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Entre el poder
y la crisis: las prostitutas se defienden.
En 1888 se producía
un hecho inaudito, por primera vez en Cuba
y tal vez en América, las mujeres
públicas fundaban un periódico
destinado a defender sus intereses, le dieron
por título La Cebolla y
otorgaron su dirección a Victorino
Reineri quien firmaba algunos artículos
de esa forma o como Irenier y daba el visto
bueno a los trabajos realizados, presuntamente,
por las prostitutas.
Victorino Reineri Jimeno era un español
progresista, no ejercía el periodismo
eventualmente ni tampoco era un marginal;
en 1890, dos años más tarde,
dirigía en Santiago de Cuba el periódico
separatista, El Machete, que fue
secuestrado muchas veces porque su "pluma
[la de Reineri] era un bisturí cortante
que rasgaba la honradez aparente de los
funcionarios de la colonia a quienes flagelaba
sin piedad" .
¿Por qué fue
bautizado este periódico con el nombre
de La Cebolla? Un exergo al lado
del título, en el centro de una viñeta,
explicaba la definición de esta planta
hortense según "el Diccionario
de la Real Academia ", pero omitía
algunos datos secundarios, tal vez los más
relacionados con una posible comparación:
la cebolla es un bulbo formado por capas
tiernas y jugosas, de olor fuerte y sabor
más o menos picante, hay numerosas
variedades que se clasifican bien por la
época de la siembra -verano o invierno-,
bien por su color -blancas, rojas, moradas
o amarillas-, o por su forma -alargadas
o redondas-. Cualquiera que fuese la intención
lo cierto es que el semanario La Cebolla
representaba una atrevida -para la época-
forma de protesta, la de las "mujeres
públicas".
Decididamente la sociedad había cambiado,
a mediados de siglo nada de eso era concebible.
Ahora, meretrices y prostitutas, mujeres
marginadas, buscaban la forma de defenderse
de los mecanismos judiciales e individuales
que las expoliaban, para ello se valían
del "cuarto poder" y sufragaban
un órgano de prensa.
(...)
Resulta evidente que en los
años cincuenta del siglo XIX las
mujeres públicas, más marginadas
que las mujeres corrientes, no tenían
manera alguna de divulgar su protesta. Por
esa razón llama la atención,
muy especialmente, que en los años
ochenta buscaran la forma de utilizar la
propaganda legal para contraatacar y defender
sus intereses sectoriales.
La situación que se
produce en la sociedad cubana en los años
ochenta favoreció el desarrollo de
la sociedad civil que va a crecer de forma
incomparable con respecto a los años
precedentes. En 1888 había sido promulgada
la Ley de Asociaciones, pero desde inicios
de esa década, amparados por la aplicación
a Cuba de la Constitución promulgada
en 1876 para la Metrópoli por el
gobierno de la Restauración Española
, se habían ido produciendo transformaciones
que en cierta medida habían propiciado
el desarrollo de la sociedad civil, una
de ellas había sido la Ley de Imprenta.
En este contexto apareció, el 9 septiembre
de 1888, La Cebolla.
Cabe destacar que ese mismo
año se publicaba el discutido libro
de Benjamín de Céspedes La
prostitución en la Habana. Considerado
por algunos como pornográfica, esta
obra ponía al desnudo el creciente
desarrollo de la prostitución, sus
causas y abordaba, tal vez con una innecesaria
insistencia, casos de pederastia, prostitución
infantil y la degradación de las
mujeres "de color". Su publicación
fue un verdadero best seller, pero algunos
sectores se sintieron aludidos y se decidieron
a responder por la misma vía.
Así aparecieron publicaciones
que criticaban lo expuesto por Céspedes,
entre ellas se destacan la patrocinada por
el Centro de Dependientes y el folleto titulado
Blancos y Negros editado por Rodolfo
de Lagardere; ambas atacaban al preocupado
galeno por el ángulo más débil
de su exposición: las élites
no eran tocadas en lo más mínimo,
aunque probablemente estaban involucradas
en el problema en mayor medida que las capas
populares. Sin embargo, los inmigrantes
españoles, cuya gran mayoría
trabajaba en el comercio, era denigrada
"de gratuita y apasionada manera",
en tanto las negras y mulatas, eran tratadas
peyorativamente, pues según Céspedes
"en las mujeres de la raza negra la
ignorancia es total y hasta se llega a dudar
si de su cerebro brota alguna idea civilizadora".
La atención que el tema recibía
constituye una muestra fehaciente de la
importancia que había alcanzado por
esos años el fenómeno de la
prostitución .
La existencia de mujeres
públicas había sido un fenómeno
consustancial al desarrollo de La Habana,
potenciado por el elevado índice
de masculinidad de la población insular.
A ello se unía su condición
de puerto escala, razón por la cual
la flota procedente de tierra firme permanecían
en ella durante buena parte del año.
En esos meses comerciantes, tahures, soldados
y marinos inundaban sus calles en busca
de placeres y diversiones.
Lejos de mejorar, la situación
se fue haciendo más compleja con
el devenir del tiempo. En 1865 la guerra
de Santo Domingo motivó un gran trasiego
de militares que, procedentes de la Península
, hacían escala en Cuba, el número
de mujeres públicas se incrementó
apreciablemente; la mayor parte procedían
de Costa Firme, México, Puerto Rico
y Canarias.
Después la Guerra
de los Diez Años, con todas sus secuelas
de hambre y miseria, incrementó aún
más la prostitución, sobre
todo en las ciudades. Aunque se conservan
pocos informes, se sabe que de las 461 mujeres
asistidas en el Hospital de Higiene entre
1873 y 1876, 15l eran peninsulares, 116
canarias, 145 cubanas -casi todas "de
color"-, y 49 extranjeras; pero a finales
de los ochenta la situación había
cambiado: el 77% de las prostitutas eran
cubanas y mayoritariamente blancas.
En 1886 el número
de meretrices inscritas oscilaba entre 450
y 500. La inmensa mayoría de las
mujeres no tenía una forma permanente
ni segura de procurarse el sustento, los
jornales que recibían como lavanderas,
planchadoras, criadas, tabaqueras, costureras,
etc. oscilaban de 1 a 1,20 pesos al día,
en tanto el precio de una habitación
era de 6 a 8 pesos mensuales y los alimentos
costaban, aproximadamente 1 peso diario.
La preocupación
conque se afrontaba el problema de la prostitución
a finales de los ochenta se refleja en los
Informes, Memorias, libros y refutaciones
que se publicaron durante estos años.
También en este marco se produjo
la publicación del periódico
La Cebolla.
Este salía los domingos,
cada ejemplar costaba 20 céntimos
y se anunciaba como ilustrado y órgano
oficial del partido de su nombre. En la
primera página aparecía un
artículo principal que hacía
las veces de editorial, se publicaban coplas,
y trabajos variados que eran firmados por
Teresa Machete, Canducha, La Conga, Marucha,
Patrocinio, Charo y por el propio Reineri.
El editorial del primer número
se titulaba Nuestro Programa, en él
las prostitutas se definían como
"una de las clases más explotadas
de nuestra sociedad" ya que eran víctimas
de la continua extorsión de las autoridades
que, supuestamente, debían controlar
sus actividades, se rebelaban pues de "las
injusticias y arbitrariedades de que son
víctimas las meretrices" a través
de "los botatintas de juzgado (...)
los celadores y demás salvaguardas
de la distinguida familia chupoptera",
y añadían:
"Ha
llegado el momento de que no toleremos con
nuestro silencio esas multas injustas que
se nos imponen, unas veces por que no queremos
ceder a los caprichos lujuriosos de un polizonte
y otras porque no le aflojamos el dinero
que nos pide. Ya los tiempos ominosos de
aguanta y calla pasaron para no volver.
Hoy ni se aguanta ni se calla, que para
eso contamos con el cuarto poder del estado,
con la prensa que es la encargada de poner
coto a los instintos feroces de nuestros
verdugos". Publicado
en: Campuzano, Luisa (coord.): Mujeres
Latinoamericanas, Historia y Cultura. Siglos
XVI al XIX, Casa de las Américas
y Universidad Autónoma Metropolitana
de Iztapalapa, t. 1, pp. 263-274, La Habana,
1997.
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