(sobre Edelmis Anoceto, otra vez)

(Fragmentos sobre la presencia de los cuerpos LGBTI en el cine)
María Elena Llana ha intervenido en un mundo que la mente reordena y evoca para transformarlo en visibilidad y ensueño. Y esto sólo puede hacerlo quien escriba con eso que se llama maestría.
El cuerpo queer, sobre todo en el audiovisual de los últimos treinta años, se constituye en el vestíbulo de la ampliación —muy agónica por parte de los binarismos sociales preestablecidos— del concepto de lo humano.
María Elena Llana es la autora de uno de los libros más afortunados entre los que aparecieron en Cuba durante la década de los ochenta, un libro que probablemente sea ya, a estas alturas, una de las colecciones más importantes de la historia del cuento cubano
El amor persiste. A pesar de las asperezas de la crueldad, a pesar del desamparo que provoca lo enigmático, a pesar del dolor, y a pesar de la indeclinable extrañeza de la vida.
En esa obra de Vieta, que apuesta por una poética que siempre fue suya, lo inmediato-reconocible se ausenta de un modo radical. Vieta está describiendo la tragedia de un artista en un contexto universal, mítico, zafado de los referentes nacionales
Lina de Feria va de la testificación del instante más efable, más descriptible, al símbolo que se llena de misterios, o de cosas que no pueden expresarse porque el lenguaje aún no ha llegado ahí, por así decir.

¿Y Soler Puig? Se lo vincula, con toda razón, a la vida y la historia de una ciudad, al fervor revolucionario, a la exaltación de un provincianismo maleable, pero en rigor él es eso y mucho más
En la novela El tigre y la mansedumbre se habla del mero existir en tanto costumbre (entre falaz y aceptable) del viaje hacia el yo, transfigurado por la atmósfera corrosiva de la cultura.