Testimonios

 

REALENGO 18
1/5

I
El escenario

El que quiera conocer otro país, sin ir al extranjero, que se vaya a Oriente; que se vaya a las montañas de Oriente donde está el Realengo 18 y en donde se extienden otros, como el de Macurijes, el de Caujerí, El Vínculo, el Bacuney, Zarza, Picada, Palmiján y algunos más. Que se vaya a Oriente, a las montañas de Oriente. El que quiera conocer otro país. Que monte en una mula pequeña y de cascos firmes y se adentre por los montes donde la luz es poca a las tres de la tarde y los ríos, de precipitado correr, se deslizan claros por el fondo de los barrancos, con las aguas frías como si vinieran del monte.
Allí encontrará no sólo una naturaleza distinta, sino también costumbres diferentes y hasta hombres con sentido diverso de la vida.
Y, aunque acaso a un occidental no le sea grato, encontrará también el orgullo de una historia considerada como propia; la satisfacción de que no haya río por el que no hubiera corrido sangre mambí, ni monte donde no pueda encontrarse el esqueleto de algún héroe.

El viaje al Realengo

Pero no es fácil llegar al Realengo. No es fácil ni aun en tiempos de la seca.
Cordillera tras cordillera van dejando en las cimas los más fértiles valles de Cuba; pero las pendientes suelen ser vertiginosas y, corriendo el agua de las montañas por el fondo, los caminos se encharcan con el paso de las bestias y como el sol, detenido por las enramadas que cruzan de árbol a árbol, no llega al suelo, jamás se secan los pasos. Pero en épocas de las lluvias, cuando caen esas densas e interminables cortinas de agua que sólo se precipitan en las montañas, los caminos se ponen intransitables hasta para las arrias de valientes mulitas que se clavan en el fango hasta los ijares.
Y estos son los únicos caminos que hay para ir al Realengo 18. Porque en tren se puede llegar hasta la Lima, hasta Cumira, Jurisdicción, Carrera Larga, Manantial, Ermita, Belona, Palmarejo, Sabanilla y Marimón; pero de esos "puntos" hay que partir a pie o a caballo. Y según sea el barrio del Realengo al que uno quiera dirigirse puede escoger el lugar de partida. Yo, presumiendo que ya Lino Álvarez y su gente se encontraban en Los Ñames, partí de Cuneira en Chivo, el caballo del gallego Hipólito, que se lo alquila a cualquiera por un peso y hasta conseguí de paso unas botas horribles, capaces de inflarle los pies a cualquiera. Wilfredo Sir, el activo corresponsal de Ahora en Guantánamo, que se encargó de repartir ejemplares de nuestro diario entre los campesinos, me acompañó en la excursión.

Por los montes

Por los montes cruzan los caminos, se abren las trochas, se despliegan las veredas y se pierden los trillos. Por los montes únicos que quedan en Cuba pasa el caminante con el gusto del silencio; porque la vista, ante la majestad de la naturaleza espléndidamente salvaje, transforma su sentido y la pupila se convierte en paladar: el paisaje gusta, sabe maravillosamente. Por el fondo de los barrancos se oye el rumor de los arroyos precipitados; hay, a pesar del fuerte sol de las lomas, una grata penumbra bajo los árboles enormes, y ni aun al mediodía se siente el ardor solar; la tierra, de una feracidad inaudita, no pierde una pulgada para producir, y por el tronco de los árboles centenarios suben las enramadas; tupen las selvas los bejucos, y de tarde en tarde, cuando más se nota el gran silencio del monte, salta la grotesca carcajada de la guacaica, como una canción de burla.


 
1/5

 

 



Diseño Web: Rocney Delgado Miranda Créditos Contacto