Muy estimado compañero:

Me complazco en acusarle recibo a su atenta carta de fecha 7 del presente mes, que acompaña el autoreferat de la tesis: Las posiciones de la burguesía esclavista ante la abolición de la esclavitud, un ensayo de interpretación marxista, de que es autora la aspirante a candidato a Doctor de Ciencias Históricas María del Carmen Barcia Zequeira y cuya lectura me ha proporcionado las horas mejores de mi obligada retirada de mis actividades a causa de un ataque gripal. Y me permite examinar la obra de la candidata María del Carmen Barcia Zequeira como un trabajo excelente de importancia extraordinaria para cuantos les preocupa la historia de estas Islas del Caribe, y la influencia del comercio esclavista hasta el Siglo XIX, le pido que cuando se publique me envíe un ejemplar que yo haré llegar al Dr. Maurise Glélé, de la Unesco , y uno de los historiadores que están redactando la nueva Historia de África.

Agradezco su carta y le deseo a Ud. y a la autora de esta obra verdaderamente notable, no abandonar la hermosa tarea que están realizando.

José L. Franco

 

Con talento y tenacidad, María del Carmen Barcia ha cultivado a lo largo de los años algunos temas capitales de nuestra historia social, para dar forma así a lo que es ya un capítulo imprescindible en la historiografía cubana

 

Oscar Zanetti Lecuona

A lo largo de su trayectoria profesional María del Carmen Barcia se ha desempeñado siempre como profesora-investigadora en la avanzada de la producción historiográfica cubana. Con su obra se ha encaminado a develar importantes itinerarios éti co-sociales de las dinámicas profundas de la sociedad cubana del Siglo XIX y comienzos del Siglo XX.

La utilización por la autora de un lenguaje ajustado a las formas expresivas de las ciencias sociales le ha permitido combinar con eficacia sencillez, rigor, sensibilidad, novedad, inteligencia comunicativa en la exposición e interpretación de los temas abordados.

Entregada con absoluta consagración al magisterio , el aula ha constituido para María del Carmen Barcia un espacio fecundo de retroalimentación en el que darse y exigir han constituido sus normas básicas. La sensibilidad y el patriotismo han regido su conducta. Promotora por excelencia de los estudios históricos en nuestro país, es además una mujer de alta coherencia humana, como lo demuestra la organicidad de los vínculos entre su familia y su trabajo, entre su vida pública y privada.

Berta Álvarez Martens

A la profesora María del Carmen Barcia debemos -todos los que alguna vez hemos sido sus alumnos- sentida y sincera gratitud no sólo por su delicadeza y exquisita humanidad, sino porque supo sembrar en nosotros la ansiedad de conocer, la sinceridad para juzgar y -sobre todo ello- la convicción de que, sin una cultura general y un ingente trabajo personal investigativo, no lograríamos jamás ser verdaderos historiadores.

Ella ha abogado sin descanso por los estudios cubanos en toda la amplitud que el concepto supone, y cree que sin amor a Cuba -rasgo que define su propia personalidad- no es posible interpretar lo que hoy acontece, mientras que aquellos que están privados de esa virtud poco podrán aportar al futuro de nuestra patria.

Ha hecho suyo, como idea para la vida, el lema escogido con proverbial sabiduría por Don Fernando Ortiz: " Ciencia, conciencia y paciencia''.

Eusebio Leal Spengler

 

(...)

Aunque me he esforzado en reseñar los aportes más importantes de Carmen Barcia debo reconocer que la necesidad de la síntesis deja fuera algunos de ellos, pero sería imperdonable de mi parte si no mencionara una circunstancia y una cualidad presentes en la vida de nuestra premiada.

Con relación a la primera -que a simple vista pudiera parecer banal o ajena a un elogio de esta naturaleza, pero que en mi opinión es algo fundamental en la vida de las mujeres ante la necesidad de conciliar las metas profesionales con los intereses y las cotidianas demandas familiares- no puedo dejar de mencionar que la fructífera carrera de nuestra premiada y su vasta producción teórica no le impidió una exitosa maternidad por partida doble. Nietos incluidos.
Con respecto a lo segundo, debe tenerse en cuenta que el premio a la obra de una vida no solo reconoce lo que puede inventariarse y calificarse en cuanto a resultados y aportes, sino también lo que es susceptible de valorarse más allá de la calidad. Me refiero a la ética profesional que debe guiar el trabajo del científico, del académico, del creador; su compromiso con la verdad, con su país y con su pueblo. Son cualidades y valores que han guiado la obra de María del Carmen Barcia, los que, unidos a un cierto encanto personal y a la sencillez y claridad que trasmite al formular sus puntos de vista y criterios de convencimiento, enriquece la autoridad científica y moral necesarias para recibir el Premio Nacional de Ciencias Sociales.

Elogio a María del Carmen Barcia Zequeira en ocasión de recibir el Premio Nacional de Ciencias Sociales 2003

Palabras de reconocimiento escritas por Olga Fernández Ríos

 



Al definir como una sociedad en crisis a La Habana de finales del Siglo XIX María del Carmen Barcia analiza profundamente esa etapa histórica para ofrecernos un "fresco" de la vida urbana en sus facetas política, civil y cotidiana. Gracias a ese enfoque plural, este excelente libro logra aprehender las esencias de aquella realidad alejada de nosotros en poco más de una centuria, develando sus complejida­ des corno entramado social que en tránsito hacia la modernidad, se debatía por librarse del yugo colonial.

Como resultado, entre otros aciertos, esta obra contribuye a iluminar problemáticas tales como el nacimiento y forja de la socie­ dad civil habanera, cuando a partir de 1878 -y sobre todo en la década de los 80- comienza a proliferar el número de asociaciones (sociedades y corporaciones) como expresión de disímiles grupos de intereses: políticos, profesionales, recreativos, artísticos, frater­nales..., incluidas las organizaciones obreras y sindicales, cuyos di­ rigentes tendrán una vida azarosa, fugitivos de la persecución des­ atada contra los anarquistas por el poder colonial.

Eusebio Leal Spengler

 

La historia cubana en los años finales del Siglo XIX es rica en problemas y matices y su conocimiento resulta esencial para comprenderla. En esa etapa la sociedad cubana transitaba de la tradición a la modernidad, dejaba atrás la producción sobre la base de hombres física y jurídicamente esclavizados; modernizaba sus instalaciones fabriles; introducía el telégrafo, el teléfono, la luz eléctrica; incrementaba las publicaciones, y creaba formas asociativas que protegían los intereses de individuos, sectores y grupos, pero todos estos cambios se producían en un país colonizado que lucha­ ba por obtener su independencia.

¿En qué medida esos acontecimientos tuvieron una significa­ ción trascendente para nuestra sociedad o fueron simplemente su­cesos políticos que no cambiaron en lo fundamental el proceso que se venía produciendo? Al analizar la historia profunda de la sociedad cubana durante los años que precedieron a esos acontecimientos encontraremos la respuesta. Este libro muestra la sociedad cubana de finales del Siglo XIX y algunas de las complejidades por las que debió atravesar.

Nota editorial de contracubierta de

Una sociedad en crisis: La Habana , finales del Siglo XIX

 

 

(...) el estudio monográfico de la historiadora María del Carmen .Barcia sobre los grupos de presión e interés coloniales debe ser valorado como un primer acercamiento a esa "otra cara" de la realidad cubana de la segunda mitad del Siglo XIX. Ahora bien, el carácter precursor de esta investigación no ha llevado a su autora de la mano a formular generalizaciones presurosas ni a proclamar el descubrimiento de conductas y actitudes de amplios conglomerados o colectivos sociales. De hecho, los grupos objeto de esta investigación, ya sean grupos de presión o de interés, son pequeñas agrupaciones restringidas, cuya función de representación o defensa de intereses colectivos más amplios pueden estudiarse empíricamente de manera particularizada. En algunos casos sus actividades preceden históricamente la aparición de los partidos políticos coloniales, como precisa la autora; en otros, su praxis coexiste de manera temporal con las funciones de representación más amplias de agrupaciones políticas de mayor predicamento.

Jorge Ibarra, A manera de prólogo,

sobre el libro Élites y grupos de presión: Cuba 1868-1898

 

(.) Aborda un tema inédito en nuestra historiografía, que pone sobre el tapete el accionar político de esas agrupaciones en el entramado de una compleja etapa de nuestra historia. En ese contexto refleja la diversas tendencias que se movían y que incluso decidían cuestiones de especial trascendencia para la política colonial.

Fragmento de la nota editorial de contracubierta

de Élites y grupos de presión: Cuba 1868-1898