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En el verano de 1919 una culta, sociable y fea muchacha de Baltimore llamada Sylvia Beach abrió una librería norteamericana en París. El negocio era modesto, como modesta era la vida en la Europa de entonces a causa de la guerra: Shakespeare and company, que así se llamaba la librería, ocupaba un pequeño local en cierta empinada callecita de tiendas de ropa de la Rive Gauche; sus pesados escaparates de roble, que ahora mostraban libros, probablemente exhibieron, sesenta años atrás, los vestidos de seda que aparecen descritos en las novelas de Balzac.
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