Julio
Antonio Mella y la generación
fundacional del
marxismo latinoamericano 2
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Néstor
Kohan
En
primer lugar, con la generación
de fines del siglo XIX —mayormente
inmigrante— nos encontramos
ante un marxismo que funciona
como doctrina general desde
la cual se articula una propuesta
(más o menos radical,
según el caso) de modernización
de las sociedades latinoamericanas.
En segundo lugar, en el marxismo
de esa primera generación
se privilegia inflexiblemente
una concepción social
evolucionista, determinista,
incluso muchas veces impregnada
de darwinismo.
Conjugando ambas dimensiones,
el marxismo se convierte para
ellos en una doctrina, en un
conjunto de proposiciones fijas,
cerradas, que les servía
para diferenciarse ideológicamente
de la otra gran tradición
revolucionaria que llegó
a nuestro continente, la de
los anarquistas, y para defender
al mismo tiempo una identidad
política obrera frente
a la violenta y sanguinaria
construcción del Estado-nación
que en ese momento estaban terminando
de consolidar las clases dominantes
latinoamericanas.
No obstante, esa generación
primera no había realizado
aún —ni se lo proponía
como meta inmediata— un
análisis a fondo de nuestros
países, de nuestras formaciones
sociales. De ahí sus
grandes dificultades para proponerse
y proponer tareas revolucionarias
que excedieran la solidaridad
internacional —tan presente
en ocasión de la Revolución
Rusa, como vimos— y la
incipiente organización
económico-corporativa
de los trabajadores y para encontrar
un suelo nutriente en las tradiciones
propias de nuestro continente.
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