Cuentos

 

ASESINATO EN UNA CASA DE HUÉSPEDES
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-...fkrrsttppyuc... Shiiiii... sh... ¡Mi madre!... sh... ii... prá... pácata... ¡Ay, mi madre!... ¡Bestia... animal, mi brazo!... ¡Ay, ay!... ¡Hijo de mi madre!... ¡Animal, con mi brazo!... ¡Mal rayo te parta, bájate pa que veas qué clase de madre es la que yo tengo!...


Desde luego que lo anterior no puede ser más que un retrato hecho por Velázquez, una fotografía onomatopéyica de un choque de guaguas en La Habana; y yo se la he puesto así, en los ojos, para que usted conozca enseguida el momento psicológico en que nació dentro de mí el más deslumbrante y trascendental de mis pensamientos: ¡cometer un asesinato!...


(Antes de continuar la lectura el lector debe saber que el que esto escribe es un asesino enamorado de su profesión y dispuesto en todo momento a repetir su crimen si las circunstancias lo exigiesen. No se trata, pues, de un simple escritor, de esos que "confeccionan" en cuentos y novelas, crímenes terribles en los que hacen correr tanta sangre, que al cabo el Amazonas resulta un ridículo arroyuelo tributario, y que, luego, cuando alguna noche descubren un indigno ratero debajo de la cama, se ponen a dar más gritos que una mujer pariendo... Esta gentuza intelectual es de la que casi siempre manda a matar las gallinas al carnicero, porque no pueden "resistir" ver eso...
Si el lector, después de lo que ha leído, no tiene escrúpulos de señorita del siglo pasado, puede seguir. Ya sabe que se trata de una narración hecha por un asesino enamorado de su profesión, y que, por lo tanto, no tiene que buscar aquí filigranas literarias ni argumentos de esos tan complicados que más parecen jugadas de ajedrez... Aquí sólo hay lo que yo quiero que haya: unas reflexiones que pueden servir de estímulo al crimen, por los fueros de la libertad individual que tanta sangre costó en la Revolución francesa y tan escarnecida hoy día por la policía y las leyes. Y también mucha veracidad en todo. Lo que yo no puedo decir sin comprometer mi libertad, no lo digo. ¡Y listo! ¡Nada de preparar coartadas ni dar falsos informes!
Si alguno de esos individuos que gustan de decir las cosas por la espalda piensa que yo no soy más que un cínico, yo le diré que el civismo del cinismo es una virtud mucho más meritoria y noble que la del cinismo del civismo falso, tan explotada por muchos de los "grandes hombres" que ha padecido y padece el mundo...
El que quiera que lea, que ya se acabó el paréntesis.)


¿Usted nunca ha cometido un asesinato? Yo, honradamente, le confieso que después de "haber perpetrado un crimen", como dicen las crónicas policiacas de los periódicos, lamento de veras no haberme iniciado antes, haber desperdiciado tantos años floridos en experimentos sentimentales sin trascendencia...
Usted verá cuánta ventaja hay en hacer el aprendizaje del crimen.
Yo voy a darle cierta enunciación didáctica para que le sea más fácil comprender los puntos principales.


 
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