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Octubre
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............................................................. El cine es el arte favorito de la multitud. Ningún otro expresa mejor su sed inacabable de imágenes y de movilidad. El cine yanqui, con la excepción de films como los de Chaplin, había venido siendo utilizado para la propaganda militarista y para la formación del cerebro de las nuevas generaciones en el culto sagrado a los dioses del Olimpo financiero de Wall Street.

“Octubre” es el film de la revolución. Ahí la técnica y el argumento han llegado a su mayor grado de sincera expresión de la realidad moderna, en el país del proletariado. La obra de John Reed, Diez días que conmovieron al mundo —traducida a más de veinte lenguas distintas— y que Lenin recomendó leer a todos los revolucionarios en el prólogo que para ella escribió, es el argumento.

No hay la ingenuidad estúpida del “boy”. Tampoco el tonto y romántico desenlace de amor con el beso final de varios metros. La película no tiene héroes. Es la vida, es la multitud. Son los ejércitos, las fábricas con el poema de sus máquinas, los bosques de bayonetas desfilando por las calles, las ametralladoras subidas a las tribunas de las barricadas hablando su elocuente y definido lenguaje. Todo lo que es de revolución, sin literatura alguna, con su desnuda belleza, está allí fiel, exactamente interpretado. La huelga que estalla, el traidor de siempre, la ira cómoda del burgués, los “defensores del orden”, los esquiroles, están en el film como están en la vida diaria. También surgen los personajes célebres: el histérico y teatral Kerensky (1); el recio Lenin hablando en la tribuna como un “martillo que piensa”, según la frase de Gorki; el nervioso agitador Trotsky, actuando como un dinamo humano; el pacífico y tranquilo Zinovief; el ecuánime Kámenev, todos pasan por la pantalla breves segundos sin
monopolizar la vida de la multitud; de los marinos del “Aurora” que se sublevan; de los batallones obreros que abandonan las fábricas para irse a las barricadas y a las trincheras; de los cadetes, que cobardes y temerosos se rinden junto con los batallones de mujeres en el Palacio de Invierno, postrer reducto de la burguesía petrogradense... Allí están desde las reuniones del Congreso de los Soviets hasta los grupos callejeros.

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Compilación de Textos: ANA CAIRO / Edición: EMILIO HERNÁNDEZ /
Redacción editorial: JULIO C. GUANCHE / Diseño Web: YALIER P. MARÍN
Corrección editorial: RUTH LELYEN FERNÁNDEZ

Los Editores agradecen al Centro Pablo de la Torriente Brau y la Editorial Oriente por la cesión de los materiales incluidos en el libro Mella, cien años, editado en homenaje al centenario de Julio Antonio Mella.