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UN ESCRITOR NO SURGE DE LA NADA
(Entrevista de Amir Valle para el sitio web Cubaliteraria, septiembre de 2001.)


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Al parecer, has abandonado el cuento, pues a partir de la publicación de Miel sobre hojuelas tus publicaciones han sido en el terreno del testimonio, la Novela, e incluso, la biografía. ¿Puedes darme algunas razones?

Ni yo mismo me lo explico. Ha dejado de interesarme en el plano personal, para escribirlos, pero los disfruto si están bien construidos. Ya en mi primera Novela los cuentos aparecen como integrantes de un conjunto. Algunos antologados en diferentes países, en particular "Elvira en su blusa roja", de gran éxito. Pienso que arribar a la Novela, que es un género de gran complejidad y exigencia, se te convierte en una meta, casi una obsesión. Ya sé que algunos tienen en el cuento su respiración, y proponerles la Novela sería violentarlos. Hace poco García Márquez nos habló de dos libros de cuentos en los que trabaja al unísono, alternándolos con sus memorias, ya vemos que no es asunto de novatos. En 1993 escribí un relato, "La mujer impenetrable". Ganó el Premio "Juan Rulfo" de Radio Francia Internacional. Lo llevó a escena el realizador cinematográfico Orlando Rojas y me reveló aspectos casi mágicos de mi texto. Como me gusta la narración breve, no te sorprenda que alguna vez vuelva por esos rumbos.

Un viejo amigo español, escritor también, me expuso una vez una teoría sobre las tipicidades que cada país mostraba como joyita para la curiosidad del extranjero. En el caso de Cuba hablaba de tres: el ron, el tabaco y el Che. Curiosamente, otras de tus búsquedas creativas se hallan en el campo de la biografía. Primero una bien conocida sobre el Che y ahora sobre el tabaco. Creativamente, como escritor de otros géneros, ¿qué te atrae de este?

Mi generación conoció la trayectoria del Che en su momento, antes de que llegara a logotipo de camisetas deportivas, y me duele que se le paree al ron y el tabaco. El libro a que te refieres, Che comandante, nació a la semana de su muerte, no fue solo mío, sino de un colectivo de autores, una entrega especial de la revista Cuba. Ninguno de nosotros lo hubiera escrito solo. Estábamos en la ebullición del sentimiento guerrillero y del dolor por su pérdida. Recuerdo que mi último fragmento lo terminé al amanecer, junto a Roque Dalton, apuntalados por una botella de scoth, mientras González Bermejo esperaba en la redacción, apremiado por la entrega inmediata. Luego escribí otros capítulos y salió en Ediciones Diógenes, de México, que dirigía Enmanuel Carballo, donde agotó nueve o diez ediciones. Visto desde hoy, cuando tantas cosas se conocen de los acontecimientos, parecerá ingenuo. No lo he vuelto a leer. No es que prefiera escribir biografías -sí leerlas-, pero a nada me niego, al final todo me interesa. Una de las tareas más difíciles para un escritor es adquirir informaciones complejas y organizarlas sin que resulten una friolera de datos. En ese sentido, El bello habano fue una prueba. Ambos libros fueron trabajos diametralmente opuestos. En mi trabajo periodístico, con seudónimos o sin firma, hice de todo, incluida una crónica sobre la inseminación artificial que Meri Lao recogió en su sabroso libro Cuba ride, en Italia, sin saber que era mía. Contaba el descalabro de un inseminador con una vaca que cayó en "falso celo" porque se enamoró de él, se ponía cachonda cuando se acercaba en el sidecar.

Confesaste en un encuentro de narrativa en Sancti Spiritus que te fascinaba la Novela picaresca. ¿En qué sentido tu última Novela, Al cielo sometidos, premio "Italo Calvino" acá en Cuba y ahora publicada en Italia, sigue los pasos de esa casi ancestral tradición hispana? ¿Qué puntos unión tiene con tu obra anterior y con el asunto "lo cubano"?

Mi relación con la picaresca es muy vieja, en apasionadas lecturas y hasta en mi enfoque de la cotidianidad. Si aprendes a tener una visión pícara de algunos sucesos, esquivas el agobio. La picaresca literaria le abrió compuertas impensadas a la narrativa española. Arribó a nuestras playas en las naves de Cristóbal Colón. Existe una línea picaresca en nuestros escritores, ya criollos, cuando tuvieron voz propia, para zafarse el fardo eclesiástico y el empaque ceremonial de la colonia, su burocracia ineficaz, el almidón llevado a las costumbres. La picaresca animó el desarmante choteo de que nos hablara Mañach, la prosa periodística y hasta los discursos de Raúl Roa. Palpita en buena parte de lo escrito por Carpentier, que la valoró mucho. Su Concierto barroco es un juguete picaresco logradísimo. Tras el parabán culterano, Lezama mostró su lado pícaro en largos fragmentos de Paradiso, carcajada sardónica que asoma en sus metáforas, incluidas las escenas sexuales que inquietaron a los pacatos. Sin una valoración de la picaresca no se podría entender Electra Garrigó, de Piñera. El condimento picaresco le aporta subrayado a las Novelas policíacas de Padura Fuentes, las rocambolescas maratones sexuales de Pedro Juan Gutiérrez. Es decir, entre los escritores cubanos lo picaresco condimenta lo uno y lo otro. Tanto en Siempre la muerte, su paso breve como en La fiesta de los tiburones, es el elemento que rompe el dramatismo o que caracteriza los personajes. En Al cielo sometidos he querido rendir homenaje a la línea picaresca de la literatura, al tratar un tema particularmente español: la austeridad de Isabel la Católica y el horror inquisitorial de Torquemada, vistos desde un burdel. Me ha servido la recreación de un lenguaje sabichoso, sentencioso, de doble sentido, sin que pierda hondura, pues, a fin de cuentas, no es una comedia, sino lo contrario. La picaresca, en este libro agarrada como el toro, por los cuernos, se vincula a cuanto he escrito hasta ahora.

En los últimos tiempos se habla mucho, y creo que muchas veces con absoluta superficialidad, de la identidad nacional defendida desde la cultura en una época donde se impone el lenguaje de la globalización (término que también, usualmente, tiende a analizarse desde una sola perspectiva: la fatalista). ¿Hasta qué punto puede incidir un escritor, un intelectual con su obra, en la defensa de esa identidad, sobre todo si seguimos el criterio de muchos de que esa defensa tiene que ver muy poco con lo individual y sí mucho con una estrategia social, en este caso en el terreno de la cultura?

El asunto de la identidad va más allá de ceremoniales grandilocuentes y declaraciones altisonantes. El mejor modo de defenderla es vivirla. Conozco a quienes molesta el pueblo cubano, sus expresiones, lo aprecian poco, pero se lanzan en parrafadas sobre la defensa de la identidad. ¿De cuál identidad me hablan? ¿Cómo representar una cultura que no se vive? Y claro que el asunto de la identidad es completamente individual. ¿Será de "la masa" acaso? Esa masa está hecha de individuos. Sí, por supuesto que hay demasiada cáscara en el parloteo sobre la identidad. El aporte del escritor nacerá de sus páginas, no de sus discursos para la galería. ¿Cómo defender la identidad cubana? Siendo realmente cubano. Eso significa vivir Cuba, gozar y padecer con ella, en ella, sin pretender un iluminado alejamiento de la realidad, y estar avisado ante los impostores. El escritor, antes que todo, es un individuo, un ciudadano.

La escritura es un don y un castigo, aseguró Whitman. ¿Cómo ha asumido el ser humano que es Reynaldo González al escritor, al intelectual que es Reynaldo González?

A nuestra edad hemos comenzado un nuevo romance, como una reconciliación, para dejar de ser tres y, al fin, fundirnos en uno solo.


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