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  La obra poética del autor de "La isla en peso" no ha sido estudiada en la misma medida que su narrativa y su teatro. Entre los pocos acercamientos de que ha sido objeto está el comentario de Cintio Vitier a Poesía y prosa, de una extraordinaraia penetración, en el que se caracteriza en su verdadero significado el centro de esta poética. El crítico, al mostrar los rasgos definidores de sus poemas, aprehende sus fundamentales aportes a la lírica cubana de esos momentos. Aunque algunos han querido ver en esta valoración un ataque a Piñera, se trata en realidad de un juicio altamente elogioso, que va al fondo de esta poesía y la sitúa, dentro de las preocupaciones y propuestas de los origenistas, como la que "podrá ostentar [...] el honor de haberse enfrentado, para delatarlo y ceñirlo insuperablemente, con el vacío inasible y férreo que representa para nosotros, a través de nuestra cotidiana experiencia metafísica, el demonio de la amás absoluta y estéril antipoesía. Y sin duda por ello simbolizará siempre, para el posible lector sucesivo, una desconcertante hazaña".  



Valoraciones

Poesía y prosa

por Cintio Vitier.

ería totalmente ocioso ejercer frente a este libro el oficio, siempre triste, del cazador de influencias. Las influencias aquí son tan visibles, y en cierto modo ingenuo tan agresivas, que no parece sensato atribuir al autor el ánimo de ocultarlas. Antes bien, lo decisivo para nosotros es el hecho de que, exista o no esa pretensión, nos luce cada vez más impresionantemente influido por su propia voz. Claro que se trata de una voz que ha de salir, para que alguien la escuche por lo menos como señal confusa, de lo vano y cóncavo de una máscara, de un resonador, no de un pecho desahogado y libre; pero esa oquedad y falsía responde sobre todo a la condición y exigencia de lo que debe testificar, que no es un paisaje, ni una soledad, ni siquiera un abismo, sino, rigurosamente, un vacío. Llamamos aquí vacío al reverso humano de la nada, pues en ésta palpita siempre una significación divina, ya sea la nada como pecado (no ser del mal) o la nada como anegamiento del místico en su arrebato de plenitud, o incluso la nada mágica de la extrañeza y angustia del mundo, en que a veces residimos y que no podemos saber a qué alude. Pero sin duda -lo sabemos por su íntima forma interrogante-, alude. Lo propio del vacío, sin embargo, es no aludir a nada, ni, en última instancia, a la nada misma, pero entendida aquí no como Pecado, ni como Inefable, ni como Ser Que No Es, sino en cuanto rigurosa categorización del vacío de un mundo en que las cosas y las criaturas están y nada más sobre una superficie siniestra de trivialidad, armando el espantoso y vacuo disparate que lo absorbe todo. "Un mundo", en fin, "como hecho sin calificativos", viene a decirnos Piñera, quien demuestra siempre una conciencia implacable de su asunto. Por eso, en el momento de la invocación, cuando pudiéramos esperar para nuestra asfixia la apertura del llanto, se cierra así calladamente el anillo: "tenga piedad de nosotros la nada."

Ahora bien, ese mundo como un ojo vaciado, en que se borra el pecado y no se insinúa la melancolía, en que sólo es posible invocar a la todopoderosa nada inmanente, no es por lo mismo ni siquiera un mundo de desesperación o caótico. Frente a los poemas que tan ceñidamente lo reflejan, hemos creído sorprender el secreto de aquel alarido cerebral y graduado con la sangre impávida, que es la característica constante, desde Las furias, en la escritura sucesiva de Piñera. No hay aquí absolutamente, para nosotros, desesperación ni caos. Por el contrario, lo que hay es un mundo al que, dicho sea con valentía y tosquedad, se ha sustraído el verbo. Esto implica la imposibilidad tanto de la esperanza como de la desesperanza, de la creación como del caos; y la profunda frecuencia de lo cursi. Porque, en efecto, "cursi es todo sentimiento no compartido", según la frase genial que hallamos en una página de Gómez de la Serna, y allí donde la gracia del Verbo abandona a la palabra humana, ésta sólo puede reiterar el propio vacío, que no es una tiniebla ni un dolor, sino una incomunicabilidad radical en cuyo seno persistirán los perfiles formales del universo, pero desustanciados, grotescos, reducidos a un simulacro sin locura ni contorno. La criatura destinada a expresar ese alucinante infierno cuya esencia consiste en ser todo superficie, tendrá que aparecernos disfrazada de tantas desesperaciones ajenas como le sea imperioso utilizar. Pero aunque no lo sepa o no lo quiera estará sirviendo de catarsis a la realidad, estará expulsando por su voz ese veneno del vacío que amenaza el corazón de nuestra vida.

[...] Quien al principio creyó habérselas con el más presuntuoso y falso de los poetas, acabará fulminado por la evidencia de que su verdadero asunto no es ninguna especie, por ejemplo, de surrealismo kafkiano internacional, sino estrictamente lo que más inmediata y simplemente aherroja nuestros ojos: la muda naturaleza desligada, con mudez de discurso físico, fisiológico; la autónoma naturaleza omnímoda, vacía y exterior en que vivimos. Tierra sin telos, sin participación. [...] Lo que aquí centralmente se expresa es que en este país estamos viviendo ese grado de desustanciación por el cual dos hombres que se cruzan, una boda, una cópula o una mujer que plancha, se equivalen y autodestruyen, no guardan resonancia ni entran en una jerarquía, no son nada más que fenómenos que están ahí bajo la luz terriblemente retórica del proscenio vacío, fragmentos que no se ligan entre sí, que no alimentan ni sugieren una forma orgánica, superior e invisible. Ya de otro modo lo había hecho Piñera en su poema "La isla en peso", por el que discurre deformada la intuición que ahora nos presenta nítida. [...]

[...] Pero debemos insistir en que, aparte su altísima calidad literaria y el puesto inconmovible que le corresponde en el empeño expresivo de la actual generación, este libro de Virgilio Piñera podrá ostentar en todo caso el honor de haberse enfrentado, para delatarlo y ceñirlo insuperablemente, con el vacío inasible y férreo que representa para nosotros, a través de nuestra cotidiana experiencia metafísica, el demonio de la más absoluta y estéril antipoesía. Y sin duda por ello simbolizará siempre, para el posible lector sucesivo, una desconcertante hazaña.
Cintio Vitier."Virgilio Piñera. Poesía y prosa. La Habana, 1944" [1945], en su Crítica 2. La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2001, p. 145-148. [Fragmento]

 

 

 

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Cintio Vitier
"Poesía y prosa"


Alberto Garrandés
"La cuentística
de Virgilio Piñera".


Rine Leal.
"Electra Garrigó"


Antón Arrufat
"Los ensayos de Piñera"

 

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  La valoración de la cuentística de Piñera ha crecido notoriamente en los últimos años, después que el autor alcanzó una mayor difusión en el mundo de habla hispana. Los textos críticos que la estudian son importantes acercamientos para una profunda intelección de sus preocupaciones y aportes, y destacan los más genuinos valores de esta zona de su escritura.  
 

La cuentística de Virgilio Piñera.

por Alberto Garrandés.

n Virgilio Piñera siempre hubo un clamor de goce abrumado por la voz espasmódica que exige a la desnudez del yo el discurso de la verdad. Sus cuentos cuecen las insurrecciones del miedo y de la risa allí donde los textos son un reino quimérico y extasiado. En ellos escuchamos, disueltos nosotros por una rústica canción amistosa, el ulular del silencio final, ese diálogo entre lo literal y lo metafórico, entre la lógica de las acciones humanas y la retórica de un sistema que nos habla de la finalidad dudosa de dichas acciones cuando verificamos que su literatura es una interrogación dirigida a nuestro ser. Quizás sea ese el "cociente revisionista" (para usar los términos de Harold Bloom) que está implicado en el prototexto y en la poética, una revisión de lo que creemos ser, de lo que creemos percibir dentro y fuera (la diferencia es precaria) de nosotros.

Sobre el cuerpo de la nada, el "lleno indeterminado", se produce un ejercicio de primer orden, un acto que atraviesa la poética de sus cuentos (y también, por qué no, su obra total): contrarrestar la repugnancia del vacío, o dar fe del vacío, mediante la corrupción y la denuncia del espacio usurpado, la región que ilegalmente ocupa la falsa felicidad.
En Alberto Garrandés. La poética del límite. Sobre la cuentística de Virgilio Piñera. La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1993, 134 p. [Los párrafos finales]

 

 

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Antón Arrufat
"Los ensayos de Piñera"
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  El teatro de Piñera fue, desde sus comienzos, objeto de crítica y análisis por las puestas en escena. El desenfado y la iconoclastia de sus piezas generararon acerbas valoraciones, pero finalmente fue reconocido como el más importante aporte a la historia del teatro cubano en el siglo XX. Los comentaristas han destacado en sus obras más relevantes la esencial cubanía de estas páginas, desde la que su autor alcanza la universalidad.  
 

Electra Garrigó

por Rine Leal

lectra Garrigó es la evasión de nuestra realidad, como el propio autor la ha definido en el prefacio a su Teatro completo que Ediciones R acaba de publicar. Evasión que se explica perfectamente porque Electra culmina toda una etapa dramática anterior a la Revolución y porque en el momento en que se escribió, ésa era una posición y una salida compartidas por la mayor parte de nuestros artistas. Es por eso que la cubanidad de la pieza es de mera referencia, de intelectualismo y cerebralismo de influencia francesa, de términos mentales más que realista, de pura batalla intelectual. Piñera se acerca tanteando a nuestro mundo negro, parodia la tragedia griega (el autor es un formidable humorista), utiliza una guantanamera como coro griego, y sus personajes son una gran abstracción que hablan un lenguaje falso y alambicado, totalmente extraño a nuestra habla diaria. ¿Defecto de concepción? Tal vez, pero hay que comenzar por encuadrar a Electra Garrigó en el momento social en que se hizo y convenir que el defecto mayor sería que Piñera escribiera su Electra en 1961 y no en 1948, año de su primera representación. Cualquiera que lea con detenimiento sus obras posteriores, comprenderá cómo el autor se ha ido acercando sensiblemente a nuestro mundo y cómo el tiempo mostrará que su Electra no ha sido más que el punto de partida de un teatro que necesariamente, como la mujer de Lot, si mira atrás se convertirá en una estatua de sal. Entonces, ¿cuáles son las virtudes de Electra Garrigó que este crítico encuentra y defiende? Muchas: la calidad literaria de la pieza, su teatralidad, la imaginación con que ha recreado el mito helénico, el sentido parodial y cómico, el choteo que se escapa de los parlamentos, el ambiente en general de la tragedia, su espectacularidad, y por encima de cualquier disputa, lo que ella significó de logro para nuestra escena hace trece años. Después de todo, Electra Garrigó está ahí y la pieza habla por sí sola. [...] Saludemos pues a Electra. Ella se ha convertido por derecho propio en una marca de comparación para nuestros dramaturgos, una insoslayable cita en nuestra historia teatral. Yo sigo pensando, mientras no se me pruebe lo contrario, que Electra Garrigó es en su conjunto el mejor momento que ha gozado nuestra escena. ¿De acuerdo?
Rine Leal. "Electra Garrigó" [1961], en su En primera persona (1954-1966). La Habana, Instituto del Libro, 1967, p. 130-133. [Fragmento].

 

 

 

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Antón Arrufat
"Los ensayos de Piñera"
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  Los valores de la ensayística de Piñera apenas han sido abordados por la crítica, entre otras causas porque esos textos no han sido publicados en libro sino hasta 1994, en el tomo preparado por Antón Arrufat y editado en México. Sus prosas reflexivas son valoradas por Arrufat en sus temas y rasgos generales para destacar aquellos elementos que conforman su estilo y sus aportes dentro de las letras cubanas del siglo XX.  
 

Los ensayos de Piñera

por Antón Arrufat.

i Piñera tuvo el don de saber admirar -ejemplo de ello fue su relación con Lezama-, tuvo al mismo tiempo el de saber criticar lo que admiraba. Ninguno de estos dones resultan muy habituales en nuestra vida literaria. (Aquí cabría citar los efectos de lo que Unamuno llamó "la envidia española".) Piñera practicaba el método de completar las cosas. Al lado de lo sublime, descubría lo grotesco. Admiraba, y mientras más lo hacía, más se preocupaba en advertir los peligros que amenazaban lo admirado. Parecía, en verdad, cuidar el objeto, la obra o el futuro del autor admirado. "Crítico tajante -lo califica Cintio Vitier- de indiscutible sagacidad". Muchas de estas críticas, escritas o habladas, le granjearon la animadversión de ciertos escritores, directores, actores de teatro y periodistas. Su lengua en La Habana era odiada por temida. Como puede comprobarse en "Terribilia meditans", llevado por este su peculiar modo de admiración, supo ver y enjuiciar pronto, en 1942 y desde las páginas de su revista Poeta, el proceso y los peligros de su generación, como asevera el propio Vitier. Enemigo de la gazmoñería, los bombos mutuos y la falsedad, escribía -tajantemente- su opinión, dentro de un ambiente cuasi provinciano, sin hacer concesiones ni dulcificar. "Sin eufemismos", solía decir, matizando su lenguaje con un término que recordaba sus largas estancias en Buenos Aires. En el ejercicio de la escritura, como manifestación de la libertad personal, fue insobornable e inflexible. Constituía su ética de escritor. Cuando sus artículos no podían publicarse, los convertía en cartas privadas que enviaba por correos a sus destinatarios.
En Antón Arrufat. "Prólogo", en Piñera, Virgilio. Poesía y crítica. Prólogo y [y selección] Antón Arrufat. México, D.F., Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1994, p. 11-41. [Fragmento]

 

 

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Redacción Editorial: Enrique Saínz Diseño Web: Roger Sospedra Créditos...