Mella y La zafra, de
Agustín Acosta 6
/7
.............................................................
Denia
García Ronda
Por
otra parte, el guajiro cubano
merece —por su miseria—
una «Admonición»
del sujeto lírico. Por
haber vendido irreflexivamente
sus tierras «al billete
extranjero», el campesino
vaga sin futuro, juega, descuida
la educación de sus hijos.
Sólo con «arrancarse
la venda», sembrar y cultivar,
no pedir préstamos, instruirse,
resolverá sus múltiples
problemas. Si se recuerda las
varias obras de la primera generación
republicana que tratan este
asunto de la venta de tierras
a extranjeros, se notará
la coincidencia de Acosta con
la mayoría de aquellos
autores que —sin conocer
o sin apreciar las razones estructurales,
sociales y políticas
de ese fenómeno—
limitaban, voluntaristamente,
sus causas a la falta de previsión
de los propietarios cubanos.
El poeta de La zafra
no se refiere
a los campesinos sin tierra
—arredantarios, precaristas,
etcétera—, ni mucho
menos, como bien dice Mella,
a los obreros agrícolas
e industriales. Como he venido
diciendo, su preocupación
mayor es el colono, aunque en
ocasiones lo identifica como
un arrendatario («Te ve
como a un colono la tierra que
fue tuya» ). Mella, en
su artículo, si bien
reconoce la justeza de la solidaridad
del poeta con la situación
del colonato, advierte los límites
de la lucha de este sector y
sus posibles resultados: «Luchará
hasta que obtenga lo que aspira
o será vencido y convertido
en proletario.»
Atrás 6/7
|