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| CUATRO MUCHACHAS
EN EL FRENTE |
Maruja, Libertad, Marina y Soledad:
Cuatro muchachas en el frente que yo he conocido; que
he hablado con ellas unas horas nada más, y que
me parecen recuerdos antiguos e inolvidables.
¡Maruja, Libertad, Marina y Soledad!
Cuatro muchachas del frente.
Cada una de ellas tiene una vida. La mayor apenas tiene
dieciocho años.
Maruja es madrileña; Libertad, mallorquina; Marina
y Soledad son catalanas.
Maruja tiene dieciocho años. Es la mayor de todas,
pero parece la menor. Es pequeña, casi rubia,
de grandes ojos infantiles. Le mataron el novio y el
hermano y cayó ametrallada en la sierra de Guadarrama.
Morirá en la montaña vengando a sus muertos.
Ella dice que es la única manera de recordarlos.
Y no siente el temor de la muerte. La vio tan pronto
y la ha visto tan pródiga, que para ella ha perdido
el prestigio del misterio. Es una muchacha del frente.
Más pequeña que su fusil. Morirá
en la montaña vengando a sus muertos. Y, sin
embargo, sobre la tierra, muerta, parecerá, tan
frágil, tan bonita, una paloma que cayó.
Libertad tiene dieciséis años. Se llama
Libertad porque su padre es revolucionario. Su hermana
se llamaba Aurora. Es elegante porque es costurera.
Y es una linda muchacha de rico pelo negro. También
es pequeña, pero ha oído los fusilamientos
nocturnos y ha entrado en los conventos fortificados
por los fascistas, en Tarragona, al asalto, con el pueblo
furioso, asesinado, y de allá se trajo para banderas
rojas de la Revolución, los mantos purpúreos.
Allá, en Mallorca, bajo la presión fascista,
sus padres y su hermana Aurora han sido fusilados, porque
nacieron y vivieron, como ella, para la Revolución.
Pero Libertad hace ahora comunistas en Barcelona. No
tiene sino dieciséis años. Está
preparando las listas de los hombres que irán
más tarde a Mallorca, con ella, a fusilar a los
que fusilaron a su hermana Aurora y a sus padres, dos
viejos de la Revolución.
Marina tiene diecisiete años. Es delgada, fina,
de lacio pelo negro que le sacude la frente como el
ala de un pájaro imprudente. Todos los compañeros,
hombres y mujeres, siempre la están buscando.
Porque tiene la inteligencia en los ojos y la decisión
en los gestos. En los días trágicos, peleó
en las calles. Y ella recuerda: "No es nada agradable
ver caer a los compañeros... pero tú sabes...
las mujeres siempre somos un poco sentimentales."
Después, dominada Barcelona, se fue al frente
de Aragón. Y trajo este recuerdo: "Nuestros
combatientes son formidables. No combaten sólo
por heroísmo, sino porque saben que deben combatir."
Ni en las calles ni en el frente adquirió la
noción del peligro. Piensa que nunca estuvo expuesta:
"Sólo el peligro que corrían los
demás compañeros." Mas, aunque tiene
el corazón de acero, un recuerdo siempre tiene
para lo que vio en Barcelona, cuando estuvo en el asalto
al cuartel de Atarazanas. Allí, una mujer del
pueblo, a su lado, respondió el fuego de los
rebeldes. Cuando vino la hora del asalto, la mujer,
pistola en mano, entró al cuartel. Y la vio llorar,
abrazada a un prisionero, un soldado que era su hijo...
Marina es ya, a los diecisiete años, la secretaria
de Organización del Comité Militar. Será
un dirigente famoso. Y, si algún día la
fusilan, morirá cantando La internacional.
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