluntad.


[15 de abril]

¿Cómo puede el Amazonas, cuando está desbordado, preocuparse de la conveniencia que para aumentar su caudal pueda tener, una nube que pasa cargada de agua, si esta se rompe en llovizna?
Así mi corazón.
Mi mayor alegría ha sido una carta de Silvia, una sola.
¡Qué ternura! ¡Qué poesía contiene esa carta! Siento que un paroxismo de alegría me brinda fuerzas para conquistar el Mundo.


[16 de abril]

Además de llorar o sublimizarme, con las grandes obras de belleza, gusto de improvisar arengas vehementes. Más de una vez en mi locura, me he creído frente a un ejército y lo he arengado vibrantemente. Otras veces he pronunciado solo largos discursos cual si estuviera en el Parlamento, defendiendo alguna ley grata a mi espíritu.
En este coloquio de mi «yo» y yo, donde no puede existir vanidad, pues nadie es testigo, trato de explorar sin pasión mis recursos y defectos.
Creo firmemente ser apto para conquistar los laureles de Apolo junto con los de Marte.
Muchos, pero muchos hombres, han brillado igualmente con las armas y con la pluma.

Dos son las cartas que tengo de mi Silvia. He resuelto que mañana, cuando escoja mi rumbo, haga todo menos [no] estar a su lado. Si así no lo hiciera sería un criminal.
¿Cómo pagar tanta abnegación, tanto amor? No, muy pronto y para siempre, a tu lado. He visto que he penetrado en mi «yo» y allí se ha retratado, diáfana, como el agua en un recipiente de cristal, y hemos venido a formar un todo, que será eterno e indisoluble.
¡Lo he querido y así será!
Voy a descansar de las fatigas del día, después de postrarme ante su efigie como un católico ante Cristo.


[17 de abril]

Nada notable hice en el día, pero sí pensé algo muy trascendental, que aún no conviene escribir.

Hoy ya sé cuando se realizará lo que pensé.
Muy pronto será. ¡Ojalá me salga bien!


[18 de abril]

Otra carta de Silvia. Una carta toda ternura y dolor, y un cable retardado.
¡Cuánta alegría experimenté! La mayor desde que piso tierra mexicana.
Estuve por la tarde en la pelea de gallos y por la noche en el Frontón. En los gallos perdí y en el Frontón también. No sé cuánto, ni me importa. ¡Al diablo el dinero! Dormí en casa de López Malo.
Tengo un resfriado que me molesta mucho. Ya sanará…

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Compilación de Textos: ANA CAIRO / Edición: EMILIO HERNÁNDEZ /
Redacción editorial: JULIO C. GUANCHE / Diseño Web: YALIER P. MARÍN
Corrección editorial: RUTH LELYEN FERNÁNDEZ

Los Editores agradecen al Centro Pablo de la Torriente Brau y la Editorial Oriente por la cesión de los materiales incluidos en el libro Mella, cien años, editado en homenaje al centenario de Julio Antonio Mella.