Julio
Antonio Mella y la generación
fundacional del
marxismo latinoamericano 1
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Néstor
Kohan
Si
bien es innegable que en la
Argentina se ha llamado al ingeniero
alemán Germán
Ave Lallemant (1835-1910) «el
primer marxista» y que
en otros países sucedió
algo similar con los inmigrantes
europeos de fines del siglo
XIX, en realidad esa primera
camada generacional —contemporánea
de la II Internacional, con
la que mantuvo estrechas relaciones
epistolares y políticas—
debería llamarse con
propiedad «la primera
generación de difusores
y propagandistas del marxismo»
en América Latina.
Por ello tuvo completa razón
Antonio Melis cuando bautizó
a Mariátegui como «el
primer marxista latinoamericano»,
sin desconocer obviamente que
antes de él ya había
habido traducciones de El
capital, periódicos
proletarios, esforzados agrupamientos
sindicales, etcétera.
Lo mismo, aunque en otro nivel,
vale para Mella.
Habría entonces que empezar
preguntándose por esa
notable discontinuidad, por
esa inflexión que separa
a la generación de Justo,
Lallemant o Pablo Zierold de
la de Mella, Mariátegui,
Recabarren (1876-1924) o Ponce.
La respuesta, en principio,
remite a dos cuestiones.
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