Miguel A. D’Estéfano Pisani nació el 31 de julio de 1918 en la ciudad de La Habana, en lo que hoy se conoce como municipio de Centro Habana, hacia donde se había desplazado entonces el centro de la vida comercial y cultural de la República.

De su padre, Antonio D’Estéfano Brigante, natural de Padula, en la provincia de Salerno, Italia, maestro cortador de sastrería, francmasón y dilettante de la ópera —como todo buen italiano—, y de su madre, Angela Pisani Martino, de Castrovillari, provincia de Cosenza, cerca de Nápoles, mujer enamorada del mar, de la alegría y la buena mesa, heredó Miguel un carácter expansivo, jovial, de "poeta loco" —dirían mis discípulos— que lo ha acompañado a lo largo de su fecunda existencia.

Su vida ha sido la de un saltimbanqui: —"he crecido en todas partes del planeta"—. Y lleva razón, pues sus pasos van desde la habanera calzada de Galiano

 
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Foto reciente del Dr. Miguel A. D’Estéfano Pisani, Premio Nacional de las Ciencias Sociales en Cuba.
y viajan al patio de sus abuelos maternos en Castrovillari, se pierden en la occidental ciudad cubana de Artemisa, y regresan luego a la capital, al Instituto de La Habana —el mismo en el que estudió el joven José Martí— para erguirse definitivamente en la escalinata, aulas y el patio de laureles de la Universidad de La Habana.

—¡Qué años aquellos!... el Aula Magna... recuerdo a muchos... ¡mis profesores!... y el bedel de Roberto Hernández, y el "zurdo", y los crímenes de los bonchistas de esos años, y el asesinato de Ramiro Valdés Daussá por la dictatura.

En 1940 Miguel A. D’Estéfano inicia su vida periodística en las páginas del periódico Demos, de Artemisa, publicando una serie de lúcidos artículos sobre lo que él entendía eran las bases del proceso constituyente que entonces se llevaba a cabo. Dos años más tarde, se gradúa de Derecho y comienza a ejercer la profesión de abogado en distintos bufetes habaneros, labor que no detiene hasta 1960.

Prolífico y multifacético, D’Estéfano se enrola desde 1945 en la actividad educacional desde el mismo ministerio del ramo y, a la vez, comienza a desgranarse una obra investigativa y literaria que tiene su punto de partida en el ensayo etnográfico-criminal La delincuencia de los indios en Cuba, escrito a la sombra de Don Fernando Ortiz —polígrafo mayor y "Tercer descubridor de Cuba"—, quien lo alienta a profundizar sus estudios de derecho penal y criminología y a publicar otras obras afines que, como hoy lamenta, no pudo entonces escribir.

Su labor autoral florece en esos mismos años de la mano del editor español Jesús Montero —"mi amigo, mi agente y de quien fui humilde y fiel colaborador... republicano fiel a su patria, a Cuba y a su casa"— de quien solo se separó cuando en 1961, solterón, viejo y enfermo, casi ciego, Jesús regresó a dejar sus huesos en la tierra donde nació.

Cuarenta y un libros sobre Derecho Internacional, Político, Penal y Civil, 56 trabajos en impresiones ligeras, cerca de cien colaboraciones con publicaciones especializadas y la coautoría de unos 25 libros son cifras que no reflejan, a pesar de su vastedad, la estatura de este clásico vivo del Derecho, cuya prolijidad lo designa, después de José Martí, como uno de los autores cubanos de más vasta pluma.

Entre las obras más destacadas del profesor D’Estéfano, puede relacionarse su imprescindible Comentarios al Código de Defensa Social, que alcanzó catorce volúmenes.

A los libros y la prosa periodística se sumaron desde 1944 los premios jurídicos, literarios, periodísticos y una popularidad derivada de defender las mejores causas internacionales, el antifascismo, la justicia social para los empleados públicos y contra los abusos penitenciarios, cultivada como locutor y comentarista radial en las emisoras Onda Occidental y Onda Hispano-Cubana, y también, desde las páginas del Boletín del Seguro del Abogado, de las revistas Enquiridion y Revista Cubana de Derecho, el diario La Calle y en muchas otras publicaciones periódicas.

Vuelve a las aulas en los años 50 como profesor de Elementos de Cívica y de Derecho Penal y Penología de la Escuela Penitenciaria Nacional, profesor de Derecho Penal de la Universidad Masónica de La Habana, profesor de Derecho Político, Civil y Fiscal y de Geografía de la Candler Collage University of Havana, profesor de Historia Moderna y Cívica del Colegio Excelsior.

En 1953 —año tremendo de la historia de Cuba, el año que Fidel Castro se consagra para todos los tiempos con el asalto al cuartel Moncada— D’Estéfano cumple con el mandamiento de amar y construir una familia. Ese año, en un invierno tenso, contrae matrimonio con Lina Gallo y comienzan ambos a sembrar de retoños el mundo. Por orden, van llegando Miguelito, Antonio, Augusto y Carlos (nombres muy romanos y muy cubanos a la vez). —"De todos estoy orgulloso... algunos ya me dieron nietos y otros aún no se deciden... Ellos me ayudan mucho hoy."

En Artemisa —"esa tierra donde tan rico se da el plátano y de la que nunca he salido"— preside la Sociedad Cultural, el Club Rotario y simultanea otra funciones públicas, legales y sociales con la Secretaría del Consejo de Dirección de la Prisión de La Habana y el magisterio en Cívica Derecho Penal y Penología, que comienza a desempeñar en la Escuela Penitenciaria Nacional, así como en Derecho Penal, Político, Civil y Fiscal desde las cátedras de la Universidad Masónica y de la Universidad Candler College de La Habana.

En esa misma época crece su producción periodística y literaria con la salida de nuevos trabajos y títulos y la reedición de otros anteriores. El Diccionario Jurídico, en el que trabaja junto con el Dr. Pérez Lobo desde 1955 y hasta 1960 marca un hito. También inicia una estela memorable como comentarista de la Revista Cubana de Derecho y en otros periódicos.

El triunfo de la Revolución en 1959 lo hace proclamar en una muy citada conferencia:

"Para Cuba que se alza, la primera palabra, y la primera palabra libre en muchos años, del Club Rotario de Artemisa, para Martí.

Del hechizo de sus palabras se sale como se sale de un baño de luz. Un adjetivo basta para alzar un edificio de ideas y otro adjetivo para derribar una montaña de iniquidad. No se le oía, se le sentía (...)"

"Ninguna hora como la de ahora para apercibirnos de cómo entendió y quiso Martí a la República. Esta República que estamos en el deber de mirar con nuestro mayor amor: Para que avance. Para que acabemos de sentirla digna... A Martí llorémosle y venerémosle. Pero sobre todo sigámosle. Sigámosle de una vez."

La capital lo acoge definitivamente en 1961, con el pueblo ya en el poder. Se suma al torbellino revolucionario, a la construcción del nuevo Estado de Derecho, a la defensa del imperio de la ley vulnerada hasta ese momento por una sangrienta dictadura pronorteamericana y un espacio privilegiado le reserva el recién creado Ministerio de Relaciones Exteriores. Miliciano, diplomático, juez internacional, profesor, consultor jurídico... son varias las tareas que cumple desde entonces y a la vez. Descuella en medio de la crisis de los misiles de 1962 al tipificar desde el punto de vista del Derecho lo que aún muchos no veían o no se atrevían a ver:

"Kennedy, al ordenar el establecimiento de un bloqueo naval en tiempos de paz, impone una medida de guerra sin la existencia de la guerra misma, por lo cual incurre en una trasgresión más del derecho internacional ya que a la unilateralidad de la decisión adoptada, por encima de los organismos internacionales que pueden imponer las medidas coercitivas, se une el atropello de nuestros derechos y el irrespeto y violación de los derechos de los demás Estados a la libre navegación".

Desde entonces, D’Estéfano acumuló no solo una impresionante obra intelectual, sino un aún más comprometido servicio público a Cuba: alcanzó el doctorado en Ciencias y la categoría de profesor de Mérito y Profesor Titular de la Universidad de La Habana y del Instituto Superior de Relaciones Internacionales. Fue Asesor del Ministro de Relaciones Exteriores y Director de la Dirección Jurídica del MINREX, presidente de la Asociación Cubana de Naciones Unidas, de la Sociedad Cubana de Derecho Internacional y del Grupo cubano del Tribunal permanente de la Corte de Arbitraje Internacional de La Haya. Ha recibido las máximas condecoraciones científicas de Cuba y ha representado al país en numerosos congresos, conferencias, reuniones, simposios, seminarios y otros eventos internacionales, así como en períodos ordinarios de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

También Presidente de la Comisión de Juristas del Movimiento Cubano por la Paz y la Soberanía de los Pueblos, miembro del Grupo de consejeros del Ministro de Justicia de Cuba y Asesor emérito del Centro de Estudios de Asia y Oceanía, suma a su condición de Maestro de varias generaciones de juristas y de egresados en relaciones diplomáticas, un fecundo quehacer científico, organizativo y divulgador de las concepciones, principios, valores y prácticas de la revolución cubana tanto dentro de las fronteras del país como en el mundo, que ha dejado una profunda huella en el ámbito de las ciencias sociales cubanas, en el de la política exterior, en el de la solidaridad y en el internacionalismo.