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ESTUDIOS CRITICOS 


Lanzar la flecha bien lejos                        
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José Lezama Lima

-¿Qué es lo que queda en su recuerdo de la manifestación dirigida por Mella?

-Yo era entonces un muchacho, creo que tendría catorce años, pero ya estaba interesado por este tipo de movimiento, me despertaba la curiosidad. Leía revistas donde hablaban de reformas universitarias, de las preocupaciones de los estudiantes de las Universidades de Argentina y México. Entonces, el que no pudo ver a Antonio Maceo en combate, pues, al ver a Julio Antonio Mella dirigiendo una gran manifestación estudiantil —que yo he intentado presentar esto, en lo posible, en mi libro Paradiso en la manifestación estudiantil. Recordaba las arremetidas de Maceo, cómo se le hinchaba el cuello, los grandes gritos y cómo empujaba a los soldados contra el enemigo, a empujones casi, es decir, Mella comunicaba ese ardor, esa fiebre que lo devoraba dirigiendo los motines, como si fueran movimientos estratégicos.

Aquel motín bajaba por la calle San Lázaro, atravesaba el monumento de los Estudiantes y después se encaminó a Palacio.

Yo apostado detrás de una de las columnas de la cigarrería Bock —la cigarrería que está frente a Palacio—. Ahí yo, resguardado detrás de poderosas columnas babilónicas, veía el curso de los acontecimientos con una gran timidez infantil.

Pero Zayas era un hombre en eso que tenía su estilo, era un malvado, pero tenía su estilo en eso. Y entonces dejó que la manifestación llegara a la estatua. La finalidad que perseguía Mella era echar abajo esa estatua; llegó frente a la estatua y tiró una soga con tan buena puntería que la encajó en el cuello broncíneo de Alfredo Zayas. Los estudiantes lo coreaban y daban grandes gritos, pero cuando ya aquel enorme muñeco de bronce empezó a dar señales de estremecimiento y angustia por la presión de la soga, irrumpió el piquete de la policía dando grandes golpes de palo, pegando reciamente, y entonces, hubo una gran corrida y Mella se quedó casi solo. Y al día siguiente apareció Mella en los periódicos de la capital con la cabeza vendada ya que se quedó allí hasta el último momento, la policía le rompió la cabeza y fue para la casa de socorros.

Eso ha dejado en mi recuerdo una gran memoria, lo que era Julio Antonio Mela dirigiendo un motín estudiantil. Era como un gran estratega, como un gran capitán, ordenando un motín estudiantil.

Dirigía aquello como si fuera una tropa.

Tenía el sentido de la algarada que se convierte en motín, el motín que se convierte en insurrección, la insurrección que se alza a Revolución y que quema y modifica a los pueblos. A través de las conmociones y de los motines estudiantiles, Mella hubiera podido ir casi a la Revolución.

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Compilación de Textos: ANA CAIRO / Edición: EMILIO HERNÁNDEZ /
Redacción editorial: JULIO C. GUANCHE / Diseño Web: YALIER P. MARÍN
Corrección editorial: RUTH LELYEN FERNÁNDEZ

Los Editores agradecen al Centro Pablo de la Torriente Brau y la Editorial Oriente por la cesión de los materiales incluidos en el libro Mella, cien años, editado en homenaje al centenario de Julio Antonio Mella.