Nunca
he dejado de vivir dentro de Cuba
Pedro Margolles Villanueva
Lisandro
Otero conversa en la Rampa con Pedro Margolles Villanueva, Director
de Prensa Latina sobre su último libro y muchas
otras contingencias de la literatura y de la vida, también
literatura.
Con qué criterios realizó la selección
de trabajos que nos ha entregado. Figuras como Benny Moré,
Alicia Alonso, Alejo Carpentier y otros parecen estar aparentemente
desconectadas, sin embargo, expresan el valor del talento para
universalizar lo cubano. ¿Qué relación ve
Ud. entre ellas, qué las une y qué las hace diferentes,
más allá de lo simple aparencial?
Traté de escoger textos en los cuales se hace referencia
a lo esencial cubano y a ciertos valores universales. Comienzo
con un homenaje a La Habana, una ciudad que me ha fascinado desde
siempre y a la cual he dedicado muchas páginas de mi narrativa.
Lo dedico a Eusebio Leal porque ha logrado reavivar, con un empecinamiento
titánico y admirable, esas piedras con espíritu
que constituyen la médula de nuestro origen. Alicia Alonso
y Benny Moré son artistas que, aunque en estratos diferentes
de la creatividad, han sabido llevar a cimas de profesionalismo
el ejercicio de su competencia. Carpentier, Guillén, Lam,
Meza y ¿por qué no? Novás Calvo, han sido
vehículos eficaces de expresión de nuestra identidad.
Alberti, Hemingway, Sartre y Greene son creadores que han tratado
de entendernos y de una u otra manera han logrado armar una imagen
y atestiguar sobre una parte de nuestro cuerpo. Lowry es uno de
los escritores que más me regala y como fue un pobre paria
condenado merece compasión y respeto. De otra parte trato
de dilucidar el papel que corresponde a los intelectuales en nuestro
tiempo de turbulencias y añado los reveses y luminosidades
que se han alcanzado en esa lid impecable entre la cogitación
y el destino histórico. En ese repaso no debía faltar
la extensión del poder y la velocidad de nuestros sentidos
incrementados en la era de la comunicación social instantánea.
En otra parte del libro Ud. nos trae personajes de gran fama,
hombres de carácter difícil y contradictorio, pero
todos de una gran agudeza intelectual. Fueron presentados en momentos
en que visitaron o se relacionaron intensamente con Cuba. Son
relatos escritos hace algunos años. En sus reportajes sobre
Sartre, Greene o Hemingway, de una forma u otra está presente
la figura de nuestro presidente Fidel Castro, con su estilo e
ideario. ¿Cuarenta años después qué
comentarios le merecen estos recuerdos y cómo evoca hoy
a Fidel Castro?
En los primeros años revolucionarios numerosos hombres
de pensamiento y de acción se interesaron en Cuba, nos
visitaron y ofrecieron el resultado de sus reflexiones. Luego,
muchos se apartaron de la adhesión por diversas razones,
el interés del mercado, las prebendas que se ofrecían
a los renegados, el temor a la iras del imperio; pero nos han
quedado algunas letras irradiantes y la remembranza de su honestidad.
Los que aquí incluyo ofrecieron su percepción justa
en un momento de tensión.
Fidel
Castro es uno de los grandes genios políticos de América.
Es una figura que puede compararse a estadistas de la talla de
Roosevelt, de Gaulle, Churchill, Gandhi, Garibaldi, Juárez,
Bolívar, Cromwell, Isabel Tudor, Octavio Augusto, o sea,
el conductor de pueblos que tiene una clara idea de una estrategia
a seguir y de un destino diáfano adonde debe dirigir a
la nación. Fidel ha sabido comportarse con un decoro cívico
y una dignidad en su cargo que nunca antes habíamos tenido
en nuestra historia republicana. Ha empleado su autoridad con
nobleza y no ha dudado en ser inflexible cuando las circunstancias
lo exigían y magnánimo cuando la coyuntura lo demandó.
Ha sabido soportar las adversidades con una obstinación
insólita, no se ha desanimado jamás ante los percances
ni se doblegó ante las acometidas por vigorosas que fueren.
Ha sabido resistir y persistir. Entró en la vida cubana
como un vendaval y su impronta renovadora será imborrable
en la historia. No digo que haya sido infalible. Como todos los
humanos ha cometido errores pero estos han sido de buena ley,
es decir, se ha equivocado tratando de ofrecer y entregarse. Como
decía el Che para ser revolucionario hay que ser estimulado
por considerables impulsos de amor. Ha soportado con hidalguía
la dura soledad del poder. Puedo decir esto sin temor a ser acusado
de adulador, porque mi vida privada al margen de toda actividad
pública y sin ninguna dependencia oficial, me permite estas
licencias.
Ud. se inició en el camino de las letras como periodista,
después, o simultáneamente, se dedicó a la
literatura, pero nunca abandonó el periodismo. Algunos
intelectuales que trabajaron en la prensa, sostienen que mantenerse
en ella más allá de cierto tiempo puede lastrar
la vida y la vocación de un escritor consagrado.
¿Cuál es su experiencia y qué opinión
le merece el ejercicio simultáneo del periodismo y la literatura?
Hablar de literatura y periodismo como dos entes dispares es como
tratar de hallar la desemejanza entre dos jimaguas por el largo
de la nariz. He dicho en otras ocasiones que el periodismo es
literatura plana o que la literatura es periodismo cúbico.
¡Hay tantos espléndidos escritores que han sido soberbios
periodistas, como es el caso de Daniel Defoe, Swift, Voltaire,
Mark Twain, José Martí, Mauriac, Ilya Ehrenburg,
Hemingway y Graham Greene, entre muchos otros! Es cierto que si
no se adopta una actitud vigilante con la prosa el ejercicio del
periodismo y sus urgencias pueden deteriorar el estilo, pero no
siempre es así. La literatura ayuda, por otra parte, a
ejercer un periodismo más observador, profundo e intenso.
Ahora se habla del "nuevo periodismo" que incluye técnicas
narrativas dentro del reportaje. En mi caso nunca he sentido que
el periodismo me ha lastrado en nada, al contrario, me ha obligado
a ejercitarme en el manejo de la prosa. Habilidad que si no se
ejerce se marchita y cuanto más se practique, con propósitos
cualitativos, tanto más se dominarán las normas
del oficio.
Al cumplir sus 70 años ha recibido muchos homenajes
y reconocimientos en Cuba y en el exterior, parte de su obra ha
sido reimpresa nuevamente en nuestro país. A pesar de su
estancia por temporadas en el exterior Ud nunca ha abandonado
Cuba indefinidamente. Cada año lo vemos por acá.
Esa experiencia de los últimos años, ¿cómo
la ha sentido? ¿Volverá a su país para permanecer
un tiempo prolongado, como dice Ud., mirando al mar y creando?
Hace unas semanas respondí una pregunta similar y dije
que Cuba era una idea que se lleva dentro y nunca se abandona.
Efectivamente, viajo a Cuba varias veces cada año y no
he dejado de estar presente en los acontecimientos nacionales.
Cada día abro en Internet las publicaciones cubanas y me
mantengo informado de lo que pasa en la Isla. He residido muchos
años fuera de mi país en Francia, Chile, Gran Bretaña,
Rusia, España. También he sido un viajero frecuente,
pero nunca he dejado de vivir dentro. La experiencia de estos
últimos ocho años en México ha sido muy enriquecedora.
México es una sociedad con una arraigada identificación
y un claro sentido de su nacionalidad. Cuenta con una historia
hermosa, denodada y audaz. Su proceso revolucionario fue precursor
de muchos giros de la historia mundial y ha quedado como un hito
de emancipación ejemplar. Su periodismo es muy competitivo
y profesional y exigió de mí una renovación
constante. He ocupado posiciones dirigentes dentro de los medios
de comunicación mexicanos y he recibido galardones, de
mis colegas de la prensa, que me enorgullecen. Pero todos los
ciclos tienen un punto de maduración y otro de repliegue.
Ha llegado el momento de iniciar el camino de los elefantes y
marchar hacia el sitio donde nací para dejar mis huesos
junto a mis ancestros. Nunca olvidaré la hospitalidad mexicana,
la generosa acogida que me hicieron pero inicio los años
de retiro y tras una vida, quizás excesivamente agitada
y polémica, necesito el retraimiento del ocaso. Regresaré
a Cuba de manera definitiva donde hallaré, como incentivos
fundamentales, escuchar el rumor de las olas y acechar en mi jardín
el vuelo del colibrí.