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Cerca del lago Juglá, a unos veinte kilómetros de Riga, se extiende uno de los museos etnográficos a cielo abierto más antiguos del mundo. Allí escuché por primera vez, una tarde de noviembre de 1978, el nombre de Janis Rainis. Llevaba sólo tres horas en Riga, después de un fatigoso viaje en tren desde Moscú.
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