Catauro de seres míticos y legendarios en Cuba
Primer Diccionario de Mitología Cubana
Cómo se hizo el Catauro de seres míticos y legendarios en Cuba
Tal vez, el verdadero origen del Catauro debiera ser la investigación que realizara Gerardo Chávez Spínola en la década del 70, del pasado siglo sobre la leyenda que hablaba de un extraño animal que aparecía en las zonas que comprenden el Valle Luis Lazo, el Valle Pica Pica, el peculiar Valle de Potrerito y otras serranías aledañas en la provincia de Pinar del Río. Hasta los más fieros perros de caza le temían a esta ¨fiera¨. En determinada época del año acostumbraba a emitir aullidos espeluznantes en las noches de luna llena y era totalmente desconocido para los moradores de aquel territorio. Un verdadero enigma, que fue llamado entre los espeleólogos del Grupo Martell de Cuba, "El Yeti cubano".
Era su primera investigación y estuvo enfrascado en ella unos tres años. Durante los trabajos de campo entrevistaba campesinos y lugareños, sobre los misteriosos e indescifrables acontecimientos que, al decir de ellos, ocurrían en los montes cubanos. Se percató que sacaba mejor información sobre aquel raro cuadrúpedo, si les provocaba a comentar aquellos sucesos extraordinarios del susto y el miedo, en los cuales nunca faltaban fabulosos seres legendarios. De una u otra forma, siempre venían a colación las apariciones del “Bicho de María”, o el “Lobo de La Guira”, que era como también le llamaban a esta enigmática presencia, sobre la cual se tejieron numerosas leyendas. Al final, ésta investigación se coronó con un éxito simbólico: el Yeti cubano está insertado como uno de los Seres de El Catauro.
Pero aquellas historias de botijas, cagüeiros, madres de agua, aparecidos y gritonas, conquistaron a Gerardo para siempre. Contadas de labios a oídos ―como dicta la tradición― calaron profundo en su mente, dejando una cierta inquietud. Se lanzó en una búsqueda que le instruyese sobre estos temas y encontró ese maravilloso libro de Feijóo, que es Leyendas Cubanas. A partir de entonces, se volvió adicto a la mitología cubana. ¡Quién sabe si alguna vez pueda medirse la repercusión social que ha tenido esta obra de Samuel Feijóo! No por gusto funge como primer título en la bibliografía de este Catauro.
Desde entonces, sentía que debía hacer algo relacionado con este universo mítico, pero no tenía ni la más remota idea de qué. Escribió guiones de audiovisuales para una serie de Leyendas Cubanas, que propuso para el extinto Canal MiTV, y que al final, ni siquiera se produjo. Pero estos Seres fantásticos, mantenían una vigía perenne dentro de su mente y parecían exigir algo más.
Así le sorprende el año 2000, con aquellos Seres, constante y febrilmente, rondando su pensamiento. Permanecía aquella expectación de su primer contacto con las criaturas del imaginario popular. Cada vez se adentraba más en este universo de la fantasía. Conversando sobre esto con gente del campo, leyendo trabajos de investigadores sobre la temática, sin sospechar en lo más mínimo que estaba acopiando bibliografía para lo que vendría después. A mediados de ese año, navegando por Internet, encuentra un diccionario mitológico del grupo ANAYA, que recopilaba el imaginario colectivo de un país latinoamericano. Esto le hizo pensar, que debía existir un diccionario de mitología cubana. Una obra donde estuviesen descritas, sino todas, por lo menos las más constantes criaturas del imaginario popular. De inmediato, supo cómo encausar aquella curiosidad.
Pasó la primera parte del año 2001 tratando de concebir este proyecto (lo imaginó primero como un multimedia). Se percató que era una tarea descomunal. Nunca podrían recopilarse todas las criaturas imaginadas por un pueblo tan ingenioso y creativo como el cubano. Aún así, fue a buscar a su colega de aventuras espeleológicas, Manuel Rivero, que ya para esta época se había formado como todo un intelectual y tenía buena experiencia como escritor publicado. Rivero no dudó ni un solo instante en acometer esta aventura. Se entregó por entero a ella y le plasmó su inconfundible sello personal; al brindarle ese rigor científico, que imprime valor cultural e indiscutible mérito a la obra, otorgándole el tono sobrio, académico y científico que hoy ostenta El Catauro. Su pasión y experiencia en las tareas de investigación y su apego a la metodología científica, fueron definitorias en la calidad y profundidad de la tarea. Su demostrada erudición en los campos de la zoología, la biología, la geografía y la botánica, erigieron un marco muy sólido para enriquecer, particularizar y profundizar las descripciones. Pero no se limitó a eso. También demostró ingenio agudo y prosa de altos vuelos.
Gerardo y Manuel cuentan que en aquella época ninguno de los dos disponía de una computadora. Montados ambos, en la bicicleta china "Forever", de Manuel Rivero (la de Gerardo, tuvo que venderla antes, por razones mayores), fueron recolectando partes y piezas que les regalaban, hasta que lograron armar una computadora 486. Con esa maquinita de museo, se hizo todo El Catauro. Tenían que mantener los textos en fragmentos, de la A hasta la F, desde la G hasta la L, así para poder manipular los documentos, porque si eran muy pesados, la baja capacidad de la máquina no podía con ellos. Conseguir hojas se convirtió en algo muy difícil, solo se vendían en moneda convertible y no poseían dinero para comprarlas, pero siempre tenían amigos que ayudaban. Un poco por aquí, otro poco por allá. Imprimían, donde pudieran hacerles el favor. Corría raudo el año 2001.
A partir de aquí, estuvieron trabajando sin cesar, con estas dificultades, durante cinco largos años. Casi tres de ellos, dedicados a investigaciones bibliográficas; un año exclusivamente de trabajos de campo, en varias provincias de Cuba y poco más de otro año para: trabajos de mesa, sistematización, organización y compilación de la información. También se vieron obligados a compenetrarse con el universo de la antropología social y cultural.
En el mismo año 2001, ya los autores obtenían el Premio Becas de Investigación Sociocultural del Instituto de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, por el Proyecto de la Obra. Esto les brindó un buen impulso anímico. (Con el apoyo que ofrecieron los sucesivos directores de esta prestigiosa institución, se logró la publicación de esta Primera Edición).
Pero no todo fue tan sencillo. Les costó algún tiempo acoplarse a trabajar en equipo. Manuel Rivero Glean y Gerardo Chávez Spínola, reconocen que tienen personalidades y modos muy diferentes de ver el mundo. Ahora piensan ellos, que tal vez, complementarios. Cuentan que tuvieron innumerables divergencias. A veces agrias y prolongadas, aunque aprendieron mucho de ellas. Aseveran ambos que todavía hay tópicos, enfoques y formas de hacer, en los que no se han puesto de acuerdo. Sin embargo, ambos saben que ninguno de los dos es poseedor de la verdad absoluta. Desde el primer momento estuvieron plenamente convencidos de aquel principio filosófico que enuncia a "la verdad, como un espejo que se rompió en mil pedazos". Refieren que, a pesar de todo, en el fondo siempre coincidieron, que escuchar la opinión divergente era definitivamente necesario, e imprescindible, prestar atención a la opinión contraria.
Cuando la estructura de conjunto de la Obra estuvo lista, sus autores supieron que aún quedaba mucho por hacer. Durante las investigaciones de campo, se habían percatado que casi tres generaciones de cubanos, conocía poco, o desconocía sus mitos y leyendas, sobre todo los jóvenes. Por eso, uno de los principales objetivos de este libro continúa siendo evitar esa desmemoria.
Después de publicada la Primera Edición del Catauro (año 2005), daba la impresión de obra escrita por un solo autor. Gerardo Chávez Spínola, en una entrevista explica este fenómeno:
“Solo cuando tuve el libro publicado en las manos, supe por qué, en realidad, daba esta impresión de obra escrita por un solo autor. Definitivamente, alguien o algo, llevó las riendas desde el principio hasta el final, por encima de toda divergencia, limitaciones materiales y dificultades subjetivas. No me refiero a nada sobrenatural. Creo que una vez tomado el rumbo, ese inefable misterioso e intangible imaginario colectivo, guió estas cuatro manos, acopló estos dos modos de pensar tan diferentes y brindó coherencia e inspiración a la Obra. Por eso digo siempre, que esta es una obra creada por millones de cubanos a través de cinco siglos. O lo que es igual, un solo autor: el imaginario colectivo cubano.
La principal dificultad era que estábamos trabajando con mitologemas. Muchas de las entradas léxicas se encontraban cargadas de un fuerte contenido semiótico y nos dimos cuenta que debíamos ser muy cuidadosos a la hora de describir a estos Seres en los artículos, para que este contenido no fuera distorsionado, ni contaminado, ni transfigurado, para que este mensaje llegase al lector en toda su originalidad y cubanía, dotado con el mejor entendimiento.
Entonces, el asunto se reducía a escribir con palabras sencillas, pero capaces de llegar más allá de la simple anécdota, acoplarse a cualquier línea de pensamiento y conquistar cualquier cultura. Palabras que pudieran deslizarse sin agresividad ni menoscabo, de un entendimiento a otro. Por sobre todas las cosas, palabras que no interfirieran, ni empañasen el contenido del mensaje que portaba cada símbolo. Así como también, debíamos cuidar de mantener en todos los casos, esta particular reciprocidad entre la unidad y la multiplicidad; entre lo particular y lo general, que viene a ser la médula de ese inconsciente colectivo.
En este diccionario aspirábamos a que se percibiera esta memoria representada en estos Seres, como el manantial caudaloso de un imaginario que fluye inagotable. Teníamos la intención de causar en los lectores la misma impresión mágica que tuvimos nosotros al descubrir ese universo de la mitología cubana, de manera que: al adentrarse en cada uno de estos términos, perciban cómo se abren puertas sin cesar, que conducen a otras puertas y sus interconexiones. Cada uno de ellos ofrece lecturas a diferentes niveles, presenta divergencias y contradicciones. Lo más difícil ha sido no eliminar nada en función de ideas preconcebidas. No conceder primacías, ni a unos, ni a otros. Esto fue absolutamente necesario para darle algún orden a toda esta complicada madeja, y a su vez, respetar los mensajes implícitos en cada uno de los símbolos en que se convierten estos Seres.
En no pocas ocasiones tuvimos que convertir narraciones demasiado secas, en escenas más atrevidas, con un poco más de vida. Había que releerlas muchas veces para darse cuenta si la esencia se conservaba o no. Si las palabras eran las adecuadas, o los escenarios apropiados para estos personajes.
Si el humor, el amor y el misterio prevalecieron a lo largo y ancho de toda la obra, no fue tanto por el ingenio y la capacidad de los autores, sino por la manera que tenemos los cubanos de enfocarnos en las causas y azahares de nuestra cotidiana existencia, desde que hace siglos llegamos, desnudos de pesares los primeros, a este archipiélago.
Finalmente, después de compilada la Obra, se percibe que desde la primera lectura, afloraban algunas tesis novedosas, pues al adecuarse cada mitologema al entorno cubano, brindaba matices de peculiaridad insospechada, que podrían convertirse en temas de investigación poco recurridos. Cada uno de estos temas ofrecía interesantes posibilidades para un ensayo. Poco a poco he venido tratando sobre estos, de manera abreviada en algunos artículos y afortunadamente, ya varios escritores están motivados a trabajar en éstas líneas de investigación” [sic].
Siempre hay al escribir, una retención de las ideas. Nadie piense que ha sido tarea fácil, tratar de confinar al limitado espacio de un diccionario, esos tesoros de la memoria colectiva que históricamente se han trasladado al vuelo de la palabra, que es como el vuelo azaroso e inestable de la mariposa. Cuando en este retener, hay un salvar de la evocación que el viento del olvido tiende a llevarse, hay también liberación. Porque en estos mitos y leyendas que viajan al vuelo frágil, se encuentran las verdaderas raíces culturales de un pueblo. Tratar de conducirlas en reconciliación hacia lo perdurable, ha sido intención y oficio de quienes se atrevieron a enfrentar tal reto.
Así, más o menos, se hizo el Catauro de seres míticos y legendarios en Cuba.
