Constituye una nueva aprehensión
del entorno, más tierna y retraída. Se introducen
recursos formales del vanguardismo, especialmente en el desenfado
de la forma y la brevedad narrativa. Es una nueva etapa en
el quehacer poético del creador.
Pesca El
chamarilero
Skating
ring Crepúsculo
En
la barbería Cartón
futurista
Marina Travesura
PESCA
Mediodía. Pleamar. La gaviota
se tira sobre el pez _ brillazón fu-
gitiva _ que navega en el verdeceledón
de la ola. Y el pez huye de la sombra
de la gaviota _ mancha fugitiva _ que
cabriolea sobre la epilepsia de la ola.

EL CHAMARILERO
La marea baja descubre _como una
pradera sepia comida de cardeni-
llo_ la atormentada cacharrería y los
exóticos retales que el mar _el buen
chamarilero_ guarda con avaricia en
sus desvanes milenarios.

SKATING RING
Del horizonte al cenit, y entre guiños
De masas nacarinas, índigo, pru-
sia, celeste. Las nubes _imitativas de
todas las formas_ son: montañas, fru-
tas y frondas. La luz del mar se la
ha bebido el cielo. Y, para movilizar
el quietismo de la tarde, un guincho_
de rigurosa etiqueta_ raya el claro
cristal del espacio _impluvium inverti-
do_ haciendo curvas inverosímiles con
los diamantes negros de sus patines.

CREPÚSCULO
En el fondo del río argénteo
que el
plenilunio rompe en el nervioso
azul de la bahía, naufraga la luz de
ropa de un trasatlántico _faro al borde
de un acantil_ mientras abre una tren-
za de fuego que se prolonga sin cesar.

EN LA BARBERÍA
Así que la aurora deja caer su car-
mín en las nazarenas mejillas del
alba fugitiva, el mar se riza las cren-
chas cabe el verdegueante toldo de los
manglares, a los que las tijeras del
tiempo les ha recortado al ras la pe-
lambrera encrespada.

CARTÓN FUTURISTA
En tanto corre el tren, cercas y va-
llados huyen paralelamente hacia
atrás; los postes telegráficos se incli-
nan hacia la carrilera; y la playa _atada
a un chamizo carbonizado que parece
un ombligo prominente_ gira en qui-
mérica espiral metiendo y derramando
su gama caleidoscópica por las ven-
tanillas del vagón.

MARINA
En el clara tarde de marzo el cielo,
palio sobre la estéril montaña,
es un mar pálido en calma. Y en él
abre su torta lechosa la carcomida faz
de la luna a semejanza de una agua-
mala atisbadora que se asomara a ver
cómo muere el sol.

TRAVESURA
Expira la tarde. En el interior de
la casa solariega, silenciosa y oran-
te, la penumbra cuelga sus tules. De
repente, el crepúsculo, como un pillete
curioso, irrumpe por debajo de la
puerta esbozando bermejos lamparones
en los seres y las cosas.
