Lanzar la flecha bien lejos 3
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José
Lezama Lima
-¿No lo conoció
personalmente?
-No, personalmente no, porque
Mella se va de Cuba en el año
25, y en el año 25, no
olvide usted, que yo tengo 15
años. Y entonces yo voy
un poco a estas cosas como el
muchacho atrevido que me acerco
con simpatía a estas
cosas, pero soy un niño.
Yo sí asistí al
discurso último de Julio
Antonio Mella en Cuba en la
Sociedad de Torcedores, donde
hablaron distintos profesores
de la Universidad Popular "José
Martí". Y habló
Mella. Creo que dos o tres días
después se tuvo que ir
de Cuba. Y recuerdo esa frase
que dijo él: "Machado
no es otra cosa que el primer
estúpido de Cuba como
el Príncipe de Gales
no tiene otro mérito
que ser el primer elegante del
mundo." No se me olvidará
jamás esa frase.
-¿Era un buen
orador?
-Sí, era un buen orador,
claro, no piense usted en Martí
ni piense usted en los grandes
profetas que ha tenido la elocuencia
cubana, pero era un buen orador,
muy exaltado, y silabeaba un
poco, era un poco ceceante,
las palabras las dividía
y subdividía, pero con
un gran fuego comunicante. Y
cuando decía estas palabras
así, pues, inmediatamente
el pueblo respondía con
grandes alaridos, con un fervor
que parecía semejante
al que se oía en la emigración
revolucionaria cuando se oía
a don Manuel Sanguily o a José
Martí. En aquella época
yo tenía una gran curiosidad,
decisión y aplicación
por todas estas inquietudes
de tipo revolucionario. Este
proceso lo he contado en mi
novela. Antes de que se me vaya
de la cabeza les quiero recordar
algo que para mí ha sido
un orgullo reciente. Algunos
amigos míos mexicanos
me han contado, que durante
los últimos motines estudiantiles
de México, al volcar
los ómnibus, las máquinas,
los estudiantes en señal
de protesta, tenían abierto
mi libro Paradiso
y lo leían en alta voz
frente a las autoridades, precisamente
por el capítulo donde
yo describía una manifestación
estudiantil.
Declaro que esto, como intelectual
que soy, es muy patético
para mí, porque es una
manifestación verdaderamente
inteligente que me recordaba
aquellos momentos donde La Fontaine
comparaba la afluencia del agua
de una fuente a sí mismo,
es decir, ir a un motín
estudiantil leyendo un libro
donde se habla de una protesta
estudiantil, me pareció
colmo y pasmo de la inteligencia.
Y como una pequeña vanidad
de escritor —que la tengo
como todo el mundo— le
confieso que me sentí
halagado.
-En Paradiso
usted liga ambas manifestaciones.
-La que yo vi de niño,
casi en el recuerdo que se alejaba
y la que después volví
a ver el 30 de septiembre, ya
una cosa dentro de ella, viendo
aquel proceso de conspiración.
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