LA SITUACIÓN. UN EJEMPLO DE LITERATURA REVOLUCIONARIA

Roque Dalton


Escrita en el estilo brutal que nos ha llegado a imponer definitivamente la época, La situación es un despiadado y lúcido recuerdo de las condiciones reinantes en Cuba desde los albores de la República hasta 1952. Evitando esa «anecdotización de la vida» que tantos esfuerzos fallidos nos hace recordar en la novelística hispanoamericana, Otero recrea contradicciones fundamentales de una sociedad sin solución y nos pone ante los ojos el vacío, la estulticia y la inmoralidad de las clases sociales que vivían la dolce vita cubana del capitalismo y el imperialismo.
Mas esa visión panorámica es producto de una integración de corrientes narrativas (desarrollo de personajes en el plano histórico, principalmente) las cuales hacen que la situación que el autor busca presentarnos sea reconocida como un mal cuyas raíces están ahí, en el tiempo y en el espacio, desnudadas y desenmascaradas por la literatura.
El proceso de esa integración de antecedentes, el desarrollo histórico de la situación, da a la excelente novela de Lisandro Otero una perspectiva mucho más ambiciosa que la de cualquier novela cubana publicada después de la Revolución (excepto esa obra maestra, que coloca a su autor definitivamente en la categoría de un clásico de la literatura de lengua española, El siglo de las luces, que ofrece también una perspectiva de correspondencias históricas verdaderamente inquietante). Sobre todo por cuanto se trata del inicio de una trilogía, que podría llegar a ser, si Lisandro Otero logra sus propósitos, la primera gran novela de la Revolución cubana.
Si entráramos a considerar aspectos técnicos en la obra, comenzaríamos diciendo que, entre otros muchos, es particularmente interesante el acierto de Otero con respecto al trato que le da a uno de los personajes centrales de la novela: Luis Dascal. Como el periodista de la Dolce Vita de Fellini, o como, parcialmente, el Ixca Cienfuegos de La región más transparente, Dascal es menos un personaje que un elemento de enlace de diversas situaciones y ambientes, menos un personaje propiamente dicho que una conciencia observadora, que un testigo general que enjuicia y se desespera. El hecho de que este testigo esté profundamente deformado por el ambiente que ha terminado por absorberlo no hace menos exitoso su trato como elemento esencial de la narración. De ahí que no sea atinado considerarlo como un personaje desdibujado o no típico.
La minuciosidad en las descripciones de los elementos de ambientación, la consecuencia del «clima exacto» existente en los años que toca la narración son cuestiones de técnica y de vivencias que no creemos ser los más indicados para considerar por no haber vivido la época del pasado en Cuba. Lo que sí resulta objetivo para nosotros es que con La situación puede iniciarse en la novelística cubana una nueva etapa de ascenso de calidad, en la cual, sin lugar a dudas, será la juventud la que tendrá la palabra.

     
     
     
     
   
Arriba
Redacción editorial: Pablo Vargas
Diseño: Yemly Figueredo
Corrección editorial: Ruth Lelyen