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"La poesía de Mirta Aguirre se nos afirma en Ayer de
hoy como un momento insustituible en el proceso creador de la
literatura cubana. [...] [E]sa natural espontaneidad que se desprende
de cada imagen, de cada verso, no sólo son achacables a ciertos
dones que requiere toda obra poética, sino al gustoso ejercicio
de una disciplina que ha atendido siempre las leyes de la preceptiva
y también muy sabiamente, a su libre albedrío. [...]
[E]l lenguaje poético de Presencia Interior, en su búsqueda
de ambición filosófico-social, se expone mediante una
palabra que antes que cualquier otra cosa es un instrumento de poder
alusivo y ese lenguaje es, ante todo, una suma de equivalencias permanentes.
La poesía de Mirta Aguirre, pues, rebosa "esa salud artística
que viene de respirar a pulmón inflado el aire del tiempo"
[Juan Marinello: Poética. Ensayos de entusiasm, Madrid,
Espasa-Calpe, 1933], conjunción magistral, como es, de lo social
y lo lírico."
(Nancy
Morejón: "Mirta
Aguirre y su ayer de hoy",
Casa de las Américas, año. XXI, no.122, pp. 128,
131, La Habana, septiembre-octubre, 1980)
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"«Cuando
el encausto se vuelve sangre» cuestiona juicios existentes,
plantea interrogantes y abre nuevos derroteros para el estudio de
la vida y la obra de la Décima Musa. Es una contribución
imprescindible a la bibliografía sorjuanina, obra de consulta
obligada que vale tanto por lo que revela como por la manera que enfoca
los escritos y la biografía de Sor Juana Inés de la
Cruz."
(Raquel
Chang-Rodríguez: "Mirta
Aguirre. Del encausto a la sangre:
Sor Juana Inés de la Cruz", Revista Iberoamericana,
no. 104-105, p. 591, Pittsburg, julio-diciembre, 1978)
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"Va
también a lo largo del libro una hermosa corriente de poesía
'revolucionaria' que considero y deseo accidental, pues traerá
la verdad de todos: la de Mirta Aguirre, por ejemplo, quien le ha
conseguido su acento más noble"
(Juan
Ramón Jiménez: "Introducción",
en La poesía cubana en 1936, Institución Hispanocubana
de Cultura, La Habana, 1937, p. XIX)
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"[N]o
puedo dejar de decirle mis complacencias con su libro [se refiere
a Presencia interior, 1938], porque otra cosa sería
desagradecimiento. Siendo la seria y tímida persona que es,
también sabe jugar. Todas esas primeras poesías, mediocoplas,
son grandes aciertos. Y es que la lengua a todos nos mete en folklore,
querámoslo o no, y en el folklore profundo que es el español,
a pesar de sus chirigotas. [...] El tema de la sombra me obsesiona
también. Pero ahí tengo en Tala algo medio fallido.
Esto sí me llena. Pero Ud. se la quiere a su sombra y yo me
la detesto. Ya está Ud. muy madura y muy sabia en ese precioso
"Soneto agua-mar". Mucho. ¡Aleluya por esta generación
que a los 25 tiene semejante razón! ¡Y la "Posibilidad",
qué grave cosa llanamente dicha! Como en el "Encuentro",
que Dios le guarde.
El "Camino" me lo quisiera aprender de memoria. Le aprendo
la lección de la "Vida profunda". En otra encarnación,
que Ud. me enseñe estas cosas, Myrta (sic), de tremendo saber
en otros, de adivinar maravilloso en Ud.
La "Infancia", amiga mía, es de las nobles y canadas
(sic) poesías (canadas hacia adentro y hacia afuera) que yo
he leído. "El cadáver de un niño entre mis
brazos". ¡Ay, cómo le llevo yo y cómo le
entiendo en Ud.! Esto y el "Último poema" te ganan
mi alma de media sangre, de medio hermana; para siempre. ¡Qué
hermosa alma fuerte le dio a Ud. Dios por la mano de su raza! Y qué
bravo orgullo siento, Myrta, de haberla conocido y de que Ud. quede
aquí en su Cuba, confortando el aire americano, el de los míos.
También a mí me afirmará usted desde lejos, créalo."
(Carta
de Gabriela Mistral a Mirta Aguirre. Citada por Nancy Morejón
en "Mirta
Aguirre y su ayer de hoy",
Casa de las Américas, año. XXI, no.122, pp. 129-130,
La Habana, septiembre-octubre, 1980)
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"Cuando
el lector avezado en el placer de la poesía entra por primera
vez al mundo lírico de Mirta Aguirre a través de aquel
breve tomo de 1938 titulado Presencia interior -más
tarde recogido en su libro Ayer de hoy junto algunos otros
poemas y ensayos-, seguramente queda sorprendido por el alto oficio
artístico que denotan aquellos versos en los cuales no se pierde
la autora en un monótono regodeo rítmico, no vacila
en la mudanza de las diferentes estructuras poéticas, ni agota
su inspiración en unos pocos temas gastados por el uso común.
De ninguna manera podían ser aquellos los primeros pasos de
alguien que con tanta destreza se orientaba entre los múltiples
metros y rimas de la tradición literaria española e
hispanoamericana, sin negar el origen, sin borrar las huellas, pero
sin dudar ante el despegue creador y la renovación consciente
de los moldes poéticos.
Romances, sonetos, pareados, versos libres, utilizados todos con un
nivel parejo de pericia y originalidad, sobresalen en esta primera
muestra de su arte desarrollado en el profundo conocimiento de las
literaturas hispánicas, pero al calor de las particulares circunstancias
socio-políticas que desde muy temprano determinaron el compromiso
de esta poesía con el quehacer revolucionario de la autora
y por tanto definieron su perfil ideotemático como el elemento
de mayor relevancia de esta obra, al cual se acopla la forma métrico-rítmica
sin resistencia, pero sin indigna servidumbre, en maravilloso acomodo
del significante sonoro con el elemento conceptual"
(Susana
Montero Sánchez: Obra poética
de Mirta Aguirre: dinámica de una tradición lírica,
pp. 9, Editorial Academia, La Habana, 1987)
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"Una
comunista, como Mirta, y una católica, como Fina, nos revelan
con sus miradas el lenguaje de la mujer de este siglo desde la intimidad
del sujeto que, en ocasiones, trasciende el ego individual para asumir
la polifonía de lo colectivo, por razón de fe y/o de principios.
[
]
Si el tono íntimo habla en la poesía de Fina García
Marruz, y este se desborda en la plenitud de una religiosidad auténtica,
si el amor en su lírica es obra de fe, rasgos que compartirá
con otros origenistas, en la poesía de la Aguirre está
la eclosión de la luz -rota la penumbra de la noche- y la manifestación
intrínseca del proceso ideológico (no solo de su referente
político), cuando la voz de la mujer se abre a la diversidad
temática que se extiende desde el amor individual, el flujo y
reflujo de las parejas humanas, hasta el discurso anunciatorio de una
militancia de la que nunca se reniega. Pero es en la impronta existencial,
sí, lo que no es igual epistemológicamente a existencialismo,
donde esta mujer palpita con vehemencia y alcanza la totalidad, sin
mimetismos ni falacias. [
]
En la poesía édita de Mirta Aguirre, en lo que conocemos
de su obra lírica -sabemos que hay más de un volumen lamentablemente
no publicado todavía que podría enriquecernos y negar
ese aparente mutismo suyo-, sobresale esa feminidad, la pasión
que lleva a esta poeta a establecer comunicaciones sobre la base de
la igualdad y no de la complacencia, con otras voces mayores de las
letras hispánicas, de quienes fueron sus coetáneos. Y
pienso en el Neruda de las Residencias, o en el Vallejo de los Poemas
Humanos y siempre [
] el Lorca de Poeta en Nueva York. Sin asumir
el surrealismo como opción estética, si están los
códigos metafóricos de las vanguardias artísticas
[
] y, sobre todo, en esa cuerda erótica que no ha tenido
el merecido estudio y divulgación, el conocimiento y el aplauso,
corrida sobre Mirta la sombra de su notoria condición política
que opacó su nombre poético.
(Mercedes
Santos Moray: "El
discurso femenino en la poesía cubana de Mirta Aguirre y Fina
García Marruz",
Temas, no. 5, pp. 127, La Habana, enero-marzo, 1996)
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