Un modelo de inmigración "favorecida":
el traslado masivo de españoles a Cuba 1880-1930

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Para el diseño y análisis de este modelo se tendrán en cuenta los siguientes elementos:

•  Desempeño de una política migratoria favorable.

•  Patrones de clase social, género y edad.

•  Creación de redes para captar a los posibles emigrantes.

•  Mecanismos utilizados por los emigrantes de mayor poder económico para controlar y manipular a la masa trabajadora.

•  Instauración de redes clientelares tanto para utilizar social y políticamente a los emigrantes como para promover la acumulación de capital social.

•  Establecimiento de redes de solidaridad a partir de asociaciones mutuales de beneficencia.

•  Implementación por parte de las asociaciones mutuales de beneficencia y de los centros regionales de mecanismos destinados a construir un capital humano más eficaz y saludable y ventajas que esto supuso para la sociedad en general al establecer una relación entre las necesidades productivas y las necesidades de los inmigrantes y para estos en particular al permitir un mayor nivel de movilidad social.

•  Ampliación de las redes de solidaridad fundadas por los emigrantes a las regiones emisoras y papel que en esa dirección desempeñaron las remesas de capital como factor modernizador en los centros receptores.

•  Creación de mecanismos para el envío de las remesas que subvencionaron el enriquecimiento de determinados sectores vinculados a la emigración peninsular.

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Redes de captación, de la familia al negocio

En la emigración española hacia América hubo diversos tipos de redes: las familiares, las comarcales y las establecidas por profesionales del negocio. Los dos primeros tipos aparecen frecuentemente imbricados desde la primera etapa de la emigración y continuaron durante la masiva; el último fue por lo general la solución de los menos pudientes en el último período. En ocasiones estas redes se establecieron desde el poder, por el interés de atraer a la Isla una población blanca; las supuestas intenciones filantrópicas que esgrimían encubrían un negocio rentable y bien pensado, que tenía sus "ganchos", en las regiones económicamente deprimidas de España, y sus aprovechados agentes a ambos lados del Atlántico.

Las redes familiares, vecinales y regionales propiciaron la decisión de los viajes y simplificaron las gestiones. En este contexto se presentaban dos situaciones: el viaje era emprendido por grupos familiares de diversa composición y extensión o los individuos partían solos y abrían una senda que después sería recorrida por otros parientes. Cualesquiera que fuese la situación se acudía, por lo general, a una persona experimentada en realizar ese tipo de trámites fuesen legales o fraudulentos.

Hasta el siglo XVIII la emigración familiar era la más corriente y resultaba favorecida porque entre 1667 y 1778 existió en España el "derecho de familia", que contemplaba el embarque asistido de cinco núcleos de cinco miembros en cada flota. Esta legislación favoreció la emigración familiar de los canarios que constituyeron una fuerza de trabajo inestimable en la agricultura de la Isla, sobre todo en el cultivo del tabaco, pues la mayor parte de estos eran campesinos.

La familia canaria que emigró era, por lo general, de tipo nuclear, es decir el matrimonio con sus hijos, pero para otras regiones la emigración familiar vinculaba a otros parientes como los hermanos solteros -hombres o mujeres- y los sobrinos, que nutrieron el imaginario popular a partir del "sobrín", personaje imaginado por el teatro bufo. En estos casos estaríamos en presencia de la reorganización de familias extensas sobre la base de la emigración(1), porque el arribo al país no era simultáneo sino que estaba precedido de la ubicación, más o menos exitosa pero estable, de algún miembro de la familia en el polo receptor, y de la comunicación más o menos continua que éste había sostenido con sus parientes en la región emisora. El 53.7% de un total de 268 licencias laborales otorgadas a emigrantes catalanes expresan que el motivo del viaje era trabajar en la tienda de un pariente o conocido, en tanto el 16.8% señalaba que venían a trabajar en su propia tienda(2).

La relación tío-sobrino simbolizó, al menos para el caso cubano, una sustitución generacional dentro de la misma familia al frente de cualquier negocio, esta fórmula fue muy utilizada por los comerciantes tanto grandes como pequeños, pero también se establecieron contactos de este tipo con hijos de amigos y con otros parientes, ese fue el caso del catalán Gaspar Puig, quien escribe a su esposa para que le pida al hijo de Francncesc Llopis y Farret que viaje a Cuba "para que le entregue mi tienda y se practique en ella y será el medio en que yo te venga a ver"(3). Otras experiencias de vida reflejan situaciones similares: "Mi padre estaba allí. Fueron cosas más bien de familia el marchar pallá, pa junto a mi padre, a trabajar allí (...). Trabajé con mi padre en el bar, como dependiente (...)". Otros emigrantes expresan: "Tenía tíos maternos (...) yo iba reclamado por un tío mío", o señalan: "Primeramente trabajé con los tíos en la carnicería y luego me buscaron otra colocación en bodega (...)(4).

La emigración mediante la vinculación familiar provoca un efecto multiplicador de emigración encadenada, esto incide en la presencia de individuos procedentes de la misma región en determinados enclaves coloniales, ejemplo de esto fueron la emigración canaria posterior a 1880, y la catalana de la primera mitad del siglo XIX a Santiago de Cuba y la Habana.

En la emigración catalana a la región oriental se manifiestan con claridad las redes comarcales, pues la mayor parte de los inmigrantes procedían de regiones específicas de esa provincia. Constituyeron un activo entramado comercial en el que pueden apreciarse numerosos casos de transferencias de negocios a familiares o a terceras personas, nativas de la misma localidad. Los que se instalaban en una determinada área solían proceder del mismo sitio y estar vinculados entre sí por relaciones de parentesco o de paisanaje; el 33,40% de los comerciantes catalanes establecidos en Santiago de Cuba y Puerto Príncipe eran de Sietges , el 10,82 el % procedía de Saint Pere de Rives y el 8,61% de Barcelona, los seguían, en orden, los de Sant Feliu de Guixols, Mataró, L'Escala, Lloret, Begur, Vendrell, Villanova, Calella y Vilaseca(5). En la Habana se establecieron, fundamentalmente, los procedentes de Villanova y Barcelona.

Las cadenas o redes migratorias comienzan a establecerse a partir de la ubicación de los inmigrantes en el país reclutador, estas realimentan el proceso. Pueden permanecer inactivas durante largos periodos y se reactivan cuando las condiciones son propicias. Pueden atraer familiares o emigrantes en general. Constituyeron un mecanismo activo para la reagrupación familiar y la inserción económica y social, y provocaron una fuerte tendencia a la emigración a largo plazo y a la definitiva.

Las redes de reclutamiento eran determinadas por una demanda potencial, facilitaban información, financiamiento y suministraba a los interesados el acceso a los mecanismos legales o clandestinos, indispensables para encausar el flujo de la emigración masiva a Ultramar. Muchas tuvieron su origen en la etapa previa a la emigración masiva y se reactivaron a partir de las nuevas condiciones. Estaban compuestas por agentes, sub-agentes, algunos con cargos oficiales, por ejemplo los cónsules y por los llamados "ganchos", primer eslabón de la cadena que realizaba sus captaciones en la masa de emigrantes potenciales, sus actividades eran, por lo general, clandestinas y desarrollaban una labor personal e incesante, los asesoraban y proveían de documentos legales o falsificados y establecían sus redes desde los puertos hasta el mundo rural(6). En algunos casos eran representantes directos de algunos hacendados y establecían, a su favor, onerosos contratos.

Un ejemplo de emigración de este tipo fue, después de los años noventa, la canaria, al igual que la del resto de los españoles a partir de 1882 fue esencialmente masculina y respondió a los requerimientos de la industria azucarera que pagaba salarios mucho más elevados que los que recibían en sus pueblos y aldeas de origen. Para la emigración "golondrina", que ahora se diseñaba, las familias eran un estorbo, se requería una fuerza de trabajo temporal para labores intensivas. El interés primordial de los nuevos inmigrantes, por otra parte, respondía conceptualmente a la idea de acumular cierta cantidad de dinero y regresar a sus regiones de origen; no obstante, algunos inmigrantes canarios, al igual que otros peninsulares, comenzaron a laborar en los pueblos y ciudades. La mayor parte eran vendedores ambulantes, conocidos como "baratilleros isleños", recorrían las calles con las mercancías sobre sus espaldas

Las redes canarias, fueron propiciadas por su Diputación Provincial, el propio Gobernador Civil intercedió ante las autoridades de la Isla de Cuba para que se crease una Junta que debía gestionar el pago de los pasajes, pero la Junta de Agricultura y comercio se preocupaba, pues los inmigrantes que estaban llegando se quedaban en los pueblos y ciudades(7).

Un testimonio que permite observar que las redes comarcales funcionaban también en el caso canario es que de los inmigrantes llegados a Cuba en 1882, 35 eran del municipio de Firgas, a finales de ese propio año arribaban otros 41 procedentes del mismo lugar. Casi el 50% de los españoles que llegaron a la Isla ese año, venían de La Gomera(8). Pero en estos casos no se trataba de relaciones familiares, sino de negocios rentables, como el de la Compañía Importadora de Trabajadores Libres, que enviaba sus enganches a aquellos lugares en que la difícil situación económica propiciaba la emigración(9).

Publicado en Catauro. Revista Cubana de Antropología , pp. 36-59, año 3, no. 4, 2002.

1- Laslett, Peter y Richard Wall: "Introduction, the history of the family", en Household and family in past time, Cambridge University Press, Cambridge, 1972.

2- Tornero, Pablo: "Comercio colonial y proyección de la población: La emigración catalana a Cuba en la época del crecimiento azucarero(1790-1817), en Boletín Americanista, pp. 247, año XXXI, no. 39-40, Barcelona, 1989-1990.

3- Ibídem.

4- Maluquer de Motes, Jordi: Op. Cit. 5, pp. 76-83.

5- Ibídem.

6- A partir de 1914 se simplificó la tramitación de los emigrantes para evitar que tuviesen que acudier a esos inescrupulosos agentes.

7- Paz Sánchez, Manuel de: La Esclavitud Blanca. Contribución a la historia del inmigrante canario en América, pp. 88, Litografía Romero, Santa Cruz de Tenerife, 1992.

8- Ibídem, pp. 90.

9- Los accionistas mayoritarios eran Ibáñez, Calvo, Pulido y Moré, todos dueños de ingenios, miembros del Círculo de Hacendados, y uno de ellos, el segundo, agente en Cuba de la Trasatlántica Española. Ibídem, pp. 102