El estudiante y París
6
/9
.............................................................
Alejo
Carpentier
trasladaban
las Iglesias al campo de sus
adversarios, manteniendo, en
nombre de la fe, un falso orden
que se devoraba a sí
mismo, el contemplador de los
Soles de Cristal era sensible,
sin embargo, a la dinámica
de los Evangelios, reconociendo
que sus textos habían
tenido, en su tiempo, el mérito
de promover una estruendosa
devaluación de tótems
y genios inexorables, presencias
obscuras, amenazas zodiacales,
cayados de augures, sometimientos
a idus de marzo e inapelables
designios. Pero si una nueva
toma de conciencia de sí
mismo —el drama de la
existencia puesto dentro y no
fuera de sí mismo—
había llevado al hombre
a analizarse en función
de valores que lo sustraían
a los terrores primordiales,
seguía, gigante extraviado,
tiranizado por quienes, semejantes
a él, infieles a sus
promesas primeras, habían
creado nuevos tótems,
nuevos hados, templos sin altares,
cultos sin sacralidad, que era
necesario echar abajo. Próximos
estaban acaso los días
en que habrían de sonar
las trompetas de un Apocalipsis,
pero esta vez tocados por los
comparecientes y no por los
ángeles del Juicio Final.
Tiempo era ya de fijar los protocolos
del futuro y de ir instalando
el Tribunal de Reparticiones…
El joven miró su reloj.
Las cuatro. El tren. Se sumió
nuevamente en la belleza total
de lo circundante, aunque ya
era hora de andar hacia lo suyo.
—«Me siento de más
donde todo está hecho»
—pensó, saliendo
de Notre-Dame por el pórtico
central —el de la Resurrección
de los Muertos.
Atrás 6/9
|