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Pablo Neruda
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Había
tenido un episodio trágico
en su vida, cuando era la compañera
del gran dirigente juvenil cubano
Julio Antonio Mella, exilado entonces
en México. El tirano Gerardo
Machado mandó desde La
Habana a unos pistoleros para
que mataran al líder revolucionario.
Iban saliendo del cine una tarde,
Tina del brazo de Mella, cuando
este cayó bajo una ráfaga
de metralleta. Rodaron juntos
al suelo, ella salpicada por la
sangre de su compañero
muerto, mientras los asesinos
huían altamente protegidos.
Y para colmo, los mismos funcionarios
policiales que protegieron a los
criminales pretendieron culpar
a Tina Modotti del asesinato.
Doce años más tarde
se agotaron silenciosamente las
fuerzas de Tina Modotti. La reacción
mexicana intentó revivir
la infamia cubriendo de escándalo
su propia muerte, como antes la
habían querido envolver
a ella en la muerte de Mella.
Mientras tanto, Carlos y yo velábamos
el pequeño cadáver.
Ver sufrir a un hombre tan recio
y tan valiente no es un espectáculo
agradable. Aquel león sangraba
al recibir en la herida el veneno
corrosivo de la infamia que quería
manchar a Tina Modotti una vez
más, ya muerta. El comandante
Carlos rugía con los ojos
enrojecidos; Tina era de cera
en su pequeño ataúd
de exilada; yo callaba impotente
ante toda la congoja humana reunida
en aquella habitación.
Los periódicos llenaban
páginas enteras de inmundicias
folletinescas. La llamaban “la
mujer misteriosa de Moscú".
Algunos agregaban: “Murió
porque sabía demasiado”.
Impresionado por el furioso dolor
de Carlos tomé una decisión.
Escribí un poema desafiante
contra los que ofendían
a nuestra muerta. Lo mandé
a todos los periódicos
sin esperanza alguna de que lo
publicaran. ¡Oh, milagro!
Al día siguiente, en vez
de las nuevas y fabulosas revelaciones
que prometían la víspera,
apareció en todas las primeras
páginas mi indignado y
desgarrado poema.
El poema se titulaba “Tina
Modotti ha muerto”. Lo leí
aquella mañana en el cementerio
de México, donde dejamos
su cuerpo y donde yace para siempre
bajo una piedra de granito mexicano.
Sobre esa piedra están
grabadas mis estrofas.
Nunca más aquella prensa
volvió a escribir una línea
en contra de ella.
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Compilación
de Textos: ANA CAIRO / Edición: EMILIO
HERNÁNDEZ /
Redacción editorial: JULIO C. GUANCHE /
Diseño Web: YALIER P. MARÍN
Corrección editorial: RUTH LELYEN FERNÁNDEZ
Los Editores agradecen al Centro Pablo de la Torriente
Brau y la Editorial Oriente por la cesión
de los materiales incluidos en el libro Mella,
cien años, editado en homenaje al
centenario de Julio Antonio Mella.
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