|
| ASESINATO EN
UNA CASA DE HUÉSPEDES |
|
1/3
|
|
-...fkrrsttppyuc...
Shiiiii... sh... ¡Mi madre!... sh... ii... prá...
pácata... ¡Ay, mi madre!... ¡Bestia...
animal, mi brazo!... ¡Ay, ay!... ¡Hijo de
mi madre!... ¡Animal, con mi brazo!... ¡Mal
rayo te parta, bájate pa que veas qué
clase de madre es la que yo tengo!...
Desde luego que lo anterior no puede ser más
que un retrato hecho por Velázquez, una fotografía
onomatopéyica de un choque de guaguas en La Habana;
y yo se la he puesto así, en los ojos, para que
usted conozca enseguida el momento psicológico
en que nació dentro de mí el más
deslumbrante y trascendental de mis pensamientos: ¡cometer
un asesinato!...
(Antes de continuar la lectura el lector debe saber
que el que esto escribe es un asesino enamorado de su
profesión y dispuesto en todo momento a repetir
su crimen si las circunstancias lo exigiesen. No se
trata, pues, de un simple escritor, de esos que "confeccionan"
en cuentos y novelas, crímenes terribles en los
que hacen correr tanta sangre, que al cabo el Amazonas
resulta un ridículo arroyuelo tributario, y que,
luego, cuando alguna noche descubren un indigno ratero
debajo de la cama, se ponen a dar más gritos
que una mujer pariendo... Esta gentuza intelectual es
de la que casi siempre manda a matar las gallinas al
carnicero, porque no pueden "resistir" ver
eso...
Si el lector, después de lo que ha leído,
no tiene escrúpulos de señorita del siglo
pasado, puede seguir. Ya sabe que se trata de una narración
hecha por un asesino enamorado de su profesión,
y que, por lo tanto, no tiene que buscar aquí
filigranas literarias ni argumentos de esos tan complicados
que más parecen jugadas de ajedrez... Aquí
sólo hay lo que yo quiero que haya: unas reflexiones
que pueden servir de estímulo al crimen, por
los fueros de la libertad individual que tanta sangre
costó en la Revolución francesa y tan
escarnecida hoy día por la policía y las
leyes. Y también mucha veracidad en todo. Lo
que yo no puedo decir sin comprometer mi libertad, no
lo digo. ¡Y listo! ¡Nada de preparar coartadas
ni dar falsos informes!
Si alguno de esos individuos que gustan de decir las
cosas por la espalda piensa que yo no soy más
que un cínico, yo le diré que el civismo
del cinismo es una virtud mucho más meritoria
y noble que la del cinismo del civismo falso, tan explotada
por muchos de los "grandes hombres" que ha
padecido y padece el mundo...
El que quiera que lea, que ya se acabó el paréntesis.)
¿Usted nunca ha cometido un asesinato? Yo, honradamente,
le confieso que después de "haber perpetrado
un crimen", como dicen las crónicas policiacas
de los periódicos, lamento de veras no haberme
iniciado antes, haber desperdiciado tantos años
floridos en experimentos sentimentales sin trascendencia...
Usted verá cuánta ventaja hay en hacer
el aprendizaje del crimen.
Yo voy a darle cierta enunciación didáctica
para que le sea más fácil comprender los
puntos principales.
|