Novela

 

AVENTURAS DEL SOLDADO DESCONOCIDO CUBANO
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Prólogo
(continuación)

A fuer de justos, precisa subrayar el hecho de que en esta alianza ofensiva y defensiva, quien en realidad ha salido más beneficiado han sido los Estados Unidos, ya que nosotros, francamente, no teníamos problemas que nos abrumaran. Según los mismos críticos militares en quienes fundamento mi argumentación, ni Haití, ni Santo Domingo han estado durante mucho tiempo en capacidad de hacernos agresión; ni tampoco las Bahamas, ni el Archipiélago de los Canarreos, que han sido nuestros más peligrosos rivales. A todos, no hay duda de que, en un momento determinado, podríamos aplastar. ¡Que por algo nos han llamado la Inglaterra del Nuevo Mundo! No así los Estados Unidos. Por el norte, la gran frontera canadiense, propicia a cualquier invasión inglesa en caso de conflicto, y por el sur, la frontera mexicana, ocasión de constantes choques y posible punto de desembarco de la infantería japonesa, llegada la coyuntura de una guerra contra el Imperio del Sol Naciente. Si a esto se añadía la posibilidad de una invasión cubana por la Florida, utilizando Cayo Hueso y Tampa, ya pasados al enemigo, se comprenderá que la situación de los Estados Unidos, en esa dramática circunstancia, sería desesperada. Por ello, sus críticos militares convinieron en que, cuanto antes, se contara con nuestra alianza. Y de ahí que firmáramos la Enmienda Platt.
Ni qué decir tiene que nuestros estadístas y estrategas, también han tratado de obtener ventajas de la tal Enmienda. Por lo pronto, se exigió la cuestión de las Carboneras de Caimanera, con el fin de intensificar la vida comercial de Guantánamo y de evitar un nuevo ataque de los ingleses, como ya lo habían realizado con anterioridad, en 1762. Y añádase que esta alianza con los Estados Unidos, nos ha evitado la reconquista española, como le ocurrió a México. Y nada quiero decir en cuanto a consideraciones de índole política y económica, pues de todos es sabido cuántos cubanos han triunfado en el orden político y prosperado en punto a riqueza, gracias, única y exclusivamente, a la tan calumniada Enmienda Platt.
Es en virtud de este vituperado apéndice, pues, que nosotros, cuando decidimos, después de meditarlo con toda justicia, arrojar nuestra espada en la balanza de la guerra, a favor de los aliados, que eran los que luchaban por "la libertad de los pueblos pequeños", nos vimos compelidos a notificar, por conducto de nuestra Cancillería, a la norteamericana, la decisión que habíamos tomado de poner glorioso término a la guerra con nuestra presencia. Esto aconteció tal día como hoy, y al siguiente, cuando esperábamos la respuesta de Washington, para cumplir con la fórmula, los periódicos nos sorprendieron con la noticia de que los Estados Unidos le habían declarado la guerra a Alemania.
Sin duda, se había cometido una violación "moral" del tratado entre las dos potencias, cubana y americana. Si bien es cierto, en efecto, que, por un olvido, en la Enmienda Platt no se especifíca que los Estados Unidos se encuentren en la obligación de consultar a Cuba cuando ellos, a su vez, deseen declarar la guerra a otra nación, es claro que, aunque sea por pura cortesía, debían contar con nosotros, ya que nosotros contamos con ellos, en la Enmienda Platt, aunque siempre, desde luego, de potencia a potencia.
Analizado el caso, y haciendo un poquito de historia -sin que ello quiera decir que estamos atizando la candela para producir un rompimiento entre las dos naciones- lo cierto es lo siguiente: por sobre todo hay que convenir en que n u e s t r a aliada -los Estados Unidos- heredera legítima de la pérfida Albión, jamás se ha embarcado en zafarrancho de combate sino con la seguridad ya plena de robar. Examínese su historia y se comprobará esto: anexión de Texas; guerra con México; guerra con España y otros pequeños affaires. Además, en este caso concreto, nuestra aliada, aunque estaba desesperada por entrar en la guerra, puesto que advertía que si Alemania triunfaba se iba a quedar sin cobrar un centavo de los miles de millones de pesos que había prestado a Inglaterra, Francia e Italia, aparte de que "la defensa de los pueblos pequeños", de los cuales tradicionalmente se ha considerado ella matrona, por lo menos en América, se iba a ver en peligro, no se decidía porque, como se ha dicho, quería estar segura de nuestra actitud, ya que no podía lanzarse a la aventura, en tanto existiera la posibilidad de que los cubanos, mientras las tropas yanquis marchaban hacia Europa, invadiéramos la Florida y conquistáramos el Canal de Panamá, separando, de esa manera, sus flotas. Esto es claro y sencillo como un día de abril. Ahora bien, una vez en posesión los Estados Unidos de la seguridad nuestra, no sólo de que íbamos a permanecer neutrales, sino de que asimismo íbamos a combatir "por la libertad de los pueblos pequeños", nos robaron la arrancada y se llevaron toda la gloria de la declaración de guerra a Alemania, aprovechándose del desdichado olvido de nuestros estadistas de no incluir en la Enmienda Platt una simple clausulita, según la cual también los Estados Unidos se vieran precisados a contar con nosotros para declararle la guerra a cualquier otra potencia.


 
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