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El arte de la seducción 
Alberto Garrandés | 10 de diciembre de 2004
Junto a la obra de Hernández Catá, que nos hace pensar siempre en un desborde sistemático y explosivo a causa de la multitud de sus intereses y la diversificación de su cronotopo, se encuentra la intensidad cautelosa de Miguel de Carrión, en cuya obra nuclear, constituida sobre todo por Las honradas, de 1917, y Las impuras, de 1919 (novelas a las que habría que adicionar algunos cuentos), tenemos un ejemplo de concentración de las marcas de su estilo.
El gato de Baudelaire 
Alberto Garrandés | 03 de diciembre de 2004
El horror del gato empieza en Poe, el escritor donde la narración breve se hace artefacto moderno a partir de un imaginario borboteante del cual se nutren varias estéticas. Hernández Catá reformula en su cuento las tipologías de la alucinación vinculadas al sexo, la fe, la noción del bien como baluarte interior y la presencia del mal.
El estilo de Poveda (reflexión en dos partes).Cuerpos resplandecientes en la noche 
Alberto Garrandés | 26 de noviembre de 2004
Estos desbordamientos de la mirada que nace en el sexo, y que radicalizan la enunciación por medio de un estilo capaz de multiplicar el sistema de connotaciones del texto, suelen ser únicos y más o menos irrepetibles en una literatura —la cubana— menos apegada a las modas estéticas que a los reclamos de tipo sociocultural. De hecho no se repitieron. No hubo otro Poveda.
El estilo de Poveda (reflexión en dos partes). Primeras situaciones “extrañas” 
Alberto Garrandés | 19 de noviembre de 2004
Observado desde cierto punto de vista, el fiasco de Werther, con su pistoletazo a cuestas, no habría sucedido en la época vanguardista. Pero, incluso, el arrebato y la protesta wertherianos desdeñan la provisionalidad del libertino, que es un ser tan históricamente dieciochesco como Werther, aunque, a diferencia del personaje de Goethe, florece en la diacronía y la velocidad de movimientos.
La épica extraterritorial del deseo 
Alberto Garrandés | 12 de noviembre de 2004
Hay muchos sobresaltos que intervienen en la historia cubana de una sensibilidad inmersa en nociones tan plurívocas y ambiguas como deseo, amor, cuerpo, erotismo, simulación, crueldad, coito y placer, entre otras.
El voyeur 
Alberto Garrandés | 05 de noviembre de 2004
Un voyeur... ¿qué es un voyeur? Criatura de la curiosidad y la avidez, sujeto lleno de palabras, el voyeur entra en un baño público después de haber visto cosas que incendian su imaginación; invade, al aposentarse en ese baño, un sitio donde la paradoja del locus solus se resuelve en huellas ajenas a la intimidad, en señales que son escrituras semejantes a palimpsestos. El voyeur no “tiene” un texto, no es textualización.
La humedad del discurso 
Alberto Garrandés | 04 de noviembre de 2004
A excepción de algunas escrituras que corroboran la vacilante densidad fonocéntrica del erotismo, de sus afinaciones posibles en tanto asunto per se (transitable como parcela autónoma), el suceso de la erótica narrativa en las ficciones cubanas de la contemporaneidad deviene un dilema estético circunstancial. Sin embargo, aun cuando esa condición deja presumir que no se trata de un asunto situado en el primer plano de las preocupaciones artísticas, o, para ser más exacto, un asunto cuyo tratamiento aflora tan sólo en textos exploradores de la intimidad del sujeto, sus neurosis, su encrespada formación, no es menos cierto que el erotismo —su imagen narrativizada, sus pormenores dentro de la lógica del relato— se transforma al cabo, por suspensión o por saturación, por escamoteo o por ofrecimiento, en un asedio lleno de atractivos.
Hacia un epílogo de los años sesenta 
Alberto Garrandés | 28 de octubre de 2004

Toca a su fin este recorrido por los núcleos, los paradigmas (hegemónicos o no), las tendencias básicas y los textos significativos (por una u otra razón) de la narrativa cubana durante los años sesenta. Y es preciso que mi viaje, terminado ahora, se detenga con palabras de índole epilogal.

El Delphi desciende a los infiernos 
Alberto Garrandés | 21 de octubre de 2004
Las antiutopías que se escriben aproximadamente desde fines de la Segunda Guerra Mundial, y que revelan la existencia de ciertas ucronías, son, por lo general, documentos capaces de testificar la complejidad del pensamiento en torno a los poderes representacionales del lenguaje en la baja modernidad y en el ámbito cultural de la posvanguardia.
Fray Servando 
Alberto Garrandés | 14 de octubre de 2004
Cuando la editorial mexicana Diógenes publicó en 1969 la segunda novela de Reinaldo Arenas, El mundo alucinante, algo sucedió (o debió de suceder) en el contexto de la narrativa cubana de aquellos años. La aclaración entre paréntesis se funda en una circunstancia ineludible: la lectura de la novela, siempre en ediciones extranjeras incluso hasta hoy, constituyó un proceso de aplazamientos, de retardos, de encuentros y desencuentros marcados por la suposición y el aislamiento. Usualmente se ha tratado de una recepción anómala, irregular, agravada luego por la estigmatización de Arenas y de algunos libros suyos dados a conocer con posterioridad a su radicación en los Estados Unidos.
 
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