Nunca es ocioso para la curiosidad eternamente despierta del buscador,
reconstruir al poeta por la ruina que dejó en los fragmentos esparcidos
de una presencia que se eclipsa sin desaparecer del todo, por aquellos
caminos a donde él va o lo lleva su predestinación. Porque el poeta
es todo querer sin querer que, como agua despeinada, corre hacia
su querencia momentánea con el temblor del alumbramiento.