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El cangrejo volador
 

Había una vez un cangrejito nuevo que estaba haciendo un hueco profundo en la tierra, cuando, sin más ni más, vino una paloma torcaza a darle conversación.

— ¡Bonito que te está quedando el pozo ese! —dijo la paloma, y el cangrejo, levantando los tarritos de sus ojos, la miró tranquilo y respondió:

— No se trata de un pozo, estoy haciendo mi casa.

— ¡Cómo! —exclamó asombrada la paloma—. ¿Ese oscuro agujero tu casa?

— Pues ... sí, mi casa.

— Pero, ¿cómo se entiende ese disparate, muchacho?

— No veo ningún disparate, señora Paloma.

— ¡Ah!, ¿que no? ¿Pero te parece poco llamarle casa a un agujero en la tierra? Escucha: si puedes vivir en la rama de un árbol, ¿cómo vas a habitar en el fondo de un pozo oscuro?

— Señora —dijo dignamente el cangrejito—, ¿se olvida usted de que está hablando con un crustáceo? No soy una paloma señora.

— ¿Pero eso qué importa si eres un cangrejo con voluntad?

"Un cangrejo con voluntad", se dijo el cangrejito levantando directamente al cielo los tarritos de sus ojos. ¿Sería posible eso? Mas, enseguida contuvo su entusiasmo:

— ¿A quién se le ocurre que un cangrejo pueda vivir en lo alto de un árbol como un pájaro más del monte? ¿Señora, no se estará usted burlando de mí?

— No me burlo de nadie. Digo que si puedes vivir en lo alto de un árbol, ¿cómo vas a pasarte la vida bajo tierra?

— Pero es que toda mi familia lo ha hecho siempre así.

— Ya me imagino a toda tu familia; es decir, por uno que empezó una vez, todos los demás han seguido haciendo lo mismo. ¿Y es que en tu familia no hay aspiraciones?

— Bueno, hay cangrejos ... aspiraciones, que yo sepa, no.

— Bien —dijo la paloma— entonces tú vas a ser el primero de los tuyos que viva en un árbol [...]

 

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Corrección editorial:
Ruth Leyen Fernández

Actualizado: 27/05/02

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