Nicolás Guillén
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Mella
Lanzó
del arco tenso disparada
la roja flecha contra el viejo
muro:
punta de sueño, lengua
de futuro
que allí vibrando se
quedó clavada.
Sobre
la rota piedra penetrada
hincó de su bandera el
mástil duro;
aún era noche, el cielo
estaba oscuro,
pero ya el viento olía
a madrugada.
Partió
después con su profundo
paso
y una canción que al
porvenir advierte,
Mella hacia el mediodía
sin ocaso.
Su derribada
sangre es vino fuerte
alzad, alcemos en el rudo vaso
la sangre victoriosa de su muerte.
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