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Crónicas
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I
Polémica con el enemigo
(continuación)
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-Sólo eso queríais,
canallas. Vagos es lo que sois y no trabajadores... Pero
ya pronto tomaremos Madrid.
-Oye fascista, y ¿por qué no tomáis
primero Gascones, que es más pequeño? ¿Os
acordáis del 22, no?
-Rojillos, ¡hijos de puta!
Y una llovizna de la ametralladora silbó encima
del parapeto. Les había "hecho efecto"
el recordarles la paliza que allí mismo habían
llevado el 22 de septiembre.
Los nuestros siguieron en el ataque.
-Oye, Calvo fascista (Calvo era el cura que hablaba generalmente
por ellos), oye, español, ¿cuánto
pagáis al italiano del avión y a los alemanes
de la antiaérea? ¿Qué os han hecho
las mujeres y los niños? ¿Por qué,
cristianos, traéis moros? ¿Por qué
empleáis balas explosivas? Y contestaron:
-Nosotros luchamos por una España nueva. Y vienen
italianos, alemanes y moros, porque tenemos el apoyo del
mundo entero. Nosotros también vamos a luchar por
el trabajo. Pero queremos una España para todos,
pero no para unos pocos, como vosotros, que os llamáis
trabajadores y no queréis trabajar. Detrás
de nuestros parapetos reina el orden en todos los puntos.
-Claro, reina el orden de los cementerios -gritó
uno de los nuestros.
Y entonces fue cuando el teniente me dijo:
-Compañero, debías hablarles tú,
que vienes de fuera, para que les cuentes lo que se piensa
de España.
Yo, por mi cuenta, ya les iba a hablar, así es
que me anunciaron a grandes voces:
-Eh, fascistas, aquí hay un periodista cubano que
va a haceros un informe que podrá interesaros.
A callaros, pues. No rebuznéis más.
Y cuando se hizo el silencio comencé el primero
de mis tres discursos de la noche:
-Compañeros fascistas, grité a buena voz
-y me oyeron aquella noche a lo largo del hueco del valle,
en los lejanos parapetos de Gandulla-, soy periodista
y vengo de América. Vengo de Cuba, de los Estados
Unidos, de Bélgica y de Francia. Y puedo darles
informes del Canadá y de toda la América
Latina. El mundo entero está en contra de ustedes.
Los obreros del Comité Antifascista de Nueva York
recogen muchos miles de pesos para sus compañeros
españoles; en Francia, en breves días, se
reunieron cinco millones de francos; en Bruselas, en una
semana, se pasó del millón de francos; los
obreros canadienses y los ingleses nos envían ambulancias
y material sanitario, y desde México, los obreros
mexicanos han remitido los rifles y los millones de cartuchos
con que ahora estamos disparando contra ustedes. Pero
no es sólo esto. Con ustedes hay italianos y alemanes
mercenarios, pagados por sus gobiernos, enviados por Hitler
y Mussolini, los dos chulos provocadores del cabaret político
de Europa, pero con nosotros están los alemanes
y los italianos que luchan por la libertad de sus países.
Y esta misma peña, que nunca han podido tomar ustedes,
lleva el nombre de un compañero alemán.
Con ustedes está la canalla del mundo. Ustedes
son mandados por traidores. A nosotros nos mandan luchadores
de la libertad y nos apoya el proletariado del universo
entero. Aún tienen tiempo. Los que de ustedes tengan
callos en las manos y hayan sido arrastrados o por la
amenaza o por el engaño, que se pasen a nuestras
filas y serán recibidos aquí con los brazos
abiertos. Los otros, los explotadores, los vividores de
toda la vida, que se preparen a la muerte, porque no hay
esperanzas para ellos. No se dejen engañar. No
hay esperanzas para ustedes. Somos más y somos
mejores. La guerra la ganaremos porque España no
quiere seguir siendo esclava; porque sería preciso
el exterminio total de los españoles, como ya tuvieron
que hacer ustedes en Badajoz. Nosotros también,
los hispanoamericanos, hemos venido aquí y allá
reunimos dinero para la causa del pueblo español,
porque estamos contra la España que ustedes quieren
prolongar, la vieja España de la explotación
de nuestros pueblos, contra la que fue nuestra madrastra
y ahora será nuestra hermana mayor, por ser la
primera en obtener la libertad. Y hasta mañana
fascistas.
Parece que mis informes los impresionaron, porque cuando
acabé no irrumpieron a rebuznos ni graznidos, sino
que continuó el silencio. Entonces los nuestros
comenzaron a hacer chuscos con ellos y a preguntarles
que si se habían asustado con los informes.
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