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Cuentan que en cierta ocasión un reportero bisoño le preguntó a Hemingway cómo se escribía una novela (¿esperaba averiguar de qué secreta alquimia habían nacido obras como Adiós a las armas o Fiesta?) El viejo lo miró a los ojos y le dijo con voz grave y misteriosa: «¿Me promete ser discreto?» El cándido e inexperto periodista le respondió de modo afirmativo. Entonces el escritor se le acercó para murmurarle al oído: «De pie y con lápiz.» Ignoro si la anécdota es verdadera o apócrifa; pero, como diría un personaje de Chandler, apostaría mis zapatos a que si se le formulase una pregunta similar a cualquier narrador de la hora presente, este quedaría igualmente ante la alternativa de hacer un chiste o guardar un silencio embarazoso. Y es que —como todos sabemos— explicar de qué modo se escribe hoy una novela supone, en primera instancia, tener una idea exacta sobre lo que es, técnicamente hablando, una novela. ¿Y quién sabe semejante cosa después de Joyce? En todo caso, como alguien dijo humorísticamente, a partir de Ulises es una novela todo libro que así lo haga constar en la primera página.
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