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| PRESIDIO MODELO,
18, 3, 1932 |
D. Enrique José Varona,
Calle 8, entre Calzada y Línea,
Vedado, Habana.
Querido y admirado Maestro:
Antes que nada déjeme decirle
todo nuestro deseo de que el largo tiempo que va sin
que sepamos de usted lo haya pasado bien, sin aquella
molestia del pie que le impedía alguna vez sus
diarios paseos.
No lo pude volver a visitar después de aquella
noche en su casa, cuando los que organizábamos
el homenaje a usted fuimos a notificarle los pormenores
del mismo. Desde aquella noche, el tiempo para mí,
como para casi todos, ha sido un viento rápido
y fuerte. Pasé casi un mes en el Hospital como
consecuencia de los sucesos del 30 de septiembre y luego,
en las prisiones, llevo ya consumido un año,
no menos de un año. Y parece que se prolongará
todo esto y que nadie es capaz de calcular hasta qué
límites alcanzará esta extraña
situación nuestra.
El convencimiento de esto último, y la costumbre
de la cárcel, nos ha hecho adoptar normas de
vida peculiares. Hemos divido tan bien el tiempo que
el día nos parece corto. Se nos pasan corriendo
los días. Estudiamos de todo y enseñamos
de todo. Un grupo de aquellos muchachos que iban a su
casa en el año 1927 están aquí
y entre todos hemos organizado las clases y los estudios.
Tenemos una serie de "Academias", cada una
con su grupo de alumnos o "miembros". Todo
se hace jovialmente, pero con provecho de veras. Las
dos primeras que fundamos -y esto le será grato-
fueron las de "Arte Filosófica Platón"
y de "Alumnos de la Revolución Robespierre".
En la primera decidimos estudiar Historia de la Filosofía
y no teniendo nada mejor, leemos todas las noches el
libro de Feuillé. Ahora, ya avanzados en la lectura
-vamos por Leibnitz- acordamos que todas las semanas
uno de los "miembros" de la Academia diera
una conferencia sobre los temas tocados, siguiendo un
orden cronológico. Pero lo cierto es que tropezamos
con el inconveniente de la falta de libros. Tenemos
a nuestra disposición la Biblioteca del Penal;
pero, naturalmente, los libros de tal naturaleza escasean
en ella. Desde luego que, antes que en nadie pensamos
en usted para que nos orientara y para que, al mismo
tiempo, ya que tantas revistas le llegan sobre la materia,
si en alguna encontrara algo que nos fuera útil,
nos la remitiera. Preferimos, en estos momentos, cualquier
cosa sobre filosofía antigua, especialmente griega,
tanto como por ser fundamental en tantos aspectos, como
porque nuestro libro pasa sobre ella demasiado rápidamente.
Apreciaríamos también, pero de modo muy
especial, cualquier trabajo suyo, que leeríamos
en "Sesión Solemne" y que luego guardaríamos
en nuestra pequeña biblioteca que nos están
haciendo. Porque estamos instalados aquí como
si fuéramos a pasar años.
Observe, Maestro, cómo el buen humor de la juventud
no se pierde a pesar de todo y cómo nos las arreglamos
para salir a la calle con muchas cosas nuevas que nunca
hubiéramos aprendido de estar en libertad. Estamos
a punto de parar en filósofos, ya que hemos llegado
a tomar con filosofía nuestro pequeño
desastre.
De usted hablamos a menudo nosotros y siempre con cariño
y devoción. Todo esto se lo quiero expresar en
nombre de todos incluyendo mi propia y profunda simpatía.
Pablo de la Torriente Brau
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