Élites y grupos de presión: Cuba 1868-1898

 Resurrección y muerte del grupo de presión insular

Un año crucial para la sociedad cubana lo fue 1892. La crisis provo­ cada en sus estructuras por la caduca y absurda política colonial amenazó con hacer estallar todas las contradicciones internas y ex­ ternas. No sólo no se avizoraban las reformas a las viejas cuestiones reiteradamente planteadas sino que se estrechaba el cerco que es­ trangulaba la economía insular. Los capitalistas se exasperaban, los obreros y artesanos pagaban las consecuencias de la inviabilidad en que se encontraban los principales renglones productivos y el pe­ queño comercio languidecía entre las exigencias de unos y la falta de liquidez de otros; en las áreas rurales el bandidismo se incrementaba con rapidez. No en balde 1892 vio surgir, en la inmigración, al Partido Revolucionario Cubano impulsado por la sagacidad de Martí, sabe­dor que sólo la independencia posibilitaría los cambios y acogió en la isla dos importantes congresos, el de los obreros y el del Directo­ rio Central de las Sociedades de la Raza de Color.

Las condiciones que favorecieron el reagrupamiento del dividi­ do Comité Central de Propaganda Económica estuvieron precedi­das de la posible revocación del Tratado de Reciprocidad con los Estados Unidos a principios de marzo, en ese instante se decidió au­ mentar el número de vocales en el Comité de Madrid y al mismo tiempo reforzar la comisión organizadora de los comités provinciales 91 .

Pocos días después la directiva del Movimiento Económico tenia conocimiento de las gestiones de Romero Robledo con respec­ to a un nuevo arancel que sería implantado -como de costumbre y violando lo establecido-, sin previa consulta a las corporaciones económicas 92 . La opinión pública debía comenzar a movilizarse y para ello convocaron a un meeting en el teatro Tacón que tuvo lugar el día 16 de marzo. Los oradores designados fueron: Benito Celorio, quien hablaría sobre la situación del tabaco; Laureano Rodríguez, que se referiría a los aranceles; Segundo Álvarez, que abordaría la Ley de Relaciones Comerciales; Fernández de Castro, que analizaría la situación del Tratado de Reciprocidad, y Rafael Montero, que haría las conclusiones.

Paralelamente a estas acciones el Diario de la Marina, que bajo la gestión de Emeterio Zorrilla había sustituido la defensa de los intereses de la burguesía insular por los grupos de presión financie­ro, pasaba de nuevo a manos de los económicos y, bajo la dirección de Ramón de Armas, reanudaba la defensa de éstos 93 .

El arancel de Romero Robledo fue presentado a las Cortes el 6 de abril, ese mismo día la Cámara de Comercio se constituía en sesión permanente, el 9 se reunían el resto de las corporaciones y el Comité Central de Propaganda Económica. El proyecto presentado igno raba todos los informes, consultas y criterios que habían sido eleva­ dos, de manera sostenida, por la burguesía insular.

El 8 de abril, los miembros de la directiva del partido conserva­ dor que formaban parte del grupo de presión financiero -entre ellos el marqués de Balboa, y Santos Guzmán-, en una hábil maniobra que les evitaba tener que pronunciarse con respecto a los aranceles, renunciaban a sus puestos. Apezteguía, desde la presidencia, se sumaba a las críticas, respaldando los intereses de la Isla.

Pero a pesar de las protestas el presupuesto era aprobado el 3 de junio, las nuevas tarifas, basadas en éste, comenzarían a cobrarse a partir del mes de agosto. La situación provocó la airada reacción de los gremios que aglutinaba al pequeño comercio, el día 12 cerraban sus puertas las tiendas de Obispo, Rema, O Relly, Muralla, el merca­ do de El Polvorín, y la Plaza del Vapor; el 22 amanecieron cerradas -excepción hecha de las de José Gener, Segundo Álvarez y Leopoldo Carvajal-, las fábricas de tabaco. Pero tanto los pequeños comer ciantes, como los fabricantes de la segunda industria del país, presio­ nados por las consignas que pro­ clamaban la defensa de la nación española, cedieron sus demandas. La acción del Comité Cen­ tral de Propaganda Económica fue muy enérgica, reagrupó sus fuerzas y de abril a septiembre de 1802, fundó numerosos comités provinciales y juntas locales, so­bre todo en la Habana y en Ma­ tanzas, aunque también aparecie­ ron algunos en Pinar del Río. El problema electoral comenzaba a recabar, nuevamente, la atención, como los comités y las juntas esta­ ban integrados por miembros de los dos partidos en pugna y el Partido Autonomista aún mantenía la posición del retraimiento, se analizaba la actitud que debían tomar los económicos de producirse una lucha electoral. Para atraerse a los detallistas, clientela impres­ cindible para las elecciones, el Comité manifestó interés en que se reanudara la recogida de los billetes, aunque aclarando que no debía haber distinción en el valor de los que resultaban canjeados.

Las actividades del Comité Central aparecían en pleno auge, al menos las corporaciones que lo integraban habían rebasado las discrepancias que estuvieron a punto de hacerlo fracasar. En el mes de septiembre éste publicó un segundo manifiesto en el que recalca­ ba sus posiciones sobre las principales cuestiones que afectaban el bienestar material de la sociedad cubana y subrayaba que, con el nuevo presupuesto, no había quedado "un clavo en nuestro meca­ nismo financiero que no haya sido remachado a fuerza de martillo" 94

Élites y grupos de presión: Cuba 1868-1898,

Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1998, pp. 121-124

91 "Comité Central de Propaganda Económica", en El País , La Habana, 2 de marzo de 1892, Loc. cit. (2), leg. 268, no. 3

92 "¿Cuándo sale?", en La Discusión , La Habana, 8 de septiembre de 1892, Loc. cit . (2) , leg. 267, no. 1

93 Las acciones de Zorrilla habían sido adquiridas, a principios de año, por Prudencio Rabell y Manuel Valle, quienes pagaron por ellas 150 000 pesos.

94 "Manifiesto", en La Discusión, La Habana, 8 de septiembre de 1892, Loc. cit. (2) , leg. 267, no. 1.