Burguesía esclavista y abolición

Los problemas de la fuerza de trabajo y la plantación esclavista

Uno de los problemas más complejos a enfrentar por los hacendados de Cuba, dueños de plantaciones, fue el de la fuerza de trabajo. La importación masiva de esclavos constituyó la vía fundamental para resolver permanente demanda de brazos. Después de la primera decena del Siglo XIX la política abolicionista de Inglaterra constituyó un freno para la trata negrera: no obstante, la entrada de esclavos se mantuvo hasta los años 70 del propio siglo.

Paralelamente a la introducción de fuerza de trabajo esclava, los hacendados trataron de desarrollar otras modalidades para suplir este tipo de inmigración coactiva. Estos intentos se evidenciaron en sus manifiestos, representaciones a figuras del Gobierno, e incluso en su correspondencia particular.
El 21 de octubre de 1817, se promulgó una Real Cédula favoreciendo el fomento de núcleos urbanos. En 1818 se creó la Junta de Población Blanca, cuyo objetivo fundamental era el fomento de la colonización europea. Su etapa de mayor actividad puede ser ubicada hasta 1830. A partir de ese momento languidece por razones obvias: las implicaciones prácticas e inmediatas que debían facilitar el fomento de la colonización no fueron resueltas, la ausencia de una política económica estatal propiciada por la metrópoli, o por el Gobierno colonial, que incluyese la entrega de tierras, aperos, semillas, etc., fue un factor decisivo en su fracaso.
La Junta descansó en la iniciativa privada y su acción económica fue muy limitada. En este sentido incidían dos factores primordiales para los dueños de plantaciones: por lo general los inmigrantes blancos y sus familias se dedicaban a la pequeña producción agrícola y no resolvían el problema de la producción en gran escala, además, aunque la prohibición de la trata era teórica y legalmente cierta, en la práctica se mantenía el continuo arribo de fuerza de trabajo africana.
Con motivo de la ofensiva abolicionista desarrollada por Inglaterra a partir de 1840, volvió a renacer el interés por la inmigración blanca. Por Real Orden del 3 de noviembre de 1842, las funciones de la Junta de Población pasaron a la Comisión de Población de la Junta de Fomento, ésta representaba los principales intereses económicos de la colonia.
La comisión inicialmente desarrolló una iniciativa destinada a incentivar el interés particular en la colonización blanca, por medio del otorgamiento de premios. Tal idea no obtuvo los resultados esperados, y los hacendados, no encontrando el apoyo necesario en una política económica estatal que contribuyese a fomentar la inmigración espontánea en gran escala, de forma tal que pudiese resolver la problemática plantacionista, concibieron la inmigración contratada, mediante la cual se lograba el establecimiento jurídico de formas coactivas por las cuales se mantenía a los trabajadores sujetos a la plantación durante un período de tiempo determinado. En lo referente a los inmigrantes blancos los contratos resultaron un fracaso y provocaron también más de un escándalo en el que las asociaciones regionales españolas desempeñaron su papel.
A partir de 1847 comenzó la enriada a la Isla de inmigrantes contratados chinos, ésta se mantuvo durante veintiséis años. Aunque el status jurídico de los chinos no era igual al de los negros esclavos, en el trabajo diario se ejercía sobre ellos una coacción extraeconómica, igual a la que se daba a los negros. En la práctica estos pretendidos contratos encubrían relaciones de producción esclavistas.
El capital necesario para la inmigración de chinos fue suministrado por fondos públicos, por la Junta de Fomento; y por importadores particulares, muchos de los cuales se habían dedicado con anterioridad a la trata negrera. Armadores ingleses y norteamericanos participaron en la trata amarilla, también lo hicieron poderosos hacendados y comerciantes de Cuba, como por ejemplo Julián Zulueta, Feliciano Ibáñez, Mamerto Pulido, el conde de Casa Moré, José Luis Alfonso, Miguel Aldama, el marqués de Almendares, Femando Diago, José María Morales, y otros. A partir de 1850 surgieron consorcios destinados a la inmigración de asiáticos, como por ejemplo "La Alianza", "La Colonizadora", "La Compañía de Hacendados", etcétera.
Fueron los inmigrantes chinos los que, junto a los negros esclavos, mantuvieron la producción de la industria azucarera cubana. Los primeros, con mayores posibilidades que los segundos, por el nivel de desarrollo económico-social de su cultura de origen, pudieron manejar las grandes y complejas maquinarias de los ingenios mecanizados y fueron un factor fundamental en el desarrollo de los mismos. Constituyeron, junto a un pequeño número de blancos, muchos de ellos extranjeros, y a escasos esclavos criollos, la fuerza de trabajo calificada, capaz de desarrollar los procesos productivos del sector fabril del complejo azucarero cubano.
No obstante la inmigración blanca y china, así como los esporádicos grupos de yucatecos que entraron en la Isla, fueron los negros esclavos el enclave laboral más importante de los hacendados. Esto es evidente con el sólo análisis comparativo: de 1847 a 1874 entraron en la Isla 124 813 chinos, pero de 1815 a 1865 habrían entrado, con un cálculo conservador, 531 800 negros esclavos. En 1841, 138 701 negros esclavos trabajaban en los ingenios, en 1862 lo hacían 172 671, a los que se sumaban 1 696 emancipados y 3 876 libres de color; por esta época había 34 050 chinos, la mayor parte de los cuales también trabajaban en ingenios. En 1877, trabajaban en ingenios 94 446 negros esclavos, 21 532 de color libres y esclavos alquilados y 13 956 chinos.
Resulta evidente que la fuerza de trabajo esclava era la que soportaba cuantitativamente, el peso de la producción de azúcar.

Burguesía esclavista y abolición, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1987.
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