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Todas estas fuerzas zigzagueantes en dirección
y de potencia variable a cada momento, inciden o tratan
de incidir sobre un solo plano, sobre una misma cantidad,
el pueblo de Cuba, unidad permanente, única unidad
permanente de todo el grupo, la que, sin embargo, será
cantidad negativa o positiva, y en diverso grado, según
sea el resultado de ese nuevo lugar común, tan
en boga ahora y tan matemático: según
sea el resultado de "la correlación de las
fuerzas". Creo que te voy aclarando ya -y no con
tanta dificultad como creía- mi símil
algebraico. Porque no hay duda de que todas esas fuerzas
son ciertas y no hay duda de que todas convergen a la
solución. El que sólo vea una no podrá
ver el final. Ni tampoco quien vea dos, o aun las tres,
y no obtenga la mejor información cabal sobre
sus posibilidades o fuerzas en cada momento. Por todo
ello, es que el problema de Cuba es tan difícil,
tan complicado, de resultados tan difusamente vaticinables.
Y ¿cómo tratar de ver todo esto de golpe?
Te aseguro que no hay más camino que el del álgebra.
Probablemente tú debes haber sido un pésimo
alumno de esta ciencia, la más poética
de todas. Yo hace tiempo que soy incapaz de resolver
una miserable ecuación de segundo grado. Pero
para siempre se me quedó impresa aquella formidable
maravilla, mucho más grandiosa y perdurable,
que toda esta complicada armazón de cables y
vigas de acero de los puentes y rascacielos de Nueva
York, que se llaman los sistemas de ecuaciones. Te aseguro
que sólo por un planteamiento justo, correcto
y dinámico, a través de un sistema de
ecuaciones (ecuaciones políticas) podría
llegarse a descubrir, con mayor o menor exactitud, la
resultante final, la última incógnita
del problema cubano. Yo recuerdo que en álgebra,
los sistemas de ecuaciones se resolvían atendiendo
a distintos métodos, tales como los de sustitución,
eliminación, Kramer, Besú (ya ni sé
si así se escribía) y alguno otro que
he olvidado. En política, en el caso de Cuba,
no hay más que dos métodos en realidad,
aunque tengan muchas variantes: el de la reacción
y el de la revolución. Y las variantes ocurren
precisamente, porque, como en los sistemas complicados
de ecuaciones, en los cuales ocurre que cada ecuación
tiene varias incógnitas, y aunque estas son de
primer, de segundo, tercer, etc., grados, así
también en el campo político, los dos
métodos de soluciones del sistema, se tropiezan
a cada rato -y de fijo en Cuba y mucho más ahora-
con sistemas complicadísimos, en los cuales cada
ecuación llega a tener tantas incógnitas
y de tan diverso grado, que estas suelen recorrer la
escala que va desde un problema profundo y formal de
ideología al capricho personal de determinado
cabrón o no de famoso imbécil.
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