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ESTUDIOS CRITICOS 


Mella y La zafra, de Agustín Acosta
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  Denia García Ronda

En su acercamiento al libro de Acosta, Mella afirma su valor, incluso político, al considerarlo «el primer gran poema político de la última etapa de la República» y reconoce en su autor honestidad, genio y «sensibilidad ante los dolores de la multitud». Incluso valida como «justa y real» la protesta del sujeto lírico ante la ruina del colono, provocada por la fagia latifundaria de los centrales azucareros norteamericanos. Pero hasta ahí llegan las confirmaciones. Reconociendo la ubicación clasista de Acosta y los elementos conformadores de su personalidad socio-política, juzga —desde la suya propia— las debilidades del poemario para constituirse en bandera de las clases populares.

La zafra puede ser clasificado —dentro de la vanguardia poética cubana— en la tendencia «nacionalista» de la poesía social, la cual, al contrario de las llamadas «proletaria» y «campesina», tenía como objeto de tratamiento poético las problemáticas generales de la nación, sin comprometerse explícitamente con ninguna clase social. Aunque su conformación artística exhibe todavía suficientes muestras de la filiación modernista de su autor, su propia temática y algunos elementos de la configuración poemática y los recursos literarios están ya dentro de la expresión vanguardista en su versión nacionalista.

Aunque Agustín Acosta perteneció a la amplia y difusa izquierda de los años 20 —significada en buena medida por el Grupo Minorista, del cual formó parte—, su ideología estuvo más cerca del pensamiento de la generalidad de los intelectuales de las dos primeras décadas del siglo —a cuya generación realmente pertenecía— que a la de los jóvenes intelectuales en la convulsa «década crítica», entre los que se hallaba Julio Antonio Mella. Su actuación posterior en la vida pública cubana lo marca como un pensador de tendencias liberales, confiado —y aun vinculado— con la política «representativa» de la República.

Esa posición se puede apreciar diáfanamente en su poemario, y Mella lo percibe con claridad, aunque —convencido de la honestidad del autor— confía en un «suicidio» de clase que lo convirtiera no ya en un poeta nacional, sino más bien en un poeta del pueblo: «Agustín Acosta ha de llegar a ser lo que debe y lo que puede, por su genio y por su sensibilidad ante los dolores de la multitud, [para ello] tendrá que "matarse" y volver a hacerse él mismo». Sin embargo, la distancia entre el ideal de Mella para un poeta del pueblo y lo que tendría que «matar» Acosta para serlo, es enorme.

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Compilación de Textos: ANA CAIRO / Edición: EMILIO HERNÁNDEZ /
Redacción editorial: JULIO C. GUANCHE / Diseño Web: YALIER P. MARÍN
Corrección editorial: RUTH LELYEN FERNÁNDEZ

Los Editores agradecen al Centro Pablo de la Torriente Brau y la Editorial Oriente por la cesión de los materiales incluidos en el libro Mella, cien años, editado en homenaje al centenario de Julio Antonio Mella.